Tornar al llistat

29º DOMINGO ORDINARIO (A)

“A Dios lo que es de Dios” 

Dar a Dios lo suyo, valga le imperfecta expresión, es un don que todos llevamos en lo más hondo del corazón, mucho más adentro de todo trabajo, buenas obras, cumplimientos u honradez moral.

De todo eso “pasa” nuestro Padre porque no lo necesita, menos aún si con ello, nosotros nos sentimos buenos y justos. A Dios sólo puede resultarle algo como “don” nuestro, si de rodillas ante su misterio, después de quedar derrotados por su maravillosa bondad, su poder y su belleza, su cercanía salvadora y su perdón, abrumados y agradecidos, le repetimos con el salmista: “Para ti es mi música, Señor”. Salmo 100, 1.

La música del corazón es inefable, profunda más que el mar, globalizadora, a tono con el cosmos, casi eterna. Es más que oración porque el que adora ya no sabe hablar, sólo calla, admira, escucha y da gracias. A Dios no podemos darle menos que esta adoración gozosa.

Para entrar en esta actitud hay que llegar al final del acto de fe, donde la confianza en Dios Padre es absoluta, sin una grieta ni deseo que no sea su voluntad. Se llega por el camino de la oración contemplativa, con el tiempo y los dones del Espíritu Santo.

Del pueblo pobre es la frase “el rey se alegra con una flor”. Así se justifican los pobres que apenas pueden corresponder a un benefactor rico y generoso.

Con más motivo podemos aplicarla a Dios; nuestra gratitud en comparación de la que Él merece y que desearíamos, es muy pobre, pero sabemos que se complace en la pequeñez de sus hijos. Motivo de más para adorarle con toda nuestra pobreza.

 

“Al César lo que es del César”

La informática y la globalización nos exigen a todos los ciudadanos del mundo, justicia y solidaridad. Sobre la base de nuestra conciencia de los derechos humanos y del valor de cada persona, nos llega cada día una información mundial, casi todo lo exhaustiva que queramos; de ahí la exigencia de justicia y solidaridad, que a todos nos urge por encima de razas, lenguas y fronteras.

La justicia nos exige honradez, laboriosidad, esfuerzo y lucha por la verdad.

La solidaridad pide que seamos austeros, acogedores y cercanos a los necesitados; de no vivir así, no seríamos justos ante Dios, aparte de lo que diga o exijan el César y sus sistemas. En casa de los pobres está la escuela de la solidaridad, allí aprendemos a exigírnosla y a cumplirla. Todos los que tienen estas actitudes son amigos de Jesús, aunque no le conozcan. Los que además le conocen, las contagian con su alegría.

 

LA TRISTE REALIDAD

El dios dinero ocupa para una gran mayoría el puesto de Dios Padre. Su corte estructural son el poder y la mentira. Sus efectos son las guerras, muertes, dolor e injusticias sin número. Otra consecuencia son las estructuras, proyectos y criterios del “César”con lo que sigue de corrupción mental, social y económica.

Esta triste realidad nos mueve a todos los creyentes y hombres de buena voluntad a luchar más que nunca por la verdad, la justicia, el amor y la solidaridad. El evangelio de Jesús nos indica el camino y su Espíritu nos fortalece y consuela.

 

Llorenç Tous