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21º DOMINGO ORDINARIO (A)

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Muchos ni siquiera opinan porque te desconocen por completo. Una gran mayoría sabe tu nombre y recuerda algo de tu vida y de tu muerte: Belén, Je­ru­­salén, la cruz. De tu resurrección… ni la mencionan. Esta mayoría vaga­men­te informada, vive su vida sin que tu mensaje le afecte para nada. Entre ellos quedan algunos que recurren a ti en momentos puntuales, como un apu­ro o la muerte, como si fueses un “tapa agujeros” sobornable con pro­me­sas y ofrendas.

Una gran mayoría te conocen de oídas y hablan bien de ti, sin saberlo, gracias a su honradez, solidaridad y paz activa. Se preparan para encontrarte per­so­nal­mente un día.

Ante un panorama tan lamentable está el resto de tus amigos, testigos de tu evan­gelio a lo largo de la historia con fidelidad, algunos en grado heroico. Si­guen siendo ejemplo para todos los tiempos. De ellos un número incal­cu­la­ble, cuyos nombres constan en el libro de la vida, sólo les conoceremos en el cie­lo, desde donde interceden para salvar la fe cristiana con toda su auten­ticidad y frescura.

Fueron humanos como todos, favorecidos por el Espíritu al que respondieron ge­ne­rosamente. Este Espíritu sigue cumpliendo su misión de conducirnos ha­cia la verdad plena; por él hemos descubierto que tu cambias la trama de la vi­da del creyente, con todos sus errores y miserias, en un proceso de cre­ci­mien­to hacia el Padre, de ellos tú eres el guía paciente y comprensivo. Quien se acerca a ti, siente al Padre cercano y salvador.

Algunos adelantados vislumbran tu belleza y se dejan atraer; tu luz les des­lum­bra y quedan como a oscuras; con sus dudas inician una conversión pro­funda y difícil. Tantean nuevos caminos e invitan a otros. Tal vez sufren per­se­cución, pero confían y esperan activamente.

Adelantados, retrasados o sin rumbo, cuantos por fin vemos de lejos tu si­lueta, hemos descubierto por ti el camino hacia el Padre.

Tú das sentido a todo: la Creación te muestra en su fulgor; por ti tiene sentido la vida; la muerte, portal del cielo a tu lado, merece ser deseada. Diste so­lu­ción al pecado y a la debilidad del pecador. Contigo sabemos luchar contra el mal. Cambias el desierto en un jardín y haces brotar agua de las piedras.

Quien cree en ti, en medio de persecuciones, escándalos y fracasos, se man­tie­ne sereno y puede seguir con esperanza e ilusión.

Estás en el pobre que sufre, en la inocencia del niño y en los ojos cansados. El sa­bio te transluce y el que ama te hace presente. Tu nos das esperanza y áni­mo para conseguir lo que exiges.

Tu siempre sorprendes, porque cuanto más conocemos de ti, más conscientes so­mos de nuestra ignorancia, pero la noche del comienzo avanza con la luna que vuelve deseable el sol.

Llorenç Tous