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33º DOMINGO ORDINARIO (A)

“Se puso a ajustar las cuentas con ellos”

El ajuste de cuentas comienza con uno mismo, es un deber que la vida misma im­pone ante nuestra conciencia repetidas veces. Es algo de sentido común, apar­te de la edad y de la fe que uno tenga.

Todos nacemos y crecemos con un tesoro que evoluciona con la vida, la sa­lud, la familia, cultura, aciertos, reveses, etc. Todos tenemos momentos de aná­lisis profundos a solas o con otros. ¿Con qué criterios? 

La fe nos da algunos. Con la vida Dios nos regala el fundamento de todo bien. Nos acompaña, nos sorprende maravillosamente, es el creador del cos­mos y “vio que todo era bueno”. 

La fe es el gran don, el más grande después del de haber nacido. Por nuestra fe en Cristo conocemos la Buena Noticia de Jesús que nos salva; por la fe so­mos hijo de Dios Padre y por esa misma fe sabemos que Jesús Resucitó y que nos ha abierto las puertas del cielo. 

Esta fe nos da el sentido de la vida, que es la riqueza más grande que puede te­ner un mortal. Por esta fe y el sentido de la vida que ella nos da, sabemos por qué estamos en el mundo: porque Dios nos ama. Por la misma fe sa­be­mos para qué nos ha puesto Dios en el mundo: para que seamos felices y pa­ra que ayudemos a la felicidad de los demás. 

La única pregunta en el ajuste de cuentas es: ¿ Qué hago yo con todo ese ca­pi­tal a favor de los demás? 

Llorenç Tous