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28º DOMINGO ORDINARIO (C)

“-Levántate, vete, tu fe te ha salvado” 

Los enfermos de lepra vivían separados del pueblo, en grupos que atendían sus familiares sin tocarles. Eran los más marginados has­ta físicamente de la sociedad. Su enfermedad considerada con­tagiosa, representaba una maldición de Dios que dejaba impuro al que le tocaba. Jesús para corregir esta falsa idea de Dios,  “tocaba” a los leprosos.”Extendió la mano y le tocó”. Mateo 8, 3. Un de­talle que muestra la ternura con la que  se acercaba Jesús a los excluidos de la sociedad.

Los leprosos padecían injusticia y soledad; pueden considerarse como un colectivo emblemático de tantas personas y situaciones pa­re­cidas en nuestro mundo. Sin culpa alguna de su parte, son víctimas de un sistema injusto que les abandona a su dolorosa im­potencia y soledad. La actitud de Jesús ante estos diez leprosos del evan­gelio nos señala la dirección y la actitud que debemos seguir sus discípulos. En la vigilia de Pentecostés el Papa Francisco dijo: ”Cuan­do la Iglesia se encierra, enferma… La Iglesia debe salir de sí misma… ¿Hacia dónde? Hacia las periferias exis­tenciales”.

La enfermedad puede convertirse en crecimiento interior cuando es aceptada, porque nos da la medida de nosotros mismos y nos acer­­ca a todos los que sufren; desde nuestra pobreza nos estimula a invocar a Dios.

Aunque los leprosos vivían separados de la gente, alguien les dio no­ticias de Jesús, de su manera de acercarse a los enfermos y de sus palabras. El Espíritu hizo crecer en ellos la semilla que otros ha­bían sembrado en sus corazones.

Los leprosos de este evangelio confiaban en Jesús y le suplicaban con la oración que su estado les provocaba:”Jesús, maestro, ten com­pasión de nosotros”. Respetando la distancia que la sociedad les imponía, le llamaban a gritos.

 

La gratitud

Cuando recuperamos la salud, crece nuestra alegría y gratitud al Se­ñor y a los que nos ayudaron en el trance. Pero no todos res­ponden después así, por eso Jesús pregunta: ”-¿No han quedado lim­pios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están?”.

La gratitud es una necesidad para toda persona que reconoce los do­nes recibidos. Los creyentes tenemos muchísimos motivos para ala­bar a Dios por sus dones en la creación, en la historia de la Igle­sia y en la vida de cada uno. El tiempo es la plataforma perenne en la que se nos revela el poder, la imaginación y la bondad de Dios.”Enséñanos a llevar buena cuenta de nuestros días, para que adquiramos un corazón sensato”. Salmo 90, 12.

 

Los leprosos de hoy

En nuestra sociedad los enfermos de Sida son para muchos,  co­mo los leprosos de los tiempos de Jesús. Sufren soledad y rechazo so­cial. Lo mismo podemos decir de algunos grupos de emigrantes. Los que se acerquen a ellos con amor siguen con su testimonio la ac­titud de Jesús.

La lepra no puede ser símbolo del pecado porque esta enfer­medad nada tiene que ver con la responsabilidad de la persona. Es una desgracia como todas, propia del barro humano.

En este nuestro barro ha derramado Dios su Espíritu que “viene en ayuda de nuestra debilidad” y nos va transformando a ima­gen de su Creador y Señor.

 

Llorenç Tous