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CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

 

A impulsos de la fe subimos hoy hasta el cielo para encontrarnos con los que ya gozan de su plenitud en Dios. Hoy es un día de fiesta por el triunfo de to­dos los que, unidos a la resurrección de Jesús, están con Él en el cielo. Junto al buen ladrón que lo estrenó junto a Jesús agonizante en la cruz: “Hoy estarás con­­migo en el paraíso”. Lucas 23, 43. Meditemos ese “hoy” de tantos, tam­bién de los   nuestros que nos acompañan con su amor y su intercesión. Su muer­­te nos dejó conectados con la eternidad dichosa junto a Dios.

El cielo junto a Dios, existe, es un estado de plenitud, misterioso, pero real. Je­sús nos ha revelado aspectos de él cuando pedía antes de morir: “Yo voy ha­cia ti, Padre santo… quiero que estén conmigo… para que contemplen mi glo­ria”. Juan 17, 11.24.           

“Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado”

Este es el fundamento de nuestra fe, la resurrección de Jesús. De esta verdad se habla poco, pocos la creen y muchos se quedan a mitad de camino con sus du­das, miedos y prácticas religiosas que no llegan a integrar con fe.

No resucitó el alma de Jesús, sino su  persona completa. Nuestra resurrección fu­tura, como la de nuestros difuntos, no es sólo del alma , sino de toda la per­so­na, como fue la resurrección de Jesús. No se trata de “la inmortalidad del al­ma”;  en el cielo no hay almas ni ánimas, sino personas.

Nosotros no somos sólo nuestro cuerpo; la vida que Dios nos dio como regalo pa­ra siempre, mantiene nuestra identidad y no acaba con el cuerpo, sigue pa­ra siempre. Esta gran verdad, tan hermosa y consoladora, no ha entrado to­da­­vía en la religiosidad popular, hoy es un día oportuno para conocerla, cre­erla y gozarla.           

Llorenç Tous