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3º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

“Para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”

Lucas investigó cuidadosamente los hechos ocurridos en vida de Jesús, una historia que sigue dando sentido a la vida de los cristianos de su tiem­­po y de todos los tiempos. Por tanto en este Teófilo, al que dedica su es­crito, es­tamos todos nosotros, los que hoy celebramos esta eucaristía, y gracias a su libro, nos confirmaremos en la solidez de nuestra fe a lo lar­go de ca­da domingo.

“El Espíritu del Señor está sobre mi”  

Desde su concepción, pasando por su bautismo en el Jordán y por las ten­­taciones en el desierto, el Espíritu Santo ha ido conduciendo a Jesús, se­­gún Lucas. Ahora, al iniciar su predicación en público, también es el Es­­píri­tu Santo quien le lleva a Nazaret. Comienza desde abajo, desde lo más cercano e inmediato, desde su pueblo. No busca un lugar im­por­tan­te ni un au­ditorio numeroso.

Según Lucas, su programa cumple la misión anunciada por el profeta. Isaías 61,1-2; de los versículos que selecciona, evita el v. 2b : “el día del des­quite de nuestro Dios”, porque su programa pretende liberar a los po­bres, dar sentido a los ignorantes o descarriados, hacer justicia, dar es­peranza y alegría; suprime lo que pueda reflejar pena o castigo.

Sus paisanos de Nazaret se admiran de las palabras del ”hijo de Jo­sé”, vecino de toda la vida que ahora les habla con sabiduría. Sin embar­go su ad­­mi­ración se cambia en rechazo.”Todos lo aprobaban admi­ra­dos… lo sa­caron fuera de la ciudad…con intención de despeñar­lo… Ningún pro­feta es aceptado en su patria”.

La misión de Jesús está presidida por el Espíritu y se re­su­me en las múl­tiples manifestaciones del amor de Dios, del que Jesús es tes­tigo y he­raldo: consuelo, libertad, justicia, alegría, fiesta, renovación, uni­ver­sa­li­dad, abundancia, primavera universal. Leyendo todo el capítulo 61 de Isaías, del que Jesús selecciona unas palabras, podemos conocer el pro­gra­ma completo que Jesús se propone.

La situación del mundo y de nuestro entorno necesita con urgencia que no­sotros realicemos en él este programa de Jesús, dando buenas noticias a los pobres, liberando de esclavitudes físicas, sociales o culturales, abrien­do los ojos del corazón y de la mente con todos los trabajos y ries­gos que supone. Como Jesús hemos de presentar el Padre de la miseri­cor­dia y del perdón. Habrá que crear nuevas relaciones de convivencia, su­pe­rar falsas ideas de Dios para abrir los corazones a la alegría y la paz.

 

                                                                                 Llorenç Tous