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5º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A)

Las palabras de Jesús hoy nos llegan  acompañadas de otro mensaje que nos llega a gritos desde millones de hombres y mujeres que hu­yen o mueren del hambre, la guerra o la falta de trabajo.

Hoy tiene lugar la campaña de Manos Unidas. Esta eucaristía en la que recibimos el amor de Dios, nos estimula a participar eficazmente con la meta de la campaña: “Un mundo nuevo, proyecto común”.

El mensaje de millones de hermanos nuestros comienza así: Una de ca­da ocho personas en el mundo sufre desnutrición crónica… Emer­gencia en Filipinas… Millones de refugiados huidos de la gue­rra… Hospitales saturados… genocidios… huérfanos… etc.

Todos estos mensajes son del mismo que dijo: “Tuve hambre y me dis­teis de comer…” Es Jesús que sigue identificándose con el po­bre.

La crisis económica que sufrimos todos está estimulando la soli­da­ri­dad de muchos. Hoy miramos más allá de nuestras fronteras donde tan­tos hermanos sufren situaciones peores que las nuestras. Dejé­mo­nos interpelar y canalicemos nuestra solidaridad.

 

“Vosotros sois la sal de la tierra…vosotros sois la luz del mun­do”

La sal se diluye y desaparece para dar gusto a la comida, también sir­ve para conservar alimentos, evitar accidentes en carretera… etc. La fe en Jesús, integrada personalmente en cada uno de nosotros, nos da un sentido pleno, gozoso y esperanzador a la vida de cada uno, pe­ro además nos señala la orientación de la sociedad según el pro­yecto de Dios.

Esta sal de los mensajeros del evangelio es sabiduría. La tienen todos los trabajadores honrados, cumplidores de su deber; los padres y los edu­cadores que viven su vocación con ilusión y responsabilidad; to­dos los que sirven a una causa noble, como el estudio, la enseñanza o la investigación.

Sal del mundo son todas las personas alegres, positivas y es­pe­ran­za­das. La sal de la tierra son la bondad, la paciencia y el perdón.

Sal de la humanidad son todos los que creen y viven en el amor, és­tos testifican con su vida, que el amor es el eco de Dios.

Todos los creyentes convencidos y coherentes llenan de sentido la vi­da; entre ellos están los amigos de Jesús que prolongan su presencia y su salvación en el mundo. Ojalá todos y cada uno de los que leáis es­tas líneas podamos contarnos entre ellos.

 

“Si la sal se vuelve sosa”

Así están los que no han encontrado o han perdido el sentido de su vida. Es­tán desmotivados y vacíos, apenas “cumplen” con esfuerzo su mi­sión en el mundo. Por cansancio o rutina funcionan como un robot, sin alegría, deshumanizados. ¿Podrán rejuvenecerse y cambiar? ¿Qui­én podrá resucitarles a una vida feliz y fecunda?

Ante todo deben ser conscientes de su muerte en vida y han de que­rer salir de su sepulcro. A cada uno de ellos grita Jesús con voz fuer­te: “Lázaro, ¡sal afuera!”. Juan 11, 43.

 

“Vosotros sois la luz del mundo”

 Jesús, abriendo los ojos al ciego de nacimiento e iluminando su vida con la fe, demostró ser verdad su proclamación anterior: “Yo soy la luz del mundo, quien me siga no caminará en tinieblas, antes ten­drá la luz de la vida”. Juan 8, 12. A sus discípulos Jesús nos en­car­ga continuar su misión siendo un reflejo de su mensaje.

Luz del mundo son los que luchan por la justicia y el amor al lado de los pobres. Éstos no se corrompen por dinero, ni por escalar el poder o mantenerse en él. Son humildes y gozan de una libertad interior que translucen en sus ambientes. Todos ellos irradian la luz de Jesús y acercan a Él porque ya son ciudadanos del Reino de Dios.                          

                                                               Llorenç Tous