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LA INMACULADA CONCEPCIÓN

“Me felicitarán todas las generaciones”. Lucas 1, 48.

Desde los apóstoles que bajo su presidencia fundaron la Iglesia, to­dos los cristianos sentimos especial veneración a la madre de Jesús. Mo­vi­dos por esta fe, pintores y escultores, arquitectos y escritores han dejado obras de alta calidad artística. Sobre todo los santos y los me­jores amigos de Jesús, han hablado y han escrito de ella con gran pie­dad; los pastores han contado siempre con ella en sus trabajos del rei­no de Dios. Para muchos cristianos de todos los tiempos esta Ma­dre ha sido su camino hacia Dios. Pero también es verdad que la de­vo­ción y el culto del pueblo cristiano a María a veces no conduce a Je­sús o raya en el fanatismo y la idolatría. 

“¡Dichosa tú que creíste!”. Lucas 1, 45.

Necesitamos conocer mejor a la madre de Jesús y asomarnos a su pro­ceso interior de fe en su Hijo. Necesitamos purificar aquella de­vo­ción mariana que la confunde con una persona que no ha existido nun­ca, cuyos rasgos ella es la primera que ahora, glorificada junto a su Hijo, rechaza y lamenta.

Ya desde los comienzos María no entendía a su hijo; sufrió por el re­chazo hacia él de sus paisanos, que le echaron del pueblo, Lucas 4, 28-29; y el de sus familiares, que tampoco creían en él Juan 7,5; Mar­cos 3,30. Las autoridades religiosas se le opusieron hasta ma­tar­lo, Juan 8,48. María hubiese preferido evitarle tantos problemas. Acep­tó la conflictiva novedad de su Hijo y estuvo fiel y valerosamente al pie de la cruz, aguantando con infinito dolor aquella muerte cruel, in­justa y humillante. 

Todo cambió para ella desde la resurrección de Jesús

Su proceso de fe ante la nueva presencia de su Hijo resucitado, contó con la ayuda del Espíritu santo, pero no le evitó el esfuerzo y la li­ber­tad. Era difícilmente creíble, tan admirable era el hecho; al mismo tiem­po tan iluminador, que la nueva presencia de Jesús resucitado, le trans­formó el concepto de sí misma y le descubrió su misión. Ahora co­menzó a entender el plan de Dios sobre la vida de los dos, la Madre y el Hijo. Desde que vio y creyó la Pascua de Jesús, reunió a los dis­cí­pu­los y comenzó la Iglesia y la salvación del mundo.

 

Llorenç Tous