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PENTECOSTÉS 2015

Desde nuestra pobreza interior contemplamos el mundo en que vivimos y miramos la Iglesia que el Papa Francisco preside en la ca­ri­dad. Viendo estos tres inmensos campos gritamos esta plegaria. Des­de lo más profundo de nuestra miseria, impotencia y ganas de cam­biar hoy decimos: “Envía tu Espíritu, Señor”. 

A nuestra puerta está la tentación del desánimo, la huida o la rebaja, que es otra huída. Quien no la sufre, se pregunte si no necesita el co­lirio para los ojos del que habla el Apocalipsis 3, 18: “Colirio para ungirte los ojos y poder ver”. 

El colirio de Dios es lo que la fe tiene de don, unido con nuestra sin­cera búsqueda, ambos factores nos permiten ver la realidad con los ojos de Dios. Lo negro, como en los retratos de Rembrandt, ayuda a ver la cara con relive y sin adherencias que distraigan. Entonces po­de­mos formular objetivamente los factores del problema, sin lo cual, tan­­to los juicios como las decisiones nopueden solucionar los pro­blemas. 

Para que al menos tanto en nuestro camino personal como en la Igle­sia, acertemos con la voluntad de Dios y el servicio de los pobres, he­mos de partir de Jesús resucitado. Celebrando la eucaristía tal como la estrenaron los primeros testigos del Resucitado y sumergiéndonos lue­go en las periferias del mundo tras el ejemplo del Papa Francisco, es como podemos convertirnos cada uno y contribuir a la renovación de la Iglesia. 

Siguiendo este proyecto de vida, hay quien se siente feliz en medio de muchas tribulaciones. Unos salvan situaciones imposibles desde su im­potencia. Otros emprenden importantes decisiones a favor del Rei­no de Dios o de los pobres, en medio de persecuciones y enfer­me­da­des. 

Algunos intuyen el futuro y lo preparan con semillas de evangelio. Mu­chos practican la misericordia y viven con esperanza hasta en si­tua­ciones límite. 

Una inmensa mayoría, callada y feliz, sigue creyendo en el amor y lo con­tagia. Todos ellos viven del Espíritu que Jesús Resucitado co­munica.

 

Llorenç Tous