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13º DOMINGO ORDINARIO (B)

Marcos sigue mostrándonos quién es Jesús contando dos anécdotas de su vida llenas de elocuentes detalles. Un hombre importante, una mu­jer muy enferma y una niña en fase final son los protagonistas. A los tres Jesús les cambia radicalmente su suerte gracias a que ellos, mo­vidos por su grave situación, buscan a Jesús con ansia y al mismo tiem­po con fe; su fe les mueve a superar todos los obstáculos.

Jairo corre movido por el amor a su hija en estado grave y la mu­jer, cansada de buscar inútilmente remedio a sus males, salta el pro­to­colo y toda normativa con tal de “tocarle”.

Ambos “han despertado a la fe” gracias a su problema. El proceso si­gue repitiéndose en todos los tiempos, también en nuestros días. Son los graves problemas personales los que nos enfrentan con la rea­­lidad en lo profundo y nos exigen respuesta; nos obligan a entrar den­tro de nosotros, nos abren los ojos a un reto desde nuestra limi­ta­ción o apuro. No podemos seguir huyendo o engañando. El brote de fe que todos llevamos dentro por gracia de Dios, nos si­túa como a Jairo: “Se echó a sus pies, rogándole con insis­ten­cia”.

Dios siempre responde al que  le invoca sinceramente. “No temas, bas­ta que tengas fe”. Los hechos siempre demuestran que de Dios po­demos fiarnos, aunque su respuesta no sea la esperada, porque Él siem­pre sorprende.

La fe es ingeniosa y valiente. La “mujer que padecía flujos de san­gre” habría contaminado a Jesús con su impureza, pero ella no se detuvo: se escondió entre la multitud y se acercó a Jesús por de­trás, “pensando que, con sólo tocarle el vestido, curaría”. Jesús le sorprendió inmediatamente: “Hija, tu fe te ha curado”. En ambos casos se cumplen las palabras del mismo Jesús: ”Yo he ve­nido para que tengan vida y les rebose”. Juan 10, 10.

Esta página de Marcos nos sugiere el provecho que podemos sacar de nuestros problemas cuando son graves, pues gracias a ellos el bro­te de fe que nos quede, puede crecer en busca de Jesús. Las difi­cul­tades son un despertador de la fe y nos ponen en camino hacia Dios. Para encontrarle hay que buscarle antes. La búsqueda de Dios ven­ce la inapetencia actual de muchos. Ojalá encontremos testigos de Jesús que nos den una mano, nos ayuden a confiar y nos acer­quen a Él.      

 

Llorenç Tous