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5º DOMINGO DE PASCUA (B)

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”

Como la savia unifica la vida de las raíces, las ramas y los frutos, así también la vida que Jesús tiene por su unión con el Padre se nos comunica a nosotros. Todo el proceso de nuestra vida espiritual se expresa en esta imagen.

La fe nos abre a la vida de Dios. Este don del amor divino nos asocia vitalmente con Dios por medio de Jesús resucitado. El bautismo es su sello de autenticidad y al mismo tiempo su cauce sacramental.

El Bautismo sin fe es como echar agua del grifo. La fe sola no nos cons­tituye en hijos de la Iglesia. La fe sin la oración se muere por fal­ta de alimento, como muere la vid sin agua ni sol a su tiempo.

Por la fe vivimos con Jesús Resucitado en el centro vital de nuestros días; Él nos da el sentido de todo lo que ocurre; gracias a él te­nemos cri­terio y arrestos para afrontar y resolver en cristiano las dis­tintas si­tua­ciones y problemas de la vida; su luz nos convierte en per­sonas ilu­minadas, serenas y alegres; gracias a su compañía ven­ce­mos todo pe­simismo o frustración. El recuerdo y la meditación de sus palabras nos dan sabiduría cristiana.

Como de las uvas se elabora el vino, de nuestra vida en Cristo sur­gen los frutos que son la actividad de la Iglesia; vivificada por el Espí­ritu santo y sus sacramentos, va sembrando vida en el mundo por me­dio de sus hijos, los testigos de Jesús. Los frutos son obra del Espí­ritu que tiene sus planes para salvación del mundo.

Vivir unidos con el Señor resucitado nos acerca a la humildad y la man­­sedumbre con la que Jesús se define a si mismo como centro de aco­­gida para los cansados. Esta humildad nos coloca en la verdad es­pe­­ranzada, en la paz y en la aceptación de los demás.

Llorenç Tous