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2º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

“Al ver que lo seguían les preguntó:
–¿Qué buscáis? Ellos le contestaron…
–Maestro, ¿dónde vives? Él les dijo:
–Venid y lo veréis.”

Los dos amigos de este evangelio buscan a Jesús porque el profeta Juan Bautista les hizo “fijar en Jesús que pasaba”.

El primer paso es “fijarse”. Centrar la atención hacia lo profundo, bus­can­do luz y sentido. No pocas veces es por un golpe interior que des­pier­ta preguntas y deseos. “Buscad y encontraréis, llamad y os abrirán”. Quien de verdad busca, encuentra siempre una respuesta, Dios es el pri­me­ro que suscita en nosotros el deseo de encontrar sentido, luz, feli­ci­dad, paz verdadera.

“–¿Qué buscáis?” En esta Eucaristía la pregunta nos llega del mismo Je­sús Resucitado.

Algunos, Señor, cojeando por debilidad, heridos o defraudados, bus­ca­mos dónde huir de nosotros mismos y del mundo, pero sabemos que en el fondo es a Ti a quien buscamos.

Todos buscamos ser felices, pero no sabemos bien cómo conseguirlo.

Algunos tenemos la suerte de haber escuchado alguno de tus testigos; gra­cias a ellos estamos donde Tú eres el camino y la luz. Avanzamos a me­dida que experimentamos la verdad de tu presencia salvadora. Cada día aumenta nuestra seguridad de estar en el recto camino y con ella la ale­gría que quisiéramos compartir con todos.

La inapetencia

Todos los que por gracia de Dios, inmerecida, tenemos el privilegio de ha­ber visto entre nieblas algún rayo de su luz, quisiéramos reflejarlo e ilu­minar el camino de muchos. A veces topamos con la inapetencia o rechazo. ¿Qué hacer? Quien ha visto algo de luz no podrá ocultarlo. El Espíritu santo conoce los tiempos de cada uno y en su mano está el resto del proceso salvador. Cuanto más seca está la tierra, más hondo hay que calar el arado. La lluvia es cosa del cielo.

                                                                        Llorenç Tous