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15º DOMINGO ORDINARIO (B)

   El evangelista Marcos nos sumerge hoy en la corriente de energía espiritual que nace en Jesús, recorre toda la historia de la Iglesia y llega hasta nosotros. “Llamó Jesús a los doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles au­toridad sobre los espíritu inmundos”.

   El objetivo de esta misión es el mismo que el de la suya: predicar la con­ver­sión, luchar contra el mal y curar. Provocar un cambio profundo, crear estra­te­gias contra el dolor, el hambre o la miseria moral y suavizar con el aceite del amor tantas heridas que sufrimos los humanos. En definitiva es iluminar las men­tes, estimular la esperanza y el crecimiento y practicar la misericordia. Un pro­grama que entusiasmará al que lo realice en nombre de Jesús.

   El método a seguir se inspira en la pobreza que hace libres, en la radicalidad que no admite rebajas y en la convicción profunda del mensajero que no cede an­­te los fracasos. La pobreza, la libertad y la convicción del mensajero van uni­das y se exigen mutuamente. Las tres nacen de Jesús como modelo contagioso del sentido de la vida que Él nos ha mostrado. La buena nueva de la trans­for­ma­ción que se obraba y sigue teniendo lugar en la vida de todo el que cree en Él, es la mayor riqueza, que relativiza todos los otros bienes. Este nuevo sen­tido de la vida pone orden en todo en función del supremo y absoluto bien que es Dios.

   El mensajero enviado no se apoyará en el poder ni en la fuerza que dan el prestigio, el dinero o los recursos humanos ( que los necesitará), sino en su experiencia personal de salvado y en la seguridad de que cumple una misión re­ci­bida de Jesús. Por eso le sobran “el dinero suelto en la faja o una túnica de repuesto”... Son detalles propios de los filósofos itinerantes estoicos, un po­co mejorados.

   Esta vivencia de la salvación llena de gozo al mensajero; por los oyentes quedarán interpelados. Podrán rechazar el testimonio del mensajero, pe­ro sabiendo lo que se pierden.

   Ante los fracasos de la misión, el mensajero no perderá su fe en el mensaje ni en el que le ha enviado, de modo que ante sí mismo confesará la validez de am­bos con el gesto propio de los judíos que, cuando dejaban tierra de paganos, ni el polvo de ella querían en sus pies.

¿Cómo lograr mensajeros con este talante?

   Con la oración contemplativa, reposada y abundante; buscando de verdad y sin filtros defensivos el conocimiento de Jesús y de su evangelio; comenzando por convertirnos nosotros a Él, antes de predicar la conversión a los demás; cen­trando en Él la vida y el sentido de toda realidad.

Llorenç Tous