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21º DOMINGO ORDINARIO (B)

“¿También vosotros queréis marcharos?” Simón Pedro le con­testó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tu tienes palabras de vi­da eterna; nosotros creemos y sabemos que tu eres el Santo con­sagrado por Dios”.

Estamos emplazados a tomar una decisión por la que nos definamos an­­te Jesús. No es lo mismo que tomar una decisión ante la Iglesia y las prácticas religiosas cristianas. Tampoco se trata de separar la Igle­­­­sia Católica de la persona de Jesús, sino de tener clara la dife­ren­cia.

Porque seguir practicando lo que tradicionalmente se entiende por fe cris­­tiana, como ir a misa y recitar en ella el Credo, no siempre supone un encuentro con Jesús ni un seguir sus pasos. Muchas veces es una ru­­tina que de hecho no cambia la dirección de la vida hacia Jesús.

Pedro tomó la decisión ante la que Jesús le emplazó, después de es­cu­­­char su mensaje sobre el pan de la vida que es su propia carne. Pedro se definió con fe, después que los judíos se definieron como in­cré­­dulos y abandonaron a Jesús.

 

Una situación parecida

Crece entre nosotros la increencia. Muchos no quieren pensar. Por desgracia no faltan acciones que sitúan a la Iglesia Católica en descrédito; por si fuera poco, hay maneras de vivir la fe cristiana que sirven de vacuna en contra. Acercarse al misterio supone entrar dentro de uno mismo y buscar, cosa desconocida para muchos.

El ajetreo de la vida moderna, la intensidad informativa sin criterios desinteresados, las penurias económicas de muchos, la escasez de guías religiosos y de profetas, crean una situación general que conduce a la huída de todo lo profundo, a la superficialidad y al vacío.

 

“¿También vosotros queréis marcharos?”.

“Marcharnos”, sería seguir con una fe que no influya en la vida per­sonal porque sólo se alimenta de prácticas externas que no cambian el corazón.

“Marcharnos“, sería seguir frecuentando la iglesia sin estar al lado de los que sufren, sobre todo a causa de la crisis actual, sin compro­me­ternos de algún modo con ellos.

“Marcharnos”, sería no buscar a Jesús personalmente poniendo me­dios para conocerle, descubrir su misterio, su mensaje y su persona.

 

Retos y respuestas

En estos tiempos recios los sabios y los místicos pueden y deben salvarnos de la sequía espiritual y del cansancio. Los pobres, tantos y de tantas clases, son profetas que nos lanzan los gritos de Dios a los que tenemos los oídos abiertos. Nos descubren las incoherencias, exi­gen conversión y nos empujan a ella. Son los insobornables men­sa­jeros de Dios. Ojalá el Año de la Fe despierte el hambre de Dios a tan­­tos moribundos en el espíritu.

Otro reto es la ignorancia de tantos que viven en la herejía del do­ce­tis­mo porque no se asomaron al fondo de la encarnación, del Dios he­cho “hombre”. Su visión de Jesús no es la del evangelio, sino una fil­tración desde su postura interesada e ignorante ¿podremos abrirles los ojos?

Otro reto es la incoherencia de los cristianos sin compromiso, las víctimas de un sistema sacramental puramente sociológico, que no exige ni fe ni conversión a Jesús y a los pobres.

 

“Nadie puede venir a mi, si el Padre no se lo concede”.

Estamos ante una obra del Espíritu de Dios en nosotros. Pongamos cada uno lo mejor de nosotros mismos y esperemos que el Espíritu santo fecunde nuestro esfuerzo.

 

                                                                      Llorenç Tous