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4º DOMINGO DE ADVIENTO (B)

 

“Estaba desposada con José, y antes de vivir juntos…“ Mateo 1,18.

Para equilibrar lo humano con lo divino de María de Nazaret, después de leer el anuncio del glorioso nacimiento en Lucas, es conveniente escuchar las consecuencias que sufrió José con el que estaba desposada.

José al ver el embarazo de María pensó que le había sido infiel con otro. Se­gún la Ley había cometido adulterio al haber tenido relaciones sexuales con otro durante los desposorios, que duraban un año y medio. Así de dolo­ro­so fue para él el misterio del futuro nacimiento.

Tampoco nosotros podemos entender este misterioso nacimiento humano de “Dios con nosotros”. José se fio de lo que Dios de alguna manera le dio a en­­tender, también nosotros creemos en la Palabra que nos lo define: “Dios con nosotros”.

Ante este nacimiento, cuya próxima celebración preparamos, solamente la fe nos da luz y nos rinde en adoración gozosa y agradecida. Esta fe es el ori­gen de un nuevo sentido de la historia y de la vida de cada uno de nosotros.

“Dios con nosotros” desvanece nuestra soledad, orienta de nuevo el rumbo de cada día, ilumina nuestras tinieblas, nos libera de esclavitudes, nos llena de alegría, fortalece las rodillas vacilantes, alimenta la esperanza de los de­sam­­parados, despierta a los dormidos, resucita a los muertos en el alma, nos levanta de las derrotas y cansancios, nos reúne a todos junto al Niño pa­ra felicitar a María y a José. 

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti”. Lucas 1, 26-38

La luz deslumbrante de Pascua introdujo la fe de los apóstoles en el ma­ra­vi­llo­so misterio de “Dios con nosotros”; ellos estaban bastante lejos de la reali­dad histórica, pero la fe les acercó a la revelación de Dios en Jesús de Na­­zaret.

Sólo la fe en la resurrección de Jesús y de su Madre pueden darnos la sin­­tonía con la que hay que escuchar esta narración para entender lo que realmente quiso decir su redactor y la comunidad en la que había surgido.

Desde esta fe en la resurrección este relato no sólo es evidente sino que se queda corto y pequeño en relación a su mensaje: “Dios con nosotros”. Es­tamos no ante una crónica, sino ante una manera de proclamar nuestra fe, la de los apóstoles y la nuestra, que resume así lo que celebraremos en Navidad: “DIOS CON NOSOTROS”.