Tornar al llistat

2º DOMINGO DESPUÉS NAVIDAD (C)

“La Palabra se hizo carne” 

En Jesús de Nazaret el Espíritu de Dios ha actuado con tanta riqueza y generosidad que sólo nuestra fe en Dios nos permitirá asomarnos al misterio de su persona. 

Esta fe requiere una apertura total y confiada, sólo así podremos reconocer en este hombre, con todo su normal proceso de crecimiento humano, al “Dios con nosotros” para salvarnos. Esta fe nos permite ver su gloria y contemplarla con embeleso. 

El amor de Dios que nos busca para ser el sentido de nuestra vida, se nos descubre en esta Palabra acampada a nuestro lado para siempre. Peregrinos, inseguros y débiles, pero estamos acompañados por Jesús con su vida, su cruz y su resurrección. Cayó misteriosamente en nuestro surco la bondad y la fidelidad de Dios y ha crecido entre nosotros el fruto de su gloriosa resurrección. Se acabó nuestra soledad errante, tenemos horizonte, meta y guía. 

“Hemos contemplado su gloria” 

Seguimos ante el misterio entrañable de Navidad, de Dios con nosotros. Hasta aquí era incompleta la revelación de Dios, no estaba madura la historia para recibir a Dios a lo humano; pero aunque nunca lo estaría, ahora Jesús ha puesto a Dios ante nuestros ojos. Su infancia, su mensaje, su fracaso en la cruz, su gloriosa resurrección, su Espíritu, ponen ante nuestra fe la condescendencia de Dios y su amor a nosotros. 

Desde el misterio de Navidad, el amor pone de manifiesto para todos los hombres quien es Dios para nosotros y quienes somos nosotros para él. “El favor de Dios se hizo visible, trayendo salvación para todos los hombres”. Tito 2, 11. 

Si el amor define a Dios de alguna manera, también el amor ha de ser el sentido de nuestra vida, en él está la plenitud de la ley y la revelación plena. Celebrar este misterio de amor alimenta nuestra esperanza a pesar del mal reinante en el mundo. De la generosidad de Dios y de su cercanía recibimos la fuerza para crecer en alegría, amor y servicio. 

Llorenç Tous