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23º DOMINGO ORDINARIO (B)

     La manera como Marcos presenta aquí a Jesús, anticipa la misión del Reino que el predica; el Maestro está recorriendo tierras paganas muy alejadas del ambiente religioso de Jerusalén. Entre estas gentes Je­sús está creando un orden nuevo en el que los últimos y los más ale­jados reciben las primicias de las ventajas del Reino de Dios. Lo ha­ce además con gestos no sagrados sino más cercanos a la men­ta­li­dad de los poco iniciados en la fe, casi como los magos. ¿Qué tienen sus dedos para abrir la cerradura del oído y su saliva para desatar una lengua trabada? ¿Se adapta Marcos o su fuente literaria a la men­talidad rústica de ciertos oyentes?

     La escena y los gestos de Jesús son una composición con mensaje. Pa­ra abrirse a Dios y a los hombres, oyendo y hablando, se necesita si­lencio y soledad, lejos del barullo de las gentes. La comunicación sin­cera no admite trabas, necesita libertad. Para comunicar verdad, tie­ne que llevarla uno dentro y decirla sin condiciones. Para escuchar la verdad ha de estar uno abierto del todo, sin frenos ni halagos.

     El sordo mudo que presentan a Jesús para que le cure es un símbolo de la sordera de muchos, comenzando por sus inmediatos seguidores que todavía no habían entendido el sentido de la multiplicación de los pa­nes. Desde entonces hasta hoy siguen siendo muchos los que no cap­tan los mensajes de la realidad en los que está la voz de Dios. Su gri­to está en lo real, si no percibimos su voz, es porque nuestro oído es­­tá cerrado o embotado por ruidos que alguien manipula en función de sus intereses malignos. Éstos pueden ser también una creación de nues­tra cobardía, ignorancia o pereza.

     La saliva de Jesús brota de su fuente interior, la que el Espíritu Santo ali­menta en él, la que por eso cura eficazmente. Brota de él como un sus­­piro de oración intensa ante la realidad que contemplan sus ojos. En aquel suspiro expresa cómo ven sus ojos nuestro mundo y a ca­da uno de nosotros. Su capacidad curativa puede ser remedio a los ma­les del mundo y al aislamiento engañoso en el que a veces se en­cierran las personas. Jesús “todo lo ha hecho bien; hace oir a los sordos y hablar a los mudos”. Demos valiente testimonio con nues­tra vida de que esta verdad es actual.

 

Llorenç Tous