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DOMINGO DE RAMOS 2016

“Si estos callan, gritarán las piedras”

Los reyes de Israel montaban en una mula 1 Reyes 1, 33, Jesús, en cambio, monta en una borrica, a usanza del pueblo pobre. No es un rey guerrero y violento, sino que entiende el servicio como lema de su Reino. Ya lo anunció el profeta. (Zacarías 9, 9).

Contrasta el estilo de Jesús con las espectativas del pueblo que quie­re ver en él la restauración de la monarquía de Israel y la li­be­ra­ción política de sus opresores, los romanos. Las masas ignorantes le han seguido de lejos y, a la hora de perfilar el compromiso, se han echa­do atrás. Los discípulos tampoco entienden del todo su pro­grama.

En su soledad silenciosa, seguro de su misión y fiel a su pro­yecto, Jesús avanza hacia Jerusalén, hacia la muerte que sabe inmi­nen­te. Es consciente de que sus enemigos se la tienen pensada y de­ci­dida. Por eso dormirá estos días no en Jerusalén, sino en casa de sus fieles amigos de Betania. Pero hoy avanza con valentía y liber­tad. Es coherente. Confía en la causa a la que ha dedicado toda su corta vida, el Reino de Dios. Confía en el Padre, aunque sienta de­­­bi­lidad, como hombre mortal que es. De ella serán testigos los oli­vos de Getsemaní. Con todos estos sentimientos encontrados, su en­trada en Jerusalén es una demostración de su libertad. ”Doy la vi­da, para recobrarla después. Nadie me la quita, yo la doy vo­luntariamente”. Juan 10, 18.

 

Los niños hebreos, llevando ramos de olivo…

 

Los niños este día son personajes muy importantes; junto al bo­rri­co, gritando su alegría y levantando ramos y trapos al viento, ador­nan la fiesta y la llenan de alegría. Son un cortejo digno de Je­sús. Los niños, ajenos a la malicia de los adultos, abren su corazón a la amistad y a todo lo noble. Jesús lo sabe y les quiere. En el centro, jun­to a Jesús, el borrico sigue a paso lento su camino. Hoy es una pie­za clave. Con él hoy todo lo humilde, simple y sencillo quedó en­sal­zado por el noble uso que de ello hizo el Maestro. “Contestaron: -El Señor lo necesita”. Era una orden.

 

Llorenç Tous

 


“LA PASIÓN SEGÚN SAN LUCAS”

 

El resumen de la pasión y muerte de Jesús, según nos la cuenta san Lucas, creo que está perfectamente descrito en el diálogo entre Jesús.

Después de tanto dolor y tan profundos mensajes de palabra y en silencio que nos ha ido dando Jesús, sus palabras de perdón re­su­men de hecho todo lo que ha predicado sobre el Reino de Dios. En ellas se refleja toda la misericordia de Dios, tan entrañable, tan sin­ce­ra y tan sencilla al mismo tiempo; sin ninguna exigencia previa, sin ninguna condición.

En primer lugar porque en ninguno de los dos quedan muchos alientos de vida, acaba su tiempo en este mundo. Pero sobre todo por­­que el penitente que implora perdón, está recibiendo anti­cipa­da­mente la transformación de su mentalidad ante el ejemplo del ino­cen­te Jesús. Es tan ejemplar su cambio que ojalá nos sirvan a todos sus palabras para irlas repitiendo muchas veces durante nuestra vi­da: “Jesús, acuérdate de mí”.

En este final se resume no sólo la pasión salvadora de Jesús, sino también como último testimonio, la confirmación de su doctrina. De hecho nos repite sin palabras, lo que dijo en la Última Cena: “Os he dado ejemplo para que hagáis vosotros lo mis­mo”. Una manera concreta de vivir este Año Jubilar de la mise­ri­cordia.

 La pasión de Jesús continúa hoy

“Sabemos que Cristo, resucitado de la muerte, ya no vuel­ve a morir, la muerte no tiene poder sobre él”. Romanos 6,9. Es fundamental partir de esta Palabra de Dios, para entrar correc­tamente en la Semana Santa, sin perder la perspectiva hacia la cual tiende toda ella, la Resurrección de Jesús y la nuestra con Él por la renovación de nuestro bautismo; la Vigilia Pascual es la meta de toda la Cuaresma.

Jesús continúa muriendo en todos los hombres y mujeres pri­va­dos de libertad, sin lo necesario para vivir dignamente, explotados, víc­ti­mas de drogas, guerras, torturas y opresiones. A los pobres del mun­do les toca sobrevivir, si no mueren antes, con su durísima cruz a cuestas. Ojalá tengan algún Cireneo a su lado. A éstos hemos de acom­pañar los que pretendemos ser discípulos de Jesús y testigos de su resurrección.

Llorenç Tous