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JUEVES SANTO (A)

“Se pone a lavarles los pies a sus discípulos”

 No ha venido para que le sirvan sino para servir 

En estos días muchos ciudadanos cambian de residencia aprovechando sus vacaciones. Este descanso puede aprovecharse también para conocer có­mo se celebran los Oficios religiosos en otros lugares incluso en di­fe­ren­te lengua. La fe nos une a todos los creyentes en Jesús especialmente en es­tos días de sagradas conmemoraciones. El hecho de poder descansar apro­vechando estas festividades puede ayudarnos a alimentar nuestra fe par­ticipando en las celebraciones litúrgicas. Ojalá aprovechemos estos días para contemplar este final de la vida de Jesús y su resurrección ac­tua­lizando su recuerdo y profundizando en estos misterios desde nuestra ora­ción personal. 

El primer servicio del hombre en el mundo es el cumplimiento del deber se­gún el puesto que la vida le ha dado en la sociedad. El deber corres­ponde a una misión con sus responsabilidades, sus metas y sus opciones. Pa­ra este deber no hay acepción de personas, ni dispensas, ni excusas. To­dos debemos cumplir nuestro servicio. 

Servicio es también el ejercicio del poder en cualquiera de sus campos, pe­ro en general acaba sufriendo la corrupción de otros intereses que cambian el servicio en opresión más o menos velada. 

Servicio es algo que constantemente hacemos todos de alguna manera, has­ta sin darnos cuenta. La familia es una suma de servicios, en gran par­te no considerados ni tenidos en cuenta por la sencillez y el amor con que se prestan. 

Servicio, el más importante, es ayudar a crecer a los demás. Supone que nosotros estamos en este proceso y que queremos incorporarles también a ellos. 

El servicio más noble es el gratuito porque se presta con amor; no se bus­ca el dinero, ni el agradecimiento ni compensación alguna. Estando al lado de los pobres vamos aprendiendo a servirles así. 

El servicio ha de ser para lo que necesite el otro, no según lo que nos con­venga a nosotros. En ello no hay grande ni pequeño servicio, todos son necesarios e importantes, aunque unos sean más decisivos que otros. 

El servicio ha de prestarse con alegría, o sea, sin sentirse superior al que servimos, de lo contrario se convierte en una humillación.” El que alivia, de buen humor “. Romanos 12, 8. 

Todos servimos para algo y es con la colaboración de muchos como se van consiguiendo objetivos importantes. 

Jesús entiende su misión como un servicio universal y nos previene contra las sirenas del poder que impiden esta actitud entre los hombres en cual­quiera de sus organizaciones civiles o religiosas. 

Jesús se dedicó preferentemente a los excluidos de aquella sociedad, a los pobres, a los enfermos tenidos por castigados de Dios, a los publicanos (que eran ladrones), a mujeres de la vida. Para todos tuvo una actitud de acogida y un gesto salvador. 

Nos ha dejado ejemplo y su Espíritu nos ayuda a seguirlo. Hoy nosotros hemos de continuar el servicio a los excluidos de la sociedad en las mil maneras y cauces que la Iglesia y la sociedad han ido institucionalizando. 

Jesús instituyó el servicio como esencia de la eucaristía según la pre­sen­ta­ción que hace San Juan en su evangelio. En la última cena, cuando trans­mite a sus apóstoles su testamento, lava los pies a todos, también a Ju­das. ” Os he dado ejemplo para que hagáis lo que yo he hecho”. Ju­an 13,15. 

Con este gesto explicado por Él, dejó Jesús el fundamento para que luego su Iglesia, instituyese el servicio como un octavo sacramento, o sea, una ac­ción de Jesús por la que sus ministros canalizan la gracia salvadora que bro­ta de su resurrección. El servicio a los que más lo necesitan, como Judas, es el extremo del amor. O a los que menos lo aprovechan; a los que no lo agradecen. Son tantas las maneras de servir, también hoy, a ejem­plo de Jesús! 

Llorenç Tous