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21º DOMINGO ORDINARIO (B)

 

En esta última parte del discurso del pan de vida” Jesús ha plan­teado un reto a sus oyentes al hablarles de un nivel superior, al que es necesario subir para entenderle, algo imposible sin la fe. La ma­yoría de sus oyentes y discípulos, anquilosados en el judaísmo, eran in­ca­paces de fiarse de Jesús para descubrir el mundo del verdadero Dios, su Padre, el que de verdad es el que da el pan bajado del cielo pa­ra la vida del mundo”. Los judíos sólo se fiaban de Moisés; de él re­cor­daban el maná bajado milagrosamente del cielo para alimentar sus es­tó­magos, otro horizonte superior no les interesaba.

En el proceso de la fe se repite la misma dinámica: las sorpresas y re­tos de Dios en la vida son el estímulo del crecimiento personal que, sin la fe, sólo causan decepción y tristeza, en cambio, con la fe nos ca­tapultan hacia las alturas de Dios. Desde ella, como los as­tro­nau­tas, la tierra se ve desde otra dimensión, con su belleza y su pe­que­ñez flotando en una inmensidad infinita, la del amor de Dios.

Pedro dio el salto al fiarse de Jesús en nombre propio y de todos los que venimos detrás: “nosotros creemos”. Y se hizo la paz en el co­ra­zón de Pedro que se sentía pobre ante el misterio de Jesús de cuya cer­canía no estaba dispuesto a separarse. Hasta su muerte siguió apren­­diendo entre luces y tinieblas, éxitos e infidelidades, como to­dos. Acababa de jugarse la vida en una carta, fiándose. Acababa tam­bién de ofrecer al Maestro el máximo don del que su pobreza era ca­paz. Así seguirá siendo para todos el proceso de seguir a Jesús para aca­bar en la dicha pascual, como la de Pedro: ”Señor, tú lo sabes to­­do, tú sabes que te quiero”. Juan 21, 17.

También hoy muchos que se llaman cristianos, anquilosados en un sis­tema religioso que se alimenta de exterioridades, como el ju­dais­mo, al plantearles la conversión al encuentro personal con Dios, res­pon­den como aquellos judíos: “Este modo de hablar es du­ro”.

Pidamos al Padre que nos “atraiga hacia Jesús”; ”quien es­cu­cha al Padre y aprende, acudirá a mí”. Juan 6,45.

LL. Tous