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V DOMINGO DE CUARESMA (C)

 

“Mirad que realizo algo nuevo” Isaías 43, 16-21 

La nueva imagen de Iglesia que se ha presentado con la renun­cia del Papa Benedicto XVI  nos ofrece un comentario actual a estas palabras del Profeta. 

El gesto del papa Benedicto ha sido realmente “algo nuevo”. La pregunta que ahora sigue es si esta novedad seguirá con la Nue­va Evangelización que el Papa Benedicto  promocionó con el Año de la Fe. Se trata de una renovación profunda que comienza con la con­ver­sión a Jesús y a su evangelio desde el corazón de cada uno.  Re­quie­re superar la religiosidad popular y convertirla en una fe adulta y com­prometida en este mundo  injusto y opresor; esta conversión tie­ne que implicar las estructuras de la misma Iglesia. 

Sin duda que le novedad de esta renuncia, tan libre, humilde y co­herente, es una prueba de la presencia de Jesús Resucitado, Pastor Su­premo de la Iglesia universal entre nosotros. Su Espíritu  rompe mol­des, inspira gestos proféticos y alimenta la esperanza. Nada se re­siste a su poder para “destruir y edificar”. Jeremías 1, 10. 

La historia demuestra que la novedad provoca cambios, conver­sión y progreso, aunque sea en medio de rechazos y desconcierto. El mie­do es un mecanismo de defensa ante todo lo nuevo; necesita ser tra­tado para que no sea un freno insuperable. Dios siempre es “algo nue­vo” para el creyente que ha puesto en Él su esperanza; los que tie­nen motivos para esperar y luces para entender, aprovechan lo nue­vo para crecer y fructificar. 

La novedad es exigida no sólo por Jesús y su Evangelio, sino por nuestro mundo, cuya mentalidad evoluciona y cambia para bien y pa­ra mal, las dos cosas a la vez. 

Las palabras del profeta Isaías, son  un oráculo de salvación que fundamenta su mensaje esperanzador recordando historias pasa­das, y hechos actuales; anuncia un futuro que los supera todos. 

Es un deber de justicia la memoria del pasado, pero no se puede convertir en una fuga nostálgica ante los retos del presente. “Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús”. Filipenses 3, 13-14. 

“-Mujer, ¿dónde están tus acusadores?” Evan.  Jn 8, 1-11

Los sabios letrados y los observantes fariseos, pretendiendo sa­car en público contradicciones en la doctrina de Jesús, caen  ellos en la trampa. Su planteamiento realza todavía más la superioridad del Maes­tro que, sentado y como ajeno a sus “ejemplares acusaciones”, no entra al trapo. Es una estampa teatral y dramática. Jesús deja que el silencio separe los dos frentes, después se pone en pie y lanza una pro­puesta que cae como un dardo encendido sobre sus enemigos: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. La hipocresía y la injusticia quedan vergonzosamente delatadas, porque  “al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, comenzando por los más vie­jos”. Aquellos que pretendían ser los garantes de la moralidad y de la observancia de la Ley, no la observan y pecan como los que ellos acusan. 

Eliminado el enemigo, Jesús tiene el terreno libre para proclamar claramente su mensaje salvador. Esta es la gran novedad res­pecto a toda la ley de Moisés tan defendida por los sabios letrados y los observantes fariseos. Ésta descargaba todo su rigor sobre la mujer, en cambio dejaba impunes a aquellos hombres con cartel de justos. 

Jesús  se enfrenta hasta con la misma Ley de Moisés, no dis­tin­gue entre el delito del hombre o de la mujer. Respeta la dignidad de aquella mujer humillada, se pone en pie y, después de ironizar sobre la conducta de los acusadores, le dice: “Tampoco yo te condeno. An­da, y en adelante, no peques más”. 

Así comenzó una nueva relación entrañable y salvadora entre Jesús y aquella mujer. Es lo menos que podía ocurrir y es normal que en adelante ella fuese una más de las que le seguían y cuidaban.

Los mensajes de las lecturas de hoy ya nos introducen en la no­ve­dad de la Resurrección del Señor que pronto celebraremos como me­ta de la Cuaresma.       

 

Llorenç Tous