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1º DOMINGO DE ADVIENTO (B)

 

La palabra “Adviento” suscita el eco de “Navidad”, o sea, familia reu­ni­da, encuentros y sabores entrañables, alegría. Otros ven estas fechas desde la soledad aumentada o un dolor más punzante.

Para los amigos de Jesús Navidad es celebrar su nacimiento como el co­mienzo de nuestra salvación y el alimento de nuestra esperanza.

Conocemos “los pecados del mundo”: guerras, mentes sin norte, sin Dios, fanatismos, corrupción, etc. Para todos y  cada uno de nosotros Je­sús es el Salvador, el que nos da luz para situarnos correctamente en este escenario, nos ofrece un sentido y una fuerza para superar es­ta situación. Lo decimos precisamente porque conocemos los dos ex­tremos, la profundidad del desastre y la capacidad de cambio que Jesús posibilita. ¿Nos atreveremos a creerlo y seguirle?

La fe nos descubre la densidad del tiempo que estamos viviendo. Vemos personas y grupos que preparan un futuro más humano. Bri­llan con su vida en medio de las tinieblas, luchan contra corriente y alimentan la esperanza.

El pecado corrompe también una parte de nuestra querida madre Igle­sia. Muchos cristianos son inútiles e incrédulos; la ignorancia y la ru­tina, hasta el mismo culto, les mantiene en su inapetencia o can­san­cio y se resisten a convertirse y cambiar. El Papa Francisco nos se­ñala el camino de una renovación esperanzadora con su ejemplo y con su escrito “La alegría del Evangelio” como hoja de ruta. Si­guién­dole cada uno en el día a día será la menor preparación de esta Na­vidad.

Jesús al resucitar cambió la historia. ¿Cómo no vamos a celebrar con ale­gría y esperanza el día bendito en que nació? Proclamemos con ale­gría que “ES VERDAD, HA RESUCITADO EL SEÑOR”. Lucas 24, 34.El mundo y su pecado tienen remedio. Comencemos cada uno a cre­erlo de verdad y a dar testimonio de ello.

 

Llorenç Tous