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12º DOMINGO ORDINARIO (B)

No pocas veces cruzó Jesús el lago de Tiberíades a bordo de alguna bar­ca de sus amigos, donde en aquel hoyo enmarcado entre pe­que­ños montes, a veces los vientos danzaban sin previo aviso.

Marcos que hasta ahora ha presentado a Jesús como sanador y exor­cis­ta, amplía su jurisdicción presentádole como exorcista cósmico: “Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: ¡Silencio, cá­lla­te! El viento cesó y vino una gran calma”.

Progresivamente Marcos nos va desvelando la idetidad de Jesús. Aquí es más que un exorcista y más que un sanador, tiene rasgos divinos por­que con su palabra domina absolutamente el cosmos. Hasta ahora só­lo de Dios se  sabía y creía tal  poder: “Apaciguó la tormenta en sua­ve brisa y enmudeció el oleaje”.  Salmo 107, 19.

En el libro de Jonás 1, 12-1, bien conocido de los primeros lectores de Mar­cos, se atribuye a Dios este mismo poder sobre las olas em­bra­ve­ci­das del mar. Por eso  Lucas 11, 32 dice de Jesús:”Aquí hay uno que es más importante que Jonás”.

El recurso a pasajes del Antiguo Testamento, que todos los cristianos re­­conocían como palabra de Dios, es la manera que tienen los evan­ge­listas y la primera comunidad cristiana, de asociar a Jesús re­su­ci­tado con Dios y con todos sus atributos. Es su manera de confesar su fe en la divinidad del Señor resucitado.

¿Sucedió así esta travesía del lago? Ciertamente no. Jesús no es un mago ni puede cambiar una tempestad, ni entonces ni ahora.

Esta es la enseñanza que pretende Marcos en este pasaje: Manipula un hecho: cruzar el lago en medio de una tempestad. Lo exagera y le aña­de rasgos de teatro para decirnos que Jesús resucitado es como Dios, está sentado a su derecha y tiene sus mismos atributos, los mis­mos poderes de los se habla en el Antiguo Testamento.

Por tanto Jesús merece nuestra confianza total ante cualquier difi­cul­tad o problema. Persecuciones y luchas no faltaban en aquellas co­mu­nidades a las que Marcos escribe su evangelio. Retos parecidos a los que tenemos hoy aunque sus nombres sean distintos. Retos  que nos exigen confianza ilimitada en el que domina el mar.

                 

                                                    Llorenç Tous