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2º DOMINGO DE CUARESMA (A)

Jesús preparó a tres de sus discípulos para que su fracaso y muerte no les decepcionase excesivamente. La liturgia de hoy nos presenta la misma “visión como meta del camino cuaresmal, la Pascua del Se­ñor y la nuestra anticipadas.

Como experiencia de fe, ¿es una realidad para todos? Jesús selec­cio­nó só­lo a tres. La reacción de Pedro la presenta como deseable para cual­­­quiera. 

“No contéis a nadie la visión”

Con esta palabra define Jesús la experiencia de los tres apóstoles al ver­le transfigurado. Es la misma raíz del verbo con el que san Pablo des­cribirá el encuentro con Jesús Resucitado: “se dejó ver”, “se les mos­­tró epifánico”. (1 Corintios 15, 5).

Sobre los efectos globales de esta manera de ver escribió san Agus­tín: «A los ojos, en efecto, pertenece el ver; pero también usamos de esta pa­la­bra en los demás sentidos cuando los aplicamos a conocer… En efecto, noso­tros no só­lo decimos:  ”mira como luce”  —lo cual pertenece a sólo los ojos—, si­no tam­bién ‘mira cómo suena’, ‘mira cómo huele’, ‘mira cómo sabe’, ‘mi­ra qué duro es’…  porque todos los demás sentidos usurpan por semejanza el ofi­cio de ver, que es primario de los ojos, cuando tratan de conocer algo». (San Agustín. Con­fesiones. Libro X. Capítulo 35. Nº 54)

Podemos decir que se trata de una contemplación que absorbe toda la persona percibiendo la belleza de una realidad, es una con­tem­pla­ción totalizante, que unifica y transforma positivamente.

Vieron a Jesús comunicándose con Moisés y Elías, dos personajes se­pa­­rados por varios siglos en el tiempo, actualizados en la visión, que dia­­logan sobre el final de Jesús en Jerusalén. “Dos hombres ha­bla­ban con él: Eran Moisés y Elías, que parecieron gloriosos y co­men­ta­ban la partida que iba a consumar en Jerusalén”. Lucas 9, 30-31. Por tan­to desde su gloria son contemporáneos. ¿Qué es, pues, el tiempo en esta altura? No existe. Los bienaventurados son con­temporáneos de los mortales, alegrémonos. La unión entre la his­toria y la divinidad es­tá sellada por una voz misteriosa que sigue y apo­ya la misión de Je­sús. “Ése es mi Hijo, el amado, mi pre­di­lec­to. Escuchadlo”.

Todo ocurre en lo alto, aparte del camino plano donde se cruzan los hu­manos. La montaña alta, no una colina, es escogida como lugar apto, apartado, solitario. “Se los llevó aparte a una montaña alta”.

Cuadro de texto: Cuadro de texto: Todo sucede desde un proyecto de Jesús en el que los tres pri­vile­gia­dos nada disponen, sólo reciben, escuchan, obedecen. Les supera en tal grado que “cayeron de bruces llenos de espanto”. Se ha­bían aso­mado un instante al misterio de lo divino de Jesús. El tiempo de­mos­tró que no habían aprendido la lección, porque meses después, en Get­semaní todos le abandonaron, Pedro también.

 

Experiencias cumbres

Sin pretender hablar de experiencias místicas, puedo hacerlo de las ex­­periencias cumbre que a todos la vida nos regala.

Tal vez sea el dolor quien nos abre la puerta de este hoyo del alma o de esta cumbre nevada. Cada caso es distinto pero en todos es luz ra­­diante, tan intensa que deslumbra por su novedad y su belleza.

Con ella se abren nuevos horizontes hacia los que avanzamos con li­ber­tad, deseo y nuevas fuerzas. Todo es don y regalo de la vida, de Dios, por medio de las fuerzas ocultas en nuestra naturaleza.

Son experiencias no manipulables, evidentes para quien las recibe, siem­­pre positivas, que nos cambian el sentido de la vida personal y que para un creyente son una importante gracia de Dios.

Son un regalo de la naturaleza, frecuente, imborrable, que fijan los hi­­tos del camino personal, a los que habrá que recurrir cada vez que la niebla nos obligue a verificar la dirección.

Son momentos tan nuevos y sorprendentes que no parecen reales ni po­­sibles, pero son evidentes para el que los vive. Ante ellos algunos hu­yen por ignorancia o miedo. Pero sin duda posible, son normales en los humanos de esta tierra que se mezclan afortunadamente con nues­­tras historias; para los creyentes son destellos de la cercanía de Dios por la que le alabamos y le damos gracias. 

Llorenç Tous