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32º DOMINGO ORDINARIO (B)

La fachada del templo de Jerusalén estaba decorada con una parra de oro macizo a la que se iban añadiendo constantemente racimos de oro con los donativos de los peregrinos judíos y de los devotos habitantes de Jerusalén. Esta fachada era admirada de todos. 

También lo sabía la piadosa viuda que Jesús alabó diciendo: “Ésta, que pasaba necesidad, ha echado todo lo que tenía para vi­vir”. ¿Habríamos dicho lo mismo nosotros de un mendigo que se acer­­case a nuestros comedores de Cáritas en las mismas con­dicio­nes? 

Dejando aparte la prudencia previsora, las palabras de Jesús alaban una actitud muy profunda a imitar: la ilimitada confianza en Dios. Aque­lla viuda tenía ante sus ojos la injusta y escandalosa distribución de la riqueza del templo, no obstante, contribuyendo a ella con una ayu­da que para ella era altísima, se queda en la más absoluta indi­gen­­cia. ¿Qué motivo puede tener que merezca la alabanza de Jesús? 

Sin saberlo, esta mujer queda asociada a Jesús muriendo en cruz en absoluta pobreza y soledad. Entra, como Jesús agonizante, en la ante­sala del Reino de Dios cuya llave está en las manos del Padre; el gra­do máximo de adoración, de confianza sin límites y de com­pro­mi­so con los valores del Reino son esta llave. La solidaridad, el servicio in­con­dicional y gratuito, la obediencia filial a la voluntad del Padre y la aceptación plena del misterio, están en la cumbre del encuentro per­­sonal con Dios. Jesús en la cruz bajó hasta lo más profundo de la po­breza para enseñarnos desde allí la verdadera riqueza. 

Como esta viuda del evangelio, Jesús nos descubrió otro paradigma de vida, más allá de la lógica de la razón, cerca de la fuente de la vi­da eterna de la que se alimenta el paraíso de los bienaventurados: los pobres, los desposeídos, los hambrientos, los misericordiosos, los lim­pios, los que hacen la paz. 

En nuestro camino hacia el encuentro personal con Dios de la mano de Jesús Maestro, la confianza ilimitada en Él nos da la fuerza para avanzar. Ella nos acerca a la puerta del Misterio y de la felicidad, se nos abrirá esta puerta cuando hayamos alcanzado la libertad plena. 

Llorenç Tous