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RITO PARA APAGAR EL CIRIO PASCUAL (B)

Después de la postcomunión 
 
Hermanos y hermanas en la noche en la que dio vida e inicio el feliz tiempo Pascual, hace ya cincuenta días, en el momento de encender este cirio pascual, nosotros aclamamos a Cristo como nuestra luz. La luz del cirio pascual nos ha acompañado en estos cincuenta días y ha servido para que recordáramos la gran realidad del misterio Pascual.
 
Hoy en día, el día de Pentecostés, para cerrar el tiempo de Pascua, apagaremos el cirio, ahora somos nosotros esta luz de Cristo, también porque educados en la maestría de la escuela del Resucitado, nos hemos llenado del fuego y de los dones del Espíritu Santo, vivamos ahora esta, "Luz de Cristo", que como testigos suyos, irradiaremos como una columna de luz que atraviesa el mundo, entre los hermanos, para guiarlos en el éxodo hacia el cielo, la "tierra prometida" y definitiva.
 
Ahora vamos a ver, en el curso del año litúrgico, brillar la luz del cirio pascual, sobre todo en dos momentos importantes del camino de la Iglesia: En la primera Pascua que sus hijos vivirán con la recepción del bautismo, y en la última Pascua, cuando, la muerte, entrará en la vida verdadera. Pidamos al Espíritu Santo que su luz ilumine a los nuevos bautizados y que aquellos se pasaran a la patria del Padre puedan ser fundidos en la luz de la luz
 
Oración
 
Bendito seas Padre,
fuente y origen de toda luz.
Al contemplar las lumbreras del firmamento,
por medio de las cuales estableciste
la sucesión de las noches y los días,
te alabamos gozosos,
y recordamos tus prodigios en favor de tus elegidos.
Para liberar a tu pueblo de la esclavitud de Egipto,
lo guiaste a través del desierto
por medio de una columna de fuego y nube,
dándole luego posesión de la tierra prometida.

R. Gloria a ti por los siglos.

Ahora, en la plenitud de los tiempos,
por la muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Señor,
has liberado a la humanidad entera
de la esclavitud del pecado y de la muerte,
y nos has dado nueva vida a los que,
regenerados por las aguas del bautismo,
hemos sido incorporados en el reino de tu Hijo
y entrado en posesión de la luz verdadera.

R. Gloria a ti por los siglos.
 
Son estas maravillas de tu amor
las que conmemoramos en este cirio,
signo de Jesucristo vivo y presente en medio de tu pueblo.
Por eso, al participar de su luz en la noche pascual,
nos gloriábamos en Él, que ha vencido a las tinieblas,
y nos comprometíamos a ser sal
que conserva la alianza nueva, sellada en su Sangre;
luz que brilla ante los hombres y mujeres de nuestro tiempo;
testigos de tu amor en el mundo.

R. Gloria a ti por los siglos.

Y así, Padre, como en otro tiempo
tu pueblo liberado cantó la gloria de tu nombre,
nosotros, tus hijos, congregados por tu Espíritu
en la confesión de una misma fe,
te alabamos por tu gran misericordia,
mientras caminamos hacia la Jerusalén celestial,
donde resplandecerá la gloria del Cordero, lucero sin ocaso,
y habitaremos en la plenitud de tu luz.

R. Gloria a ti por los siglos.

Al que está sentado en el trono y al Cordero
y al Espíritu que está delante del trono,
la alabanza y el honor, la gloria y el poder
por los siglos de los siglos.
 
R. Amén.

Se apaga el cirio Pascual

Dignate, oh dulcísimo Salvador nuestro, Cristo, 
Luz de nuestras lámparas, 
que en tu templo refuljan constantemente alimentadas por ti, 
que eres la luz eterna, 
para iluminar los rincones oscuros de nuestra mente 
y sean expulsados lejos de nuestro corazón los males del mundo.
Haz que veamos, contemplemos, y deseemos amarte solo a ti. 
Que estemos siempre en tu búsqueda, 
tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.
¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!