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SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 2015

Hoy es un día muy oportuno para proclamar en las iglesias y en los cementerios que ”el cielo existe” y que está muy poblado, como dice el Apocalipsis, “una muchedumbre inmensa que nadie podía con­tar”. 

Esta verdad fundamental de nuestra fe, feliz consecuencia de la otra aún más importante que es la Resurrección de Jesús, no ha sido su­fi­cien­temente integrada en la religiosidad popular. San Pablo nos lo de­jó escrito con palabra de Dios: “Cristo ha resucitado, primicia de los que han muerto”, 1 Corintios 15, 20. Ésta es la gran verdad que he­mos de proclamar y vivir como brújula y consuelo. 

Una mayoría de cristianos se contentan con apuntar hacia la moral de la Iglesia, frecuentan su culto y hoy rezan por sus muertos entre flo­res y lágrimas. Son pocos los que levantan de verdad sus ojos al cielo con la seguridad que nos da la fe de que “el cielo existe”. 

Esta fe se fundamenta en el don de la vida recibido de Dios. Nos la dio para siempre como afirma Jesús: “Quien cree tiene vida eterna”, Juan 6, 47. Una parte de ella la vivimos con y desde el cuer­po, pero sigue nuestra persona, don de Dios, después de la muer­te. Sigue no sólo la vida, sino que en el plan de Dios comienza su segunda parte, gloriosa, infinitamente superior, gracias a la salva­ción que el Padre ha querido regalarnos por medio de Jesús. 

Por la fe y el bautismo entramos en la salvación. No la merecemos, pe­ro Dios no se mueve por nuestros méritos sino desde su gran bon­dad. Quiso incluirnos en su familia por medio de Jesús, nuestro her­mano mayor: “Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha ma­ni­fes­tado lo que seremos”. 

“El cielo existe” es la verdad fundamental de nuestra fe. Creerlo sin­ceramente es tan difícil y tan fácil como creer en Dios. Está en el mis­mo proceso de aceptar o no que más allá del tiempo y lugar y también en el tiempo y lugar, existe otro nivel, otra manera de ser y es­tar: la de Dios; en ella está ahora Jesús resucitado y con él los resu­citados después de la muerte, también los “nuestros tan queridos y tan recordados hoy”. Esta fe nos da el sentido de la vida, de la muerte y del cielo. “Seremos semejantes a él porque lo veremos tal cual es”. Creámoslo, se nos cambiará la vida, la muerte y la eter­­nidad.

 

Llorenç Tous