Tornar al llistat

3º DOMINGO DE CUARESMA (B)

“Dichosos vuestros ojos que ven”, decía Jesús a los suyos, una dicha de la que tam­­bién nosotros participamos. Tan grande es la distancia entre el Antiguo tes­ta­men­to con sus diez mandamientos (1ª lectura) y el Evangelio de Jesús, que no­so­tros nos consideramos dichosos porque estamos en una relación con Dios muy su­perior. La distancia está entre un código de circulación, (así acabó siendo la ley de Moisés), y la ley del Espíritu que Jesús nos regala.

Allí, al pie del monte Sinaí, se cerraba el pacto entre Dios y el pueblo de Israel, con la obediencia del pueblo a la propuesta divina. Una obediencia que el pueblo no cumplió. Jesús, en cambio, nos introduce en otro mundo. El día de nuestro bau­tismo pisamos el umbral de la Casa de Dios. Crecemos en dignidad, la de hi­jos. Entramos en la casa de Dios, de la que Jesús es la puerta, por derecho propio. Juan 10, 7.

 Con nuestro Padre tratamos de la herencia. Nos adentramos y participamos de to­do lo que allí se trata, sobre todo de la mesa con el Pan y el Vino de la eu­caristía. En ella recibimos alimento para crecer en la fe, el amor y el compromiso.

La Cuaresma contra la corrupción   
El proyecto de Dios con su pueblo quedó frustrado por la idolatría que pre­sen­ta­ba dioses a su imagen y semejanza, manipulables y menos exigentes. Yahvé con los diez mandamientos le propuso vivir y organizarse desde la verdad, la justicia y la libertad. El garante de todos ellos era el mismo Dios que le sacó de la esclavitud de Egipto para ser su Dios. Pero la idolatría corrompió la relación del Israel con Ya­hvé; adoró otros dioses y con ellos se adhirió a otros valores distintos de los que Dios le propuso en el Sinaí. Se corrompió la verdad, con dioses falsos, la jus­ticia se vendió a otros intereses y la libertad ya no fue para todos. La propuesta del amor de Dios degeneró en un código de circulación: la Ley de Moisés.

También hay corrupción en la fe de muchos cristianos. El uso meramente socio­ló­gico del bautismo y el culto rutinario de la eucaristía, han suplantado en mu­chos casos el encuentro con Jesús resucitado, esencia de la fe cristiana, por el en­cuen­tro con la Iglesia, entendida como una religión sociológica. Nos urge volver a Jesús y buscarle con el ansia amorosa de María Magdalena, no como a un muer­to, sino como la historia de un Viviente.

 

Llorenç Tous