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TODOS LOS SANTOS

“Alegres, guiados por la fe,” subimos hacia la Jerusalén celeste, ansiando la cer­­canía de Dios; junto a Él están todos sus hijos que ya acabaron su vida en nues­­tro mundo.

Siguieron su camino a impulsos de la vida que el Creador les regaló, la vida que si­gue después de la muerte para resucitar con Jesús Salvador.

Con­­templamos a los santos que la historia de la Iglesia y la piedad nos ofrece. Re­­pasamos sus ejemplos y su mensaje.

Son muchísimos los desconocidos que habitan ya en la gloria, cuyos nombres cons­­tan en el libro de la vida. Sus ángeles contemplan el rostro de Dios. Nues­tra ima­ginación piadosa tiene campo libre para ir leyendo despacio el censo de la Je­rusalén celeste. 

Un día de amor. En la corte celestial contemplamos con fe y cariño a “los nues­tros”. Familiares, amigos, personas que influyeron en nuestra vida, con los que com­­partimos vivencias profundas. Anduvimos juntos parte del camino. Les re­­cor­­damos, les añoramos, les agradecemos, rezamos.

Nos une la misma fe, de la que ellos ya tienen la visión inmediata. Guardamos su herencia: ejemplos, ayudas, consejos, amistad, amor.

 

“En ellos encontramos ejemplo”. Hoy también es un día de compromiso. Ellos nos enseñan a discernir, a elegir y a perseverar. Su final entre nosotros, cu­ya des­pedida hoy recordamos, nos confirma en la fe y la perseverancia.

Va­­le la pena seguir con el mismo proyecto de amor, de ayuda a otros, de hon­ra­dez, perdón y esperanza. Ellos nos esperan; entre tanto nos siguen, su amor es fiel, su intercesión es segura, su cercanía de Dios nos alegra y da esperanza.

Un día nos llegará también a nosotros el encuentro cara a cara con el Señor re­su­­citado y con ellos. “Unidos a estos Santos y a los coros de los ángeles, te glo­­ri­ficamos”.

                                                                                             Llorenç Tous