Tornar al llistat

18º DOMINGO ORDINARIO (A)

Dadles vosotros de comer”  
Ante la crisis económica que padecemos, si nos organizamos las personas de buena voluntad y las parroquias, podemos vencer el hambre de nuestro inmediato alrededor. Gracias precisamente a esta crisis, la solidaridad se ha despertado en muchos corazones, empresas y grupos de toda clase. Porque los humanos somos sensibles ante el hambre de nuestros semejantes, para afrontar este grave problema han surgido muchas iniciativas que hay que conocer y apoyar.

A los católicos que todavía frecuentan la Iglesia, los sacerdotes debemos mentalizarles para que acudan a misa con comida para los pobres, para que el culto camine a la par con la justicia y el amor a los pobres. De Jesús mismo nos llega hoy el mandato: Dadles vosotros de comer”. Aumentemos el número de los que ya cumplen este mandato.

Cuando los cristianos damos testimonio de solidaridad con los necesitados, facilitamos a los incrédulos el camino de la fe en Cristo y compensamos los escándalos de otros cristianos.

“¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios?” (2ª lectura).
Es una gracia de Dios descubrir cuánto nos ama a cada uno. Repasando con fe la propia vida, leemos en ella y escuchamos sus mensajes de amor en concreto. La luz del Espíritu y la distancia nos introducen en su profundidad y avanzamos hacia la verdad plena, la que supera e integra toda debilidad, la perdona y la transforma como un testimonio más del amor de Dios a cada uno.

Los que sólo predican o siguen la Ley, siguen anclados en el Antiguo Testamento, como Juan Bautista, no han entrado a la fiesta que el padre organizó a la vuelta del hijo hambriento. Tampoco han comido con Jesús en casa del fariseo, donde Jesús acogió los besos y lágrimas de una pecadora.

No es fácil sintonizar con la sorprendente maravilla del amor de Dios que Jesús nos reveló. El Espíritu y la oración nos purifican la mente y nos dilatan el corazón para ver la grandeza del amor de Dios en la familia, en los amigos, en los pobres, enfermos o desgraciados de toda clase.

Muchas personas con su estilo de vida, sus gestos y sus valores, son testigos de Dios, mantienen el amor en el mundo y vencen la batalla contra el egoísmo y el mal. Nos estimulan con su ejemplo a seguirles.

Cuando vamos descubriendo el amor de Dios en todo, la vida se llena de alegría, la creatividad se despierta y se refuerza la esperanza. El amor hace soñar proyectos y los va realizando, en cambio sin amor, la vida carece de sentido; se queda vacía y triste la vida que Dios nos regaló para vivirla en plenitud de sentido y de gozo.

Este sentido y plenitud se alcanza viendo el amor que recibimos de algunas personas singulares como testimonios del que Dios nos regala. Después es fácil y necesario compartirlo con los demás, sobre todo con los pobres y necesitados.

 

Llorenç Tous