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III DOMINGO ORDINARIO (C)

“Para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”

El pasado domingo la liturgia nos presentaba un resumen de la obra de Je­sús según el evangelio de san Juan. De hoy en adelante, bajo la guía del evangelista Lucas, seguiremos “el relato de los hechos que se han ve­ri­ficado entre nosotros”.

Estos hechos que se habían conservado por tradición  oral desde el mismo Je­sús, ahora Lucas decide redactarlos por escrito, afirmando antes que se in­for­mó con exactitud hasta llegar a los datos procedentes de los mismos con­temporáneos del Señor Jesús.

Para este evangelista los tales hechos son  contemporáneos en sentido de fe, ya que siguen dando sentido a la vida de los cristianos de su tiempo y de todos los tiempos. Por tanto en este Teófilo, al que dedica su escrito, es­tamos todos nosotros, los que hoy celebramos esta eucaristía, y gracias a su libro, nos confirmaremos en la solidez de nuestra fe a lo largo de ca­da domingo.

“El Espíritu del Señor está sobre mi”

Desde su concepción, pasando por su bautismo en el Jordán y por las ten­taciones en el desierto, el Espíritu Santo ha ido conduciendo a Jesús, se­gún Lucas. Ahora, al iniciar su predicación en público, también es el Es­píri­tu Santo quien le lleva a Nazaret. Comienza desde abajo, desde lo más cercano e inmediato, desde su pueblo. No busca un lugar importante ni un au­ditorio numeroso.

Según Lucas, su programa cumple la misión anunciada por el profeta. Cfr. Isaías 61; de los versículos  que selecciona, evita el v. 8: “el día del des­quite de nuestro Dios”, porque su programa pretende liberar a los po­bres, dar sentido a los ignorantes o descarriados, hacer justicia, dar es­peranza y alegría; suprime lo que pueda reflejar pena o castigo. Al re­su­mirlo Lucas con palabras del profeta, nos dice que Jesús se siente enviado por Dios para dar cumplimiento a lo anunciado en el Antiguo Testamento.

Sus paisanos de Nazaret se admiran de las palabras del ”hijo de José”, vecino de toda la vida que ahora les habla con sabiduría. Sin embargo su ad­­mi­ración se cambia en rechazo.”Todos lo aprobaban admirados…lo sa­caron fuera de la ciudad…con intención de despeñarlo…Ningún pro­feta es aceptado en su patria”.

Lucas nos da grandes lecciones en este domingo. Jesús es conducido por el Espíritu Santo; su misión está presidida por el Espíritu de Dios y se re­su­me en las múltiples manifestaciones del amor de Dios, del que Jesús es tes­tigo y heraldo: consuelo, libertad, justicia, alegría, fiesta, renovación, uni­versalidad, abundancia, primavera  universal. Leyendo todo el capítulo 61 de Isaías, del que Jesús selecciona unas palabras, podemos conocer el pr­o­­grama completo que Jesús se propone. Contemplemos con calma este ca­­pí­tulo y dejémonos impregnar por su belleza; puede llenarnos de es­pe­ran­za en nuestros tiempos, tan necesitados de ella.

Ocurre una reacción singular en los oyentes, sus paisanos. Primero se admiran, o sea, reconocen la bondad y la belleza del programa, pero al pro­fundizarlo, lo rechazan porque les obliga a cambiar; Jesús les habla de otro Dios, diferente del que siempre habían oído, por eso no tienen fe en él. Jesús para ellos no será un enviado de Dios, sino el vecino de siempre que nada de particular había demostrado hasta  la fecha, por tanto re­chazan su persona y su mensaje.

También  hoy ocurre que ciertos oyentes de la Palabra de Dios gustan de ella y se admiran, pero al profundizarla y ver el cambio de mentalidad y de con­ducta que les exige, pasan de la admiración al rechazo.

Los misioneros y testigos de la Palabra que sufren hoy el rechazo, pueden ani­marse viendo el fracaso de Jesús el primer día de su predicación entre los suyos.

A lo largo de su evangelio Lucas describirá la fe de muchos que es­cu­cha­ron a Jesús y le siguieron, sobre todo entre los excluidos de la sociedad, los pequeños, los tenidos por impuros, pecadores o enfermos.

                                                             Llorenç Tous