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19º DOMINGO ORDINARIO (B)

Comentario al evangelio: Juan 6, 41-52

 

El ejemplo de Elías (1ª lectura)

“Entonces se alzó como fuego un profeta cuyas palabras eran hor­­no encendido… ¡Qué terrible eras, ELÍAS!, ¿quién se te com­para en gloria? Tu resucitaste un muerto…ungiste reyes ven­gadores y nombraste un profeta como sucesor”. Eclesiástico 48, 1-8.

La vida del profeta Elías, mencionada en la primera lectura, nos sirve de introducción al evangelio de hoy que sigue tratando de la eu­ca­ris­tía como alimento:”Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

En el monte Carmelo defendió Elías al Dios verdadero frente a los sa­cer­dotes idólatras de Baal; por eso la reina Jezabel, que favorecía a los idólatras, persiguió a muerte a Elías.  Esta reina hizo matar al po­bre Nabot, para que su esposo, el rey Ajab, pudiese robarle la pe­queña viña y así ampliar la suya. Elías también se enfrentó con el rey ase­sino y ladrón.

Con sus violentas experiencias frente a los poderosos, Elías tuvo una mi­sión superior a sus fuerzas; cansado de luchar, cayó en depresión y, hastiado de la vida, huyó de la ciudad, se fue al desierto y pidió a Dios la muerte.

Estado al límite de su vida, Elías recibe un pan y una bebida que le in­vierten el sentido del camino: su huida del mundo, después de este ali­mento será un camino de ascensión hacia el monte de Dios  que duró cua­renta jornadas de camino. En la cumbre y des­pués de larga espera, escuchó allí el mensaje de Dios que le mandó de­sandar el camino y volver a los conflictos de la sociedad y a seguir la historia. Elías tendrá que un­gir reyes y transmitir su espíritu al profeta Eliseo.

 

Los tiempos se repiten

Como en tiempos de Elías, por ignorancia o por intereses incon­fe­sa­bles, abunda hoy la idolatría. La idolatría intenta cubrir con apa­rien­cias religiosas una política de intereses no evangélicos, ignorancias, co­modidad o miedos. Lo que debería ser fe en Jesús se suple por una reli­giosidad evadida de la realidad, cómoda y rutinaria, que a nada com­promete. En cambio los que intentan volver a Jesús y seguirle  con valor y coherencia, sufren soledad y hasta persecución.

 

 

Eucaristía es verdadera unión con Dios

No podemos conocer a Dios, si sólo lo tratamos como objeto de re­flexión; para acercarnos a Él, necesitamos una relación personal con Él que nos abra a su misterio y nos trascienda. Esta relación la esta­blecemos en la eucaristía por la sangre de la nueva y eterna alianza, la sangre de Jesús.

Derramando Jesús su sangre en la cruz, demuestra su entrega total hasta la muerte. Al recibirle nosotros inmolado en la eucaristía, acep­tamos su amor sin límite. Recibirle así entregado hasta la muerte y resucitado, exige de nosotros una manera nueva de vivir. La novedad está en entregarnos como él al bien de los demás; su Pan nos fortalece para ello y su sangre nos estimula y nos confirma en ello, porque hace firme y definitiva nuestra relación con el Padre.

 

La eucaristía es el alimento de los amigos de Jesús

En este “pan que baja del cielo” tenemos el alimento que reju­ve­ne­­ce, mantiene nuestro tono vital y nos equipa para iluminar, trans­formar y salvarnos de la corrupción y la mentira.

Para que este Pan nos alimente, hemos de comerlo con hambre y di­ge­rirlo con oración y gozosa alabanza. Su fuerza exige y posibilita el com­promiso, en cambio la rutina, la ignorancia y la inapetencia neu­tralizan su eficacia.

Las actuales batallas por el Reinado de Dios, la defensa de los pobres, la lucha por la justicia y la solidaridad, causan fatigas y cansancios, pero también despiertan el hambre, el crecimiento y el gozo de vivir. Trabajar por la causa del hombre, de la verdad y de la justicia en sus múltiples formas, es trabajar por el Reinado de Dios. Como hizo Jesús.

 

Llorenç Tous