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NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (B)

   La Importancia de este santo es tal, que su celebración litúrgica se antepone a la del domingo. El pueblo cristiano lo ha entendido dedicándole iglesias, pueblos, comunidades y tradiciones.

 

·      Estuvo dotado por Dios de abundantes dones para que cumpliese la misión de preparar la venida de Jesús, el Mesías, el Salvador del mun­do.

 

·      Además de estar emparentado con Jesús, estuvo tan unido a su persona que, antes de nacer, acusó su cercanía saltando de gozo en el seno de su madre al entrar en su casa la otra madre, la del Salvador.

 

·      Aprovechó esta fina sensibilidad para anunciarlo más tarde a todo el pueblo de Israel: ”Ahí está el cordero de Dios, que quita en pe­cado del mundo”. Juan 1, 29.

 

Con su predicación de conversión a la justicia, a la honradez y a la soli­da­ri­dad, preparó al pueblo para recibir al Hijo de Dios. Para ello recibió de Dios una experiencia única, la que le permitió conocer a Jesús como el que su­pe­raba toda la antigua alianza de Moisés con Israel porque daría el Espíritu Santo.

 

Tenía claro que “yo no soy el Mesías, sino que me han enviado por delante de él… él debe crecer, yo disminuir”. Juan 3, 28.30. Fiel a su misión, provocó que entre los que escuchaban su predicación, surgiesen en­tu­siastas seguidores de Jesús, que decidieron buscarle y quedarse con él. Cumplió así su servicio; si la obra de Jesús con nosotros puede definirse co­mo una relación de amor, como la de un cierto matrimonio, el papel de Juan Bautista fue el del “amigo del esposo, que se mantiene a su lado y lo oye, siente gran alegría por la voz del esposo”. Juan 3, 29.

 

No obstante, a pesar de estar tan cerca del Enviado de Dios, de haberle mostrado al pueblo y de haberse jugado por él la vida, estando en la prisión, experimentó la durísima prueba de la duda. Jesús no respondía a sus expec­tativas; la bondad y la acogida del mensajero del Reinado de Dios no coin­cidían con el rigor del juicio divino que Juan había anunciado. ”Juan se en­teró en la cárcel de las obras que hacía Jesús y mandó dos discí­pulos a preguntarle: -¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro?”. Mateo 11, 2. En la soledad de la cárcel, poco antes de ser condenado a muer­te por la amante del rey Herodes, Juan sufrió la crisis más dolorosa, la que le hacía dudar de si toda su misión cumplida ya, hubiera sido un auto­engaño. Pero Jesús no le dejó solo, sin rebajar la verdad, le confirmó, le mos­tró hasta dónde llegaba el amor de Dios y le llenó de fortaleza hasta su muerte.

                                  Llorenç Tous