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EL BAPTISME DEL SENYOR (B)

Sabemos que el bautismo que administraba Juan en el rio Jordán era de peni­ten­cia y conversión. ¿Qué debió pasar en el interior de Jesús de Nazaret cuan­do comenzó su ministerio público recibiendo este bautismo de manos de Juan? Tu­vo que ser una experiencia profundísima para que muchos años más tarde y ba­jo la luz de Pascua, los evangelistas transformaran este gesto de Jesús peni­ten­te (!) en una manifestación de la santa Trinidad: el Padre que consagra a Je­sús como a su Hijo preferido y el Espíritu que le posee plenamente.

De éste toma muestra y sentido nuestro bautismo. Es el portal de entrada en la Iglesia y el sacramento que nos constituye en hijos de Dios. ¿Cuándo será una verdad entre nosotros? Cuando una nueva normativa sea universal en la Igle­sia.

Este sacramento es el fundamento de toda nuestra vida cristiana, que comien­za escuchando la Palabra de Dios de boca de sus testigos; si la aceptamos con fe y nos convertimos a Jesús, entramos en un proceso por el que nos enca­mi­namos hacia una vida nueva, desde los valores del Evangelio. Es una con­ver­sión progresiva que nos dispone a ser bautizados en el nombre del Padre, del Hi­jo y del Espíritu santo.

En la mayoría de los casos el bautismo se ha quedado en un acto social, por cos­tum­bre rutinaria, sin compromiso alguno ni del pequeño niño ni de sus pa­dres, agravado por toda la parafernalia a veces escandalosa y ajena a todo ma­tiz religioso.

El nacimiento de un niño es un gran motivo de acción de gracias para una fa­mi­lia cristiana que merece ser celebrado con toda la parroquia en la misa del do­min­go. Sería el momento de inscribir al hijo en un registro de candidatos al bau­tismo con el compromiso de los padres de ser sus primeros catequistas. ¿Cuán­do les ayudaremos a prepararse para tan importante misión? Sin ellos po­co valdrán los otros catequistas.

Hoy nos recuerda este bautismo de Jesús que también nosotros “somos hijos de Dios”. Debemos renovar la conciencia de nuestro bautismo y avanzar hacia una fe adulta. Podemos buscar los medios que no faltan. Si fundamentamos só­li­damente nuestra fe, toda nuestra vida recibirá un nuevo sentido salvador, el que da Jesús a todo el que se encuentra con Él.

 

Llorenç Tous