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LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN

El encuentro

En esta festividad de la Asunción celebramos el encuentro de la Madre  con su Hijo Jesús en el cielo. Es la gloria y el triunfo de su resurrección. Si la resurrección es la misma que la del Hijo, ¿Porqué decimos “en cuerpo y alma”, cuando no  formulamos así la resurrección de Jesús? Si Jesús, su Hijo, murió como todos los humanos, ¿Porqué de la Madre se dice “la dormición” y no “la muerte”?

Este encuentro es el definitivo, anticipado de algún modo por el que tuvieron el día de Pascua. Éste, todavía desde la fe, abría ya la gloria de la eternidad para ambos, pero ella quedaba aún en la tierra para presidir y estimular la misión de los primeros testigos del Resucitado. Pascua fue para María el día de su iluminación, porque entonces comprendió a su Hijo, entendió su mensaje y se descubrió a si misma en profundidad. Alcanzada su plenitud de Madre al terminar su proceso de fe y su compromiso misionero en la tierra, resplandece hoy con toda su gloria y dignidad.

 

Madre de la Iglesia

Terminada su vida mortal, María inicia desde el cielo un nuevo aspecto de su maternidad, la que ´su Hiojo y el Espíritu Santo le otorgaron como Madre de la Iglesia y de todos los hombres. Algo parecido sucede con todas las madres, aunque en un círculo más restringido: cuando fallecen, inician en el cielo su última misión, la de seguir amando junto a Dios a sus hijos con mayor intensidad y desvelo.

María y los discípulos de Jesús necesitaron unirse en comunidad para ir digeriendo el mensaje y contagiarlo luego al mundo. Después de Pascua comenzó para la Madre  su misión más fecunda, la de Madre de la Iglesia.  “Se volvieron a Jerusalén desde el monte de los Olivos... subieron al piso superior donde se alojaban...todos ellos, con algunas mujeres, la madre de Jesús y sus parientes, persistían  unánimes en la oración”.  Hechos, 12, 14. Al llegarle la muerte, finalizó su misión en la tierra, como para todas las madres, pero sigue como hacen todas ellas, cuidando de todos sus hijos desde el cielo.

 

La tradición

La verdadera devoción cristiana a la madre de Jesús ha alimentado la misión de sus discípulos, el arte y la inspiración de artistas, poetas, músicos, pintores y escultores de todos los tiempos, con mayor o menor  fidelidad a la verdad de su persona y de su puesto en la salvación.

 Es rica y abundante la tradición religiosa escrita ya desde muy antiguo en torno a la muerte y glorificación de la Madre de Jesús. Un escrito apócrifo atribuido a san Juan evangelista describe detalladamente los acontecimientos que sucedieron alrededor de la muerte de la virgen María: Jesucristo notifica a su madre la fecha de su muerte, los apóstoles son avisados y todos comparecen milagrosamente; ellos le preparan y acompañan en los momentos de su dulce muerte; ella va respondiendo siempre con palabras de los evangelios; una procesión acompaña el traslado de su cuerpo a la sepultura; los enemigos de la fe cristiana que inician una persecución, acaban convirtiéndose  al evangelio...etc. cfr. Santiago de la Vorágine. La leyenda dorada. vol 1. pp. 477 – 487. En el misterio de Elche, declarado patrimonio de la humanidad, esta teatralidad medieval alcanza entre nosotros su máximo exponente.

 

Idolatrías

No siempre se ha entendido correctamente el puesto de María en el proyecto salvador de Dios. Su veneración por parte de muchos cristianos tiene rasgos idolátricos. Otros la separan en realidad de su Hijo, de su compromiso con el evangelio y se olvidan del proceso de fe en el que ella fue avanzando. Algunos caen en  un fetichismo enfermizo que ofende su dignidad de mujer y de Madre. La ignorancia tiene muchos efectos secundarios.

La corporeidad

 ¿Dónde reside nuestra “corporeidad”? ¿Subió la Virgen materialmente en cuerpo al cielo? ¿Qué significa la resurrección de la carne?

Nuestra corporeidad, por muy enferma que esté, está llamada a la transfiguración en el diseño de Dios.

 

Los humanos somos corpóreos como dimensión integrante y constitutiva de nuestro ser. Todos acumulamos experiencias y vivencias día a día a lo largo de los años en las que nuestro cuerpo siempre tiene parte. Vivimos “en” y “con” el cuerpo, pero si la mano saluda, la lengua habla, el ojo mira, etc. siempre es el “yo” personal e irrepetible que saluda, habla, mira, etc. Con la muerte, la mano, la lengua, el ojo, etc. se corrompen y desaparecen, pero este “yo personal e irrepetible” del que la corporeidad es esencialmente constitutiva, sigue de este mundo hacia la eternidad, llevando consigo ( como en una mochila a sus espaldas...) todas las vivencias  de su corporeidad acumuladas a lo largo de los años. Subir a los cielos en cuerpo y alma es subir a los cielos este yo único e irrepetible, esta persona que, siendo corpórea no necesita tener siempre consigo su cuerpo.

Interpretan de otra manera nuestro último viaje al cielo. Depende de cómo interpreten las apariciones de Jesús Resucitado en los evangelios.

Sugerencias

Muchos  sufren violencia en su cuerpo: las torturas, el hambre, la ablación en el mundo islámico, los trabajos forzados, sobre todo de niños, los presos políticos, tantas consecuencias  de las guerras, los campos de refugiados, la prostitución, etc. Oremos por ellos y luchemos en contra.

Llorenç Tous