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13º DOMINGO ORDINARIO (B)


Comentario al evangelio: Marcos 5, 21-43

  • Sobre el fondo de la vida de los dos grandes profetas Elías y Eliseo (2 Reyes 4, 25-37;  1 Reyes 17,17-24), el evangelista nos transmite la revelación de Jesús. Según estos textos, aquellos dos profetas realizaron cada uno el milagro de resucitar un muerto.
  • Jesús recoge y supera la actuación de los profetas que le precedieron, para llevar a término el proyecto salvador de Dios. La experiencia pascual de la comunidad cristiana manifestó a sus discípulos la gloria de Jesús, como vencedor de la muerte y testigo del amor del Padre.
  • En concreto este evangelio nos presenta dos casos de extrema necesidad. La muerte había entrado en casa del jefe de la sinagoga para llevarse consigo a su hija de doce años. Doce años llevaba también una mujer enferma padeciendo y gastando con médicos  inútilmente.
  • La salvación que Jesús regala a ambas, va precedida de una admirable fe. El padre de la niña confía en Jesús y le pide que entre en su casa: “Se echó a sus pies, rogándole con insistencia”. La otra mujer tiene que sacar todo su ingenio para acercarse a Jesús sin ser vista, para evitar que Jesús quede contagiado de su  impureza. “Acercándose por detrás entre la gente, le tocó el manto”.
  • En ambos casos Jesús es muy complaciente, acude sin hacerse rogar y transmite con abundancia la vida que rebosa en su interior. La fe de sus pacientes es la que permite que el caudal de gracia y de vida que el Padre ha depositado en su Hijo para nuestra salvación, se comunique generosamente. Cuando Dios da, no es escaso, dice un proverbio castellano. La libertad de Jesús rompe y supera las estrecheces de la Ley de Moisés,  que no permitía contacto alguno con aquella mujer enferma. No sólo se deja tocar, sino que deja fluir instantáneamente la salud por sólo un leve contacto con la punta de su manto.
  • Para que nosotros experimentemos con la misma abundancia la salvación  que Jesús resucitado puede darnos, necesitamos tener la misma confianza en Él que tuvieron esos testigos de su bondad. Las situaciones extremas ayudan a buscar en Dios la salvación que los humanos no pueden dar. El dolor y la angustia, los trabajos del Reinado de Dios, la enfermedad,  la muerte y tantos otros momentos importantes de la vida, en los que hemos de emplear a fondo toda nuestra responsabilidad, son una ocasión excelente para experimentar que “Dios me escuchó, y atendió a mi voz suplicante”. Salmo 65, 19.

                                                       Llorenç Tous.