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LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (C)

 

Comentario al evangelio: Lucas 24, 46-53

 

“Se separó de ellos subiendo hacia el cielo” 

El camino de Jesús viene desde muy lejos: “se vació de sí…haciéndose semejante a los hombres…mostrándose en figura humana… (Filipenses 2,7)… afrontó decidido el viaje hacia Jerusalén (Lucas 9, 51)…Jesús recorría toda la Galilea, enseñando… proclamando la buena noticia…y curando… (Mateo 4, 23). Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí. (Juan 12, 32). 

Los hitos de su camino son desde el Padre, al seno de su Madre María. De Nazaret a Galilea. De Galilea a Jerusalén. De  la Cruz al sepulcro y a los infiernos. De la muerte a su resurrección. Desde Betania otra vez al Padre. Esta es  la geografía de sus pies benditos y de su presencia salvadora. 

Contemplemos hoy con sus discípulos su última presencia física entre nosotros y quedémonos a su  lado en el momento descrito así por Lucas: “En su presencia se elevó, y una nube se lo quitó de la vista. Seguían con los ojos fijos en el cielo mientras él se marchaba”. Hechos 1, 9-10. 

Ése es un final y un principio para Jesús y para nosotros. Él alcanza la plenitud gloriosa, nosotros nos sumergimos en la plenitud de nuestra fe en su presencia. 

Ese instante divide y al mismo tiempo une dos mundos, dos partes del mismo camino; del camino de Jesús y de nuestro camino. Jesús se acerca “a la diestra de Dios Padre”, nosotros nos encaminamos hacia la puerta de la Iglesia al lado de la Madre María. El Espíritu santo que condujo a Jesús desde el instante de su concepción entre nosotros, conducirá también los caminos de su Iglesia a punto de nacer, porque las últimas palabras de Jesús son una promesa: “Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido…que os revistáis de la fuerza de lo alto”. 

Detengámonos  un poco más ante este momento, “la hora de pasar de este mundo al Padre”, Juan 13, 1, porque es el mismo misterio de la Resurrección de Jesús contemplado y creído desde otra perspectiva. Un eco de tanta gloria recibimos los cristianos también en el momento de morir en este mundo y resucitar para Dios.

El último instante de vida en el cuerpo experimentado por Jesús en la cruz, tiene una continuidad gloriosa, más allá del tiempo, desde el lugar cercano a Betania. “Levantando las manos, los bendijo”. Una nube se interpuso entre Él y nosotros, nube que nuestra fe traspasa y nos permite subir con él hacia el Padre, al mismo tiempo que, “bendecidos por él”, volvemos a nuestros días “con gran alegría…bendiciendo a Dios”. Con esta perspectiva nace en nosotros la esperanza, vemos el mundo con ojos nuevos, porque sus últimas palabras en este mundo fueron. “Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo”. Mateo 28, 20. 

Para nosotros los discípulos de Jesús, esta celebración de su Ascensión a los cielos, nos sube con él al Padre. Por eso san Pablo nos dice con todo derecho:”Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo”. Filipenses 3, 20. 

Después de su Ascensión el contexto vital de Jesús resucitado ya no son las sinagogas de Galilea, ni el camino de Jerusalén, ni su templo, sus sacerdotes o su culto. “El Padre y yo somos uno”. El  Padre vela con amor sobre todos los hombres y a todos quiere dar su Espíritu que Jesús a todos mereció. Por eso la Iglesia es católica. Nosotros sus hijos tenemos como meta ser fermento de amor, de paz y de justicia en la sociedad de todos los tiempos y lugares. 

Llorenç Tous