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5º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

“Rema mar adentro…apártate de mi, Señor… no temas”

   La experiencia de Dios siempre nos trasciende. Él tiene la iniciativa, nos atur­de al desvelarnos su misterio a los mortales; su belleza excede nues­tra ca­pa­cidad, ante su luz cobran densidad nuestras tinieblas, pero Él nos for­ta­le­ce drásticamente. Elige, purifica, deslumbra y manda para sal­var. El ele­gido, transformado por la cercanía y la belleza de Dios, es fiel a la voluntad di­vi­na que se le va manifestando.

   Pedro tiene una experiencia del misterio de Jesús en su barca y la de sus com­pañeros, llenas de peces hasta rebosar, después de toda una no­che va­cía e inútil. Jesús le abre el sentido de todo diciéndole: “No te­mas: desde ahora serás pescador de hombres”.

   Pedro acaba de tocar el fondo de su miseria. Sus manos callosas aca­ban de pal­par su inutilidad y su impotencia ante la naturaleza caprichosa y rebelde. A continuación y sin salirse de las mismas aguas, al confiar ple­namente en la palabra de Jesús, contempla las maravillas de Dios re­fle­jadas en “las dos bar­cas llenas que casi se hundían”.

   Ahora Pedro comprende la distancia que le separa del Maestro y con­fiesa su pequeñez, hasta su pecado. “Apártate de mí, Señor, que soy un peca­dor”.

   Con palabras aparentemente contrarias, Pedro expresa el mismo sen­ti­miento: la atracción que ejerce sobre nuestra pequeñez la belleza de Dios; la que contempló este apóstol ante Jesús transfigurado:”Señor, qué bien se está aquí, armaré tres tiendas”. Mateo 17, 4.

   La fe nos permite contemplar aturdidos las bellezas de Dios que se re­fle­jan en nuestra historia personal y en la de tantos hermanos que desde los após­toles han seguido de cerca a Jesús.

   La gran enseñanza es que para hablar de Dios a los hom­bres, ne­ce­si­ta­mos que antes nos hable Él. Para escucharle de cerca ne­ce­sitamos la ora­ción contemplativa, la que calla y permite que su amor nos inun­de. Só­lo así podremos ser testigos de Él, testigos convencidos, alegres y con­tagiosos.

Llorenç Tous