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DOMINGO DE RAMOS (A)

“Echaron encima sus mantos y Jesús se montó” 

 Sentado sobre un borrico entra Jesús en Jerusalén. Sabe a dónde va, a su muerte, la que sus enemigos ya tienen decidida. Pero él es libre y co­he­ren­te con su mensaje sobre el Reino de Dios. Confía en el Padre sin dejar de sentir el miedo tan humano del que serán testigos los olivos de Get­se­ma­ní. Estos días se refugiará en una casa de fieles amigos, en Betania. Un bo­rri­co requisado por su imperiosa orden dará testimonio del estilo del Rei­no de Dios, la humildad. Dios no necesita el poder ni la fuerza, le basta su verdad. 

Los niños aportan su alegría y su fe gozosa. Todo les sabe a juego y alga­za­ra que Jesús acoge y bendice. Si los adultos callan, los inocentes gritan “Ho­sanna” en nombre de todos los rectos de corazón. Jesús nunca estará só­lo, aunque sean pocos los que le sigan. 

 

ANTE LA SEMANA SANTA

En la Semana Santa los cristianos contemplamos a Jesús en cruz y con arrepentimiento lloramos su muerte por nuestros pecados. Así se cumplen en nosotros las palabras del profeta: “Derramaré un espíritu de compunción y de perdón. Al mirarme traspasado por ellos mismos, harán duelo como por un hijo único, llorarán como se llora a un primogénito”. Zacarías 12, 10. 

Muchos hermanos nuestros siguen clavados en una cruz, víctimas de la injusticia, del dolor, la enfermedad o las propias debilidades. Todos ellos siguen en cruz como Jesús continuando su dolorosa pasión. Si queremos recibir al menos una parte del mensaje de Semana Santa, debemos intentar bajarles de la cruz, o al menos acompañarles y ayudarles para que esta cruz les sea más llevadera y sientan a su lado al Redentor del mundo. El buen samaritano, el Cireneo, Nicodemo y José de Arimatea nos sirvan de ejemplo, sobre todo la Madre de Jesús de pie junto a la cruz de su Hijo. 

Llorenç Tous