por Ricardo Ramos Carrique, Párroco de Valldemosa, Capellán de la Policlínica y de la R. de La Bonanova
Palma, 10 de enero de 2008
En vez de colocar monigotes y realizar otras gamberradas frecuentes el 28 de diciembre, valdría más ponerse serios y lamentar la muerte de tantos inocentes que perecen víctimas de la violencia de sus semejantes.
Las generaciones de veinte siglos se han horrorizado al leer el segundo capítulo del Evangelio de San Mateo y ver la crueldad del rey Herodes al matar a todos los niños de Belén y su comarca de dos años para abajo. Y sin embargo, aquello fue una nadería en comparación con lo que está sucediendo hoy con el tema del aborto. Es por esta razón que las asociaciones pro-vida han querido convocar una manifestación de protesta contra el aborto coincidiendo con esta fecha. Y no hay para menos, pues según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, el número de abortos realizados en un solo año en España en centros públicos o privados fue de 84985, dato al cual habría que sumar los cometidos por procedimientos farmacológicos como por ejemplo las llamadas “píldoras del día después” que algunos creen anticonceptivas, cuando son claramente abortivas.
En el proceso evolutivo desde la fecundación hasta el nacimiento no se pueden poner plazos de tiempo que distingan la posibilidad ética de abortar, pues científicamente es innegable que la vida humana empieza desde el mismo instante de la concepción, y por eso la moral rechaza cualquier posible ataque contra esa vida.
Herodes tenía razones por las que matar a aquellos niños judíos, pues no quería que le quitaran el trono como creía erróneamente que iba a hacer Jesús. Pero no caben argumentos que puedan justificar lo que intrínsecamente está mal. Los abortistas también buscan razones, pero ninguna convincente:
1- Que la madre haya sido violada no permite matar a un ser humano que no tiene culpa de lo que ha ocurrido.
2- Que existan taras físicas o psíquicas en el feto no puede ser admitido como motivo, a no ser que queramos imitar a aquellos espartanos que desde lo alto del monte Taijeto arrojaban a los niños que nacían con minusvalías.
3- Que haya peligro para la vida de la madre, es un caso muy poco frecuente con los medios de que hoy dispone la medicina, pero aún dándose esa circunstancia tampoco es razón para abortar, pues la madre heroica es la que arriesga su vida por salvar al niño, no la que mata a su hijo para salvarse ella de un posible riesgo.
4- La protección de la salud mental de la madre es un cajón de sastre, como hemos visto en recientes procesos judiciales, que no merece muchos comentarios, pues parece una de las mayores muestras de hipocresía de la ley del aborto.
Ante este panorama, no me sorprende que recientemente, los medios de comunicación hayan publicado que es difícil encontrar médicos que quieran abortar, ya que este hecho demuestra que los partidarios del aborto no son tantos como algunos dicen, y que la inmensa mayoría de los médicos son lo que son por vocación de curar, de dar salud, de defender la vida, no de matar.
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