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SANTÍSIMA TRINIDAD (B)

Hablar de Dios es una urgente necesidad

El materialismo engaña a muchos diciendo que los bienes de la tierra, la salud, el dinero y el poder son fuentes válidas de feli­cidad. Esta doctrina reduce el horizonte del verdadero cre­ci­mien­to de la sociedad y vacía el corazón humano. La sen­si­bi­li­dad mal educada no se asoma a la alegría auténtica por lo cual la historia de las personas se va entristeciendo, pierde co­ra­ge y aca­ba resignándose a una vida aburrida y sin sentido. Por todo esto “hablar de Dios es una urgente necesidad”. 

 

Hablar de Dios es un riesgo

La historia y el tiempo presente demuestran que en su nombre se han emprendido guerras, injusticias, abusos y crímenes de to­da clase. En su nombre el yahidismo tiene amenazado a todo el mundo que no sabe cómo recuperar la seguridad a pesar de po­­­seer las armas más sofisticadas.      

Conocemos los recientes errores en que se educaron muchos cris­tianos desde una moral más servidora del orden establecido y de un cierto poder, que desde el evangelio liberador de Jesús. He­­mos conocido los abusos de la ignorancia más o menos culpable del pueblo cristiano; una ignorancia que sigue ha­cien­do estragos en muchos.

La rutina, la ignorancia y otros motivos bastardos demuestran que “hablar de Dios es un riesgo”.

 

Hablar de Dios es un placer

Un placer que experimentan los humildes del pueblo de Dios. Su fe es obra del Espíritu Santo que la mantiene y alimenta a pe­sar de los escándalos, pecados e ignorancias. Estos bie­na­ven­turados abundan entre los sencillos y atribulados más que en­tre los sabios y entendidos.

Ante el progreso técnico y cultural del mundo, necesitamos tes­ti­gos de Dios, con la sabiduría del que usó la razón hasta la puer­ta del misterio, siguió orando, confiando y recibiendo los do­nes del Espíritu Santo que son amor, alegría y paz.

Éstos profesan la fe verdadera, conocen la gloria de Dios y le adoran. Los místicos se sirven de la luz de los teólogos, contemplan, gustan el sabor de lo divino, hablan humildemente de lo que han experimentado y contagian con paz su verdad.

 

Hablar de Dios es un reto

No se perderá en el mundo la riqueza de su Presencia, porque Él habló y continúa hablando.  Jesús es su Palabra, pronunciada a medida de nuestra capacidad acústica.

En nuestros tiempos de creciente indiferencia, comencemos edu­­cando nuestra sensibilidad espiritual antes que la técnica la anu­le. Además de enseñar cómo se usa el ordenador, o bien al mis­mo tiempo, hay que enseñar a contemplar un cuadro o un pai­saje; a escuchar instrumentos o un pájaro; a cantar a solas o con otros.

Aunque memorizar la vida de Jesús sólo es el primer paso para su encuentro, hay que leer el Evangelio con niños y adultos. Son semillas que el Espíritu Santo regará.

La sequía espiritual en la Iglesia se riega con oración con­tem­pla­tiva, comulgando sin rutina y estudiando la fe.

Un remedio eficaz de la inapetencia espiritual en la que muchos cris­tianos agonizan, lo tienen los pobres, los necesitados, los ex­cluidos y los que sufren.  A su lado se despierta nuestra sen­si­bi­lidad, la solidaridad necesita obras y la verdad exige, su­gie­re y consigue más justicia. El amor a su lado se hace eficaz en la práctica y va cambiando el mundo.

Un sueño: los místicos de hoy y los teólogos de hoy hablando de Dios entre ellos o juntos ante el mundo.                        

 

Llorenç Tous