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17º DOMINGO ORDINARIO (A)

“Un tesoro escondido… “una perla de gran valor”

El tesoro está en un campo tan grande como el corazón de cada uno; lo bus­ca­mos a la hora de tomar decisiones importantes, como la de quemar las na­ves al servicio de una vocación, como el matrimonio; entonces es cuando el pe­re­grino “va a vender todo lo que tiene” , se libera y corre hacia nuevas metas.

También hay que ahondar en el campo del dolor para dar con el tesoro es­con­dido en él. El tesoro siempre tiene una relación con Dios, señala el camino a se­guir y protege de accidentes y desviaciones.

La suerte aparece a veces sin buscarla por la generosidad de Dios, que no se ha­ce de rogar. Entonces aparece la más fina de las perlas, que nos deslumbra y nos atrae tanto, que supera todo valor conocido hasta ahora. Por ella se em­peña todo.

“El campo es el mundo” Mateo 13, 38, o sea, la vida de los humanos que pue­blan la tierra. En este campo están los tesoros de Dios. Son joyas que no tie­nen precio, riquezas espirituales que el Espíritu de Dios regala, Él, que “hace bro­tar agua en el desierto”, Isaías 35, 6. Por el don de inteligencia des­cu­brimos tales valores y con el de consejo llegamos a “vender todo lo que se tiene”.

Tomada esta decisión, la barca recibe su adecuado lastre que permite gober­narla; antes, estábamos a merced de los vientos y las olas. Llegar a esta deci­sión es gracia de Dios y fruto de nuestra voluntad. Se llega a ella envidiando a los testigos de Jesús y a impulsos de los profetas.

Profetas son los pobres pidiendo a gritos justicia y amor. Su grito nos llega por contacto directo, si lo escuchamos y acudimos con amor, estamos en ca­mi­no de descubrir el tesoro escondido; si perseveramos con fidelidad tanto ellos como nosotros nos iremos salvando.

Los que ya encontraron a Jesús y se dejaron poseer por él, ofrecen el tesoro que desean compartir. ¿Escuchamos a los místicos? Son los amigos de Jesús, los convertidos o en proceso de conversión; son adoradores de Dios, testigos del cielo que marcan el camino. El Papa Francisco, regalo de Dios al mundo, es uno de ellos.

Tanto para escuchar a los profetas como para seguir a los místicos, hay que sa­lir del consumismo, del mundo del poder y la mentira, para buscar de ver­dad a Dios. Son tiempos de huir del mundo sin dejar de estar en él, para lo cual es preciso orar en silencio y tener valor para seguir con fidelidad lo que el Espíritu nos diga a cada uno.

El campo es también la realidad de cada día donde hay que cavar, después de verla con ojos de fe, escuchando sin prisa los latidos del corazón y sus men­sajes que vienen de Dios. 

Comunicarse con Dios es la experiencia más extraordinaria que se pueda imaginar, pe­ro al mismo tiempo es la más natural del mundo, porque Dios está presente en to­dos nosotros en todo momento. Omnisciente, omnipotente, personal… y fuente de amor incondicional. Todos estamos conectados como uno solo a través de nuestro di­vino enlace con Dios”.

Eben Alexander. LA PRUEBA DEL CIELO. El viaje de un neurocirujano a la vida después de la vida. p. 215.

Un libro muy recomendable al que sólo falta añadir lo que nuestra fe nos permite vivir ya en este mundo en relación con Jesús Resucitado.