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SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

FESTIVIDAD DE SANTA MARIA MADRE DE DIOS

1 de enero 2013

Comenzar el año desde la fe

Al comenzar esta Año Nuevo, ante la situación general del mundo, nos agobia una tristeza que busca alimentar la esperanza. Al mismo tiem­­po aflora en nuestro corazón la gratitud a Dios por el tiempo de vi­­da que nos sigue dando aunque esté marcado por tribulaciones e in­­se­guridad.

El panorama mundial es incierto y preocupante en alto grado, porque la injusticia causa dolor y muerte en muchos pueblos que han perdido la paz.

Numerosos colectivos suben dolorosamente a un calvario donde les es­pera la muerte, víctimas de la injusticia, como Jesús.

La esperanza está averiada o se perdió del todo en muchos cora­zo­nes, porque el egoísmo y la maldad dirigen los proyectos de muchos po­de­rosos de la tierra.

El planeta tierra gime bajo la esclavitud de los poderes del mundo que lo exprimen sin compasión hasta dejarlo en agonía.

Los derechos humanos siguen escandalosamente conculcados para mu­chos millones de personas.

Muchos hermanos nuestros no encuentran el sentido de su vida, es­can­dalizados o esclavos de injusticias estructurales; éstos, como la viu­da de Sarepta, se preparan para un final inminente y trágico.

 

“El Señor se fije en ti y te conceda la paz” (1ª lectura)

Frente a esta tan dolorosa realidad, levantamos suplicantes los ojos al cielo, buscando la ayuda de Dios Padre. La Iglesia nos habla hoy de paz y de la Madre de todos los hombres. Madre de la Esperanza, Ma­dre de los desamparados. También estaba Jesús en su agonía cuando nos la dio por Madre.

La Nueva Evangelización promovida por el Papa y los Obispos en este Año de la fe, nos ofrece un amplio abanico de recursos para recu­perar la esperanza, renovar nuestro compromiso y luchar cada uno en nuestro puesto para humanizar este mundo al que Jesús, por medio de nosotros, ofrece su Buena Noticia, su Madre y su Espíritu de amor.

La gran crisis global en la que estamos inmersos, puede ser y será, si no­so­tros queremos, una ocasión de renovación cristiana. El sol siem­pre amanece por donde es más oscuro. “Donde proliferó el peca­do, sobreabundó la gracia… sabemos que todo concurre al bien de los que aman a Dios”. Romanos 5,20; 8, 28.

Los grandes sufrimientos de los pobres y necesitados, moverá nues­tros ánimos a la misericordia y a la lucha por la justicia. Su pobreza nos liberará de egoísmos y comodidades. Sus grandes necesidades nos obligarán a salir de nosotros mismos y exigirán organizarnos con in­te­ligencia y generosidad. Sus interrogantes harán madurar nuestra fe. Nuestras impotencias serán escuela de oración. Día a día expe­ri­men­taremos que Dios escucha al que lo invoca sinceramente porque es “padre de huérfanos y protector de viudas”. Salmo 68, 6. ”Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”. Salmo 145,18.

La seguridad que alimenta nuestra esperanza no radica en nosotros, sino en Dios cuyo amor, ternura y poder nos acompañan fielmente. Con­fiemos en Él al mismo tiempo que ponemos todo nuestro es­fuerzo.

                                                             Llorenç Tous

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

PREGUNTAS DE AÑO NUEVO

Hoy comenzamos un «año nuevo». ¿Cómo será?, ¿qué espero yo del nuevo año?, ¿qué deseo de verdad?, ¿qué es lo que necesito?, ¿a qué dedicaré mi tiempo más precioso e importante?, ¿qué sería para mi algo realmente nuevo y bueno en este año que hoy comienza?

¿Viviré de cualquier manera, pasando de una ocupación a otra, sin saber exactamente qué quiero ni para qué vivo, o aprenderé a distinguir lo importante y esencial de lo que es secundario? ¿Viviré de forma rutinaria y aburrida, o aprenderé a vivir con espíritu más creativo?

¿Seguiré este año alejándome un poco más de Dios o empezaré a buscarlo con más confianza y sinceridad? ¿Seguiré un año más mudo ante él, sin abrir mis labios ni mi corazón, o brotará por fin de mi alma maltrecha una invocación pequeña, humilde pero sincera?

¿Viviré también este año preocupado sólo por mi bienestar o sabré preocuparme alguna vez de hacer felices a los demás?, ¿a qué personas me acercaré?, ¿sembraré en ellas alegría, o contagiaré desaliento y tristeza? Por donde yo pase, ¿será la vida más amable y menos dura?

¿Será un año más, dedicado a hacer cosas y más cosas, acumulando egoísmo, tensión y nerviosismo o tendré tiempo para el silencio, el descanso, la oración y el encuentro con Dios?, ¿me encerraré solo en mis problemas o viviré tratando de hacer un mundo más humano y habitable?

¿Seguiré con indiferencia las noticias que día a día me llegarán desde los países del hambre?, ¿contemplaré impasible los cuerpos destrozados de las gentes de Irak o los ahogados de las pateras?, ¿seguiré mirando con frialdad a los que vienen hasta nosotros buscando trabajo y pan? ¿Cuándo aprenderé a mirar a los que sufren con corazón responsable y solidario?

Lo «nuevo» de este año no nos vendrá de fuera. La novedad sólo puede brotar de nuestro interior. Este año será nuevo si aprendo a creer de manera nueva y más confiada, si encuentro gestos nuevos y más amables para convivir con los míos, si despierto en mi corazón una compasión nueva hacia los que sufren.

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

TRABAJAR POR LA PAZ

Dando gloria y alabanza a Dios.

Hoy se celebra en el mundo entero el día de la Paz. En medio de una humanidad envuelta en tantas guerras y conflictos, la Iglesia desea comenzar el nuevo año elevando hasta Dios una oración por la paz.

Pero, ¿qué puede significar hoy una oración por la paz en este mundo desgarrado por tanta violencia? ¿Un entretenimiento religioso para aquellos que no saben o no se atreven a hacer nada más eficaz por lograrla? ¿Un tranquilizante cómodo que nos consuela de nuestra pasividad e inhibición?

Antes que nada, conviene recordar que nuestra oración no es para informar a Dios de la falta de paz que hay entre nosotros. No es Dios el que necesita «enterarse» de la ausencia de paz en el mundo, sino nosotros los que necesitamos descubrir los obstáculos que cada uno ponemos a la justicia y a la paz.

No es Dios quien tiene que «reaccionar», cambiar de manera de actuar y «hacer algo» para que se cumplan nuestros deseos de paz. Somos nosotros los que tenemos que cambiar para ajustar nuestras actuaciones y nuestra vida a los deseos de paz de Dios para la humanidad.

Si la oración es encuentro sincero con Dios, no lleva a la evasión y la cobardía. Al contrario, fortalece nuestra voluntad, estimula nuestra debilidad y robustece nuestro ánimo para buscar la paz y trabajar por ella incansablemente.

Quien pide la paz ardientemente, se hace más capaz para acogerla en su corazón. Más aún. Quien ora así a Dios, está haciendo ya la paz en su interior. No podrá «orar contra nadie» si no es contra su propio pecado, su ceguera, su egoísmo e intolerancia, sus reacciones de odio y venganza.

La verdadera oración convierte. Nos hace más capaces de perdón y reconciliación, más sensibles frente a cualquier injusticia, abuso y mentira. Más libres frente a cualquier manipulación.

No se puede trabajar por la paz de cualquier manera, pues introduciremos inconscientemente nuevos géneros de violencia y conflictividad entre nosotros. Con el corazón lleno de odio, condena, intolerancia y dogmatismo, se pueden hacer muchas cosas. Todo menos aportar verdadera paz a la convivencia entre los hombres. ¿No necesitaremos todos detenernos más a hacer paz en nuestro corazón? ¿No estará el mundo necesitado de más oración por la paz?

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

PREGUNTAS DE AÑO NUEVO

María conservaba estas cosas meditándolas en su corazón.

Hoy comenzamos un «año nuevo». ¿Cómo será?, ¿qué espero yo del nuevo año?, ¿qué deseo de verdad?, ¿qué es lo que necesito?, ¿a qué dedicaré mi tiempo más precioso e importante?, ¿qué sería para mí algo realmente nuevo y bueno en este año que hoy comienza?

¿Viviré de cualquier manera, pasando de una ocupación a otra, sin saber exactamente qué quiero ni para qué vivo, o aprenderé a distinguir lo importante y esencial de lo que es secundario? ¿Viviré de forma rutinaria y aburrida, o aprenderé a vivir con espíritu más creativo?

¿Seguiré este año alejándome un poco más de Dios o empezaré a buscarlo con más confianza y sinceridad? ¿Seguiré un año más mudo ante él, sin abrir mis labios ni mi corazón, o brotará por fin de mi alma maltrecha una invocación pequeña, humilde pero sincera?

¿Viviré también este año preocupado sólo por mi bienestar o sabré preocuparme alguna vez de hacer felices a los demás?, ¿a qué personas me acercaré?, ¿sembraré en ellas alegría, o contagiaré desaliento y tristeza? Por donde yo pase, ¿será la vida más amable y menos dura?

¿Será un año más, dedicado a hacer cosas y más cosas, acumulando egoísmo, tensión y nerviosismo o tendré tiempo para el silencio, el descanso, la oración y el encuentro con Dios?, ¿me encerraré solo en mis problemas o viviré tratando de hacer un mundo más humano y habitable?

¿Seguiré con indiferencia las noticias que día a día me llegarán desde los países del hambre?, ¿contemplaré impasible los cuerpos destrozados de las gentes de Irak o los ahogados de las pateras?, ¿seguiré mirando con frialdad a los que vienen hasta nosotros buscando trabajo y pan? ¿Cuándo aprenderé a mirar a los que sufren con corazón responsable y solidario?

Lo «nuevo» de este año no nos vendrá de fuera. La novedad sólo puede brotar de nuestro interior. Este año será nuevo si aprendo a creer de manera nueva y más confiada, si encuentro gestos nuevos y más amables para convivir con los míos, si despierto en mi corazón una compasión nueva hacia los que sufren.

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

HORAS IMPORTANTES

María conservaba estas cosas meditándolas en su corazón.

Desconocemos lo que nos espera en el nuevo año. No sabemos siquiera si lo terminaremos. Nadie lo sabe. Así caminamos los humanos a través del tiempo. Es normal que se despierten en nosotros preguntas inquietantes: ¿qué nos traerá el nuevo año?, ¿con qué me iré encontrando a lo largo de los días?, ¿tendré suerte?, ¿me irá mal?

También nos podemos preguntar: ¿cómo viviré yo este año?, ¿en qué puedo crecer?, ¿en qué me puedo estropear?, ¿me renovaré interiormente o envejeceré?, ¿será un año lleno de vida?, ¿será vacío y rutinario?

No todas las horas del nuevo año serán iguales. Habrá momentos importantes y momentos que apenas dejarán huella en nosotros. Pero, a veces, experiencias que no parecen dignas de ser registradas en un diario, pueden tener gran significado en nuestra vida. Quiero recordar algunas.

Si en algún momento de este año soy capaz de renunciar al egoísmo en el que normalmente vivo atrincherado y me decido a hacer algún gesto de bondad sin buscar contrapartidas ni exigir reconocimiento, habrá sido una hora importante.

Si en alguna circunstancia me olvido de otros intereses y actúo simplemente por honestidad, aunque sé que voy a quedar ante muchos como un imbécil, será una hora importante, pues habré recuperado mi dignidad.

Si un día de este nuevo año, decido por fin pararme a reflexionar para poner más verdad en mi vida, escuchando la voz íntima de mi conciencia, habrá sido una hora muy importante.

Si en algún momento renuncio a excusarme como acostumbro, escucho la crítica de quienes me conocen bien, y hago un esfuerzo por corregir mi vida de defectos y miserias que no aceptaría en los demás, será una hora importante, pues empezaré a cambiar.

Si un día, en vez de rezar como siempre de manera rutinaria y aburrida, me olvido de pronunciar palabras y me quedo en silencio ante Dios despertando en mi corazón la confianza y el agradecimiento, será una hora muy importante en la historia de mi fe.

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

NUEVO AÑO

Dando gloria y alabanza a Dios.

Se ha dicho que el aburrimiento es una de las enfermedades más graves de nuestro tiempo. Las personas se aburren, se cansan de vivir, no saben ya qué hacer para sentirse vivas por dentro.

No estamos hablando de esa sensación que podemos experimentar cuando nos aburre la lectura de un libro o la conversación con una persona. Se trata de un aburrimiento más profundo, que viene desde dentro y envuelve toda la existencia de indiferencia, escepticismo y tedio. Todo parece entonces soso e insípido. Nada merece la pena. Se vive en un desierto interior.

Este aburrimiento no es una enfermedad nueva. Los medievales la llamaban acedia, y Santo Tomás de Aquino dice de ella que es la causa primera de muchos males, pues destruye de raíz el deseo de vivir de manera activa. Es normal que las personas traten de huir de este aburrimiento y vacío interior. Pero no todos los caminos son igualmente acertados.

Hay quienes buscan la huida en la diversión. Necesitan proteger su vida entreteniéndose en algo. Hay que disfrutar al máximo de todo. Pero paradójicamente, una vida dedicada al hedonismo es con frecuencia poco divertida. «La buena vida puede ser algo desesperadamente poco festivo» (J. Pieper).

Otros buscan la novedad y variedad. Tratan de romper la monotonía de su vida visitando nuevos lugares, estableciendo nuevas relaciones o cambiando sus hábitos y costumbres. Todo puede ser ayuda positiva. Pero la novedad ha de venir de dentro hacia fuera, no de fuera hacia dentro.

La verdadera liberación consiste en descubrir de nuevo un sentido a la vida. Recuperar «el amor creador», que es lo más contrario al aburrimiento. Despertar nuestra vida interior, cuidarla mejor, enriquecerla.

Hoy comenzamos un año nuevo. ¿Cómo será? ¿Estará marcado por el aburrimiento o por el amor creativo? ¿Será un año dedicado a «hacer cosas», resolver asuntos, asegurar mi pequeño bienestar, acumular egoísmo, nerviosismo y tensión? ¿Será un año en que aprenderé a ser más humano? ¿Sabré amar con más ternura y dedicación?

¿Qué tiempo dedicaré al silencio, a la intimidad, al descanso, a la amistad, a la oración y al encuentro con Dios? ¿A qué personas me acercaré, a quienes podré hacer un poco más felices, en quién despertaré un poco de alegría y esperanza?

¿Qué es lo que realmente quiero yo de este año? ¿Será un año vacío, aburrido, triste y rutinario? ¿Será un año en que crecerá mi fe y aumentará mi esperanza? ¿Será un año que me acercará a la vida eterna?

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

LA PAZ ES POSIBLE

Dando gloria y alabanza a Dios.

Con el título “También hoy es posible la paz. Hagámosla”, el obispo de San Sebastián, José María Setién, publicaba hace un año una carta pastoral sobre la pacificación en el País Vasco. El escrito, lleno de realismo y esperanza, es, al mismo tiempo, una llamada a construir la paz. Recojo algunas de sus afirmaciones más importantes, en este Día Mundial de la Paz.

La paz habrá de alcanzarse a través de procesos que sean ellos mismos pacíficos y, por ello, pacificadores... Las acciones que atentan directamente contra los derechos fundamentales de personas concretas son incompatibles con la justicia de un proceso de paz.

Decimos con rotundidad que NO a los asesinatos, a los secuestros, a las amenazas y a los chantajes de ETA, lo mismo que decimos NO a las torturas, a los malos tratos y a las violaciones de los derechos reconocidos a los presos. Ese NO... se convierte en un SÍ radical a la dignidad humana y a los derechos que la protegen, y también a la pacificación social.

La calle no debe ser objeto de conquista para nadie. La calle es patrimonio de todos, como lo es el espacio público del que necesitamos para no asfixiarnos... Se ha de afirmar el derecho a un uso plural de los espacios públicos, sin violencias ni contaminaciones que hagan impracticable e irrespirable el clima que en ellos se pueda crear. No es verdad que cada cual puede hacer lo que quiera en la calle y con la calle, solamente porque ello pueda serle útil.

Hay que saber distinguir entre lo que es el ejercicio de la libre expresión y manifestación, propias de una sociedad democrática, y lo que es la «lucha» que lleva consigo la agresión contra los derechos de las personas y contra los bienes materiales públicos o de personas y entidades privadas.

No trabaja al servicio de la paz quien responde con agresión a la agresión. Para rechazar las agresiones injustas deben buscarse caminos distintos de la confrontación cívica... Un pueblo debe tener y debe ejercer los medios legítimos para la eliminación de la violencia callejera.

La búsqueda colectiva de la verdad, necesaria para podernos entender, exige afirmar y asegurar el clima de libertad necesario para poder decirla, con exclusión de las amenazas veladas o manifiestas que traten de amordazarla. Nadie tiene derecho a machacar a cuantos, desde las diversas perspectivas y caminos de acceso a la verdad, tratan de hacer su aportación en favor de la clarificación de los hechos, de sus causas y de lo que cree ser un paso hacia adelante al servicio de la justicia y de la paz.

Dialogar no quiere decir dar por bueno lo hecho por aquel con quien se dialoga. Lo que el diálogo debe buscar no es otra cosa que el cambio de la situación dolorosa en que nos hallamos, para dar así el paso a una situación normalizada y más humana.

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

POR LA PAZ

Dando gloria y alabanza a Dios.

Hoy se celebra en el mundo entero el Día de la Paz. En medio de una humanidad envuelta en tantas guerras y conflictos, la Iglesia desea comenzar el nuevo año elevando hasta Dios una oración por la paz.

Pero, ¿qué puede significar hoy una oración por la paz en este pueblo desgarrado por tanta violencia? ¿Un entretenimiento religioso para aquellos que no saben o no se atreven a hacer nada más eficaz por lograrla? ¿Un tranquilizante cómodo que nos consuela de nuestra pasividad e inhibición?

Antes que nada, conviene recordar que nuestra oración no es para informar a Dios de la falta de paz que hay entre nosotros. No es Dios el que necesita «enterarse» de la ausencia de paz en el mundo, sino nosotros los que necesitamos descubrir los obstáculos que cada uno ponemos a la justicia y a la paz.

No es Dios quien tiene que «reaccionar», cambiar de manera de actuar y «hacer algo» para que se cumplan nuestros deseos de paz. Somos nosotros los que tenemos que cambiar para ajustar nuestras actuaciones y nuestra vida a los deseos de paz de Dios para la humanidad.

Si la oración es encuentro sincero con Dios, no lleva a la evasión y la cobardía. Al contrario, fortalece nuestra voluntad, estimula nuestra debilidad y robustece nuestro ánimo para buscar la paz y trabajar por ella incansablemente.

Quien pide la paz ardientemente, se hace más capaz para acogerla en su corazón. Más aún. Quien ora así a Dios, está haciendo ya la paz en su interior. No podrá «orar contra nadie» si no es contra su propio pecado, su ceguera, su egoísmo e intolerancia, sus reacciones de odio y venganza.

La verdadera oración convierte. Nos hace más capaces de perdón y reconciliación, más sensibles frente a cualquier injusticia, abuso y mentira. Más libres frente a cualquier manipulación.

No se puede trabajar por la paz de cualquier manera, pues introduciremos inconscientemente nuevos géneros de violencia y conflictividad entre nosotros. Con el corazón lleno de odio, condena, intolerancia y dogmatismo, se pueden hacer muchas cosas. Todo menos aportar verdadera paz a la convivencia entre los hombres. ¿No necesitaremos todos detenernos más a hacer paz en nuestro corazón? ¿No estará este pueblo necesitado de más oración por la paz?

 

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO

Litúrgicamente, hoy es la fiesta de «Santa María Madre de Dios»; es también la «octava de Navidad» y por tanto el recuerdo de «la circuncisión de Jesús», celebración judía que se celebraba al octavo día del nacimiento de los niños, y en la que se les imponía el nombre. Para el hombre y la mujer de la calle, esos tres componentes de la festividad litúrgica de hoy quedan muy lejos... tanto por el lenguaje que en que son expresados, como por el «imaginario religioso» que evocan...

 

Pero hoy es también el primer día del año civil, «¡Año Nuevo!», y la Jornada Mundial por la Paz, que aunque originalmente es una iniciativa eclesiástica católica, ha alcanzado una notable aceptación en la sociedad, gozando ya de un cierto estatuto civil.

Como se puede ver, pues, hay una buena distancia entre la conmemoración litúrgica y los motivos «modernos» de celebración. Esta distancia, que se repite en otras fechas, con bastante frecuencia, habla por sí misma de la necesidad de actualizar el calendario litúrgico, y, mientras esa tarea no sea acometida oficialmente por quien corresponde, será preciso que los agentes de pastoral tengan creatividad y audacia para reinterpretar el pasado, abandonar lo que está muerto, y recrear el espíritu de las celebraciones.

Pero veamos en primer lugar los textos bíblicos.

Nm 2,22-27 es la llamada bendición aaronítica (de Aarón), porque se afirma que Dios la reveló a Moisés para que éste a su vez la enseñara a Aarón y a sus hijos, los sacerdotes de Israel, para que con ella bendijeran al pueblo. Seguramente fue usada ampliamente en el antiguo Israel. Incluso se ha encontrado grabada en plaquetas metálicas para llevar al cuello, o atada de algún modo al cuerpo, como una especie de amuleto. Arqueológicamente dichas plaquetas datan de la época del 2º templo, es decir, del año 538 AC en adelante. Bien nos viene una bendición de parte de Dios al comenzar el año: que su rostro amoroso brille sobre todos nosotros como prenda de paz. La paz tan anhelada por la humanidad entera, y lamentablemente tan esquiva. Pero es que no basta con que Dios nos bendiga por medio de sus sacerdotes. No basta que él nos muestre su rostro. Aquí no se trata de bendiciones mágicas sino de un llamado a empeñarnos también nosotros en la consecución y construcción de la paz: con nosotros mismos, en nuestro entorno familiar, con los cercanos y los lejanos, con la naturaleza tan maltratada por nuestras codicias; paz con Dios, Paz de Dios.

Buen comienzo del año éste de la bendición. El refrán popular ha consagrado ese deseo de "volver a comenzar" que sentimos todos al llegar esta fecha: "Año nuevo, vida nueva". Uno quisiera olvidar los errores, limpiarse de las culpas que molestan en la propia conciencia, estrenar una página nueva del libro de su vida, y empezarla con buen pie, dando rienda suelta a los mejores deseos de nuestro corazón... Por eso es bueno comenzar el año con una bendición en los labios, después de escuchar la bendición de Dios en su Palabra.

Bendigamos al Señor por todo lo que hemos vivido hasta ahora, y por el nuevo año que pone ante nuestros ojos: nuevos días por delante, nuevas oportunidades, tiempo a nuestra disposición... Alabemos al Señor por la misericordia que ha tenido con nosotros hasta ahora. Y también porque nos va a permitir ser también nosotros una bendición en este nuevo año que comienza: bendición para los hermanos y bendición para Dios mismo. Año nuevo, vida nueva, bendición de Dios.

Gál 4,4-7 es una apretada síntesis de lo que Pablo nos enseña en tantos otros pasajes de sus cartas. En primer lugar, nos dice que el tiempo que vivimos es de plenitud, porque en él Dios ha enviado a su Hijo, no de cualquier manera, sino «nacido de mujer y nacido bajo la ley», es decir, semejante en todo a nosotros, en nuestra humanidad y en nuestros condicionamientos históricos. Pero este abajamiento del Hijo de Dios, nos ha alcanzado la más grande de las gracias: la de llegar a ser, todos nosotros los seres humanos, sin exclusión alguna, hijos de Dios, capaces de llamarlo «Abba», es decir, Padre. Nuestra condición filial fundamenta una nueva dignidad de seres humanos libres, herederos del amor de Dios. Parecerían hermosas palabras, nada más, frente a tantos sufrimientos y miserias que todavía experimentamos, pero se trata de que pongamos de nuestra parte para que la obra de Jesucristo se haga realidad. Se trata de que nos apropiemos de nuestra dignidad de hijos libres, rechazando los males personales y sociales que nos agobian, luchando juntos contra ellos. Esto implica una tarea y una misión: la de hacernos verdaderos hijos de Dios, a nosotros y a nuestros hermanos que desconocen su dignidad.

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, nos recuerda Pablo (Gál 4,4). Nació en la debilidad, en la pobreza, fuera de la ciudad, en la cueva, porque no hubo para ellos lugar en la posada... Nace en la misma situación que el conjunto del pueblo, los sencillos, los humildes, los sin poder.

Este nacimiento real y concreto es asumido por Dios para abrazar en el amor a todos los que la tradición había dejado fuera. Es la visita real de aquel que, por simple misericordia, nos da la gracia de poder llamar a Dios con la familiaridad de Abba -"papito"- y la posibilidad de considerar a todos los hombres y mujeres hermanos muy amados.

En Jesús, nacido de María -la mujer que aceptó ser instrumento en las manos de Dios para iniciar la nueva historia- todos los seres humanos hemos sido declarados hijos y no esclavos, hemos sido declarados coherederos, por voluntad del Padre. La bendición o benevolencia de Dios para los seres humanos da un gran paso: Dios ya no bendice con palabras, ahora bendice a todos los seres humanos y aun a toda la creación, con la misma persona de su Hijo, que se hace hermano de todos. Y nadie queda marginado de su amor.

"Ha aparecido la bondad de Dios" en Jesús, y es hora de alegría estremecida, para hacer saber al mundo -y a la creación misma- que Dios ha florecido en nuestra tierra y todos somos depositarios de esa herencia de felicidad.

Lc 2,16-21, en el lenguaje «intencionado» que por ser un género literario (“evangelio de la infancia”) utiliza con sus signos, Jesús no nace entre los grandes y poderosos del mundo sino, muy en la línea de Lucas, entre los pequeños y los humildes; como los pastores de Belén, que no son meras figuras decorativas de nuestros «belenes», pesebres o nacimientos, sino que eran, en los tiempos de Jesús, personas mal vistas, con fama de ladrones, de ignorantes y de incapaces de cumplir la ley religiosa judía. A ellos en primer lugar llaman los «ángeles» a saludar y a adorar al Salvador recién nacido. Ellos se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír por sí mismos. Algo similar pasa con María y José: no eran una pareja de nobles ni de potentados, eran apenas un humilde matrimonio de artesanos, sin poder ni prestigio alguno. Pero María, la madre, «guardaba y meditaba estos acontecimientos en su corazón», y seguramente se alegraba y daba gracias a Dios por ellos, y estaba dispuesta a testimoniarlo delante de los demás, como lo hizo delante de Isabel, entonando el Magníficat.

Todo ello dentro de una composición teológica más elaborada de lo que su aparente ingenuidad pudiera insinuar. En todo caso, la simplicidad, la pobreza, la llaneza del relato y de lo relatado casan perfectamente con el espíritu de la Navidad.

La «maternidad divina de María», motivo oficial de la celebración litúrgica de hoy, y uno de los tres «dogmas» marianos -si se puede hablar así-, es una formulación que hace tiempo «chirría» en los oídos de quien la escucha desde una imagen de Dios adulta y crítica. Como ocurre con tantos otros «dogmas» y tradiciones tenidas como tales, el pueblo cristiano las ha amalgamado fantásticamente con los evangelios, llegando a pensar que provienen directamente del evangelio.

El versículo Gál 4,4 que hoy leemos, es todo lo que Pablo dice de María. Ni siquiera cita su nombre. La maternidad divina de María en el cristianismo es, claramente, una construcción eclesial. Los evangelios no saben nada de ella, y no será formulada y declarada hasta el siglo V.

 

En este contexto, es importante desempolvar y recordar la historia de tal «dogma», con la conocida «manipulación» del concilio de Éfeso, en el año 431, cuando Cirilo de Alejandría forzó y consiguió la votación antes de que llegaran los padres antioqueños, que representaban en el Concilio la opinión contraria. Se dice que el Pueblo cristiano acogió con entusiasmo esta declaración mariana, pero hay que añadir que se trata de los habitantes de Éfeso, la ciudad de la antigua «Gran Diosa Madre», la originaria diosa-virgen Artemisa, Diana... La fórmula de Éfeso, en cualquier caso, ha sido siempre tenida como sospechosa de concebir la filiación divina y la encarnación en términos monofisitas, que hasta cosifican a Dios, como si se pudiera procrear a Dios y no más bien a un hombre en el que, en cuanto Hijo de Dios, Dios mismo se nos hace patente a la fe... (Nos estamos refiriendo a lo que dice Hans Küng, en Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 1977, pág. 584ss).

El título «madre de Dios» no es bíblico, como es sabido. Para el evangelio María es siempre, nada más y nada menos que «la madre de Jesús», título tan entrañable, real e histórico, que acabará sepultado y abandonado en la historia bajo un montón de otros títulos y advocaciones construidos eclesiásticamente. San Agustín (siglos IV y V) todavía no conoce himnos ni oraciones ni festividades marianas. El primer ejemplo de una invocación directa a María lo encontramos en el siglo V, en el himno latino Salve Sancta Parens.

La Edad Media europea dará rienda suelta a su imaginario teológico y devocional respecto de María. Mientras los primitivos Padres de la Iglesia todavía hablan de las imperfecciones morales de María, en el siglo XII aparece la opinión de su exención del pecado, tanto del personal como del «original». En el mismo siglo XII aparece el Avemaría. El ángelus en el XIII. El rosario en el XIII-XIV. El mes de María y el mes del rosario en el XIX-XX. Los puntos culminantes de esta evolución serán la definición de la «inmaculada concepción de María» (1854, por Pío IX) y la definición de la «asunción de María en cuerpo y alma al cielo» (1950, por Pío XII). Momentos finales de este apogeo mariano son la «consagración del mundo al Corazón de María» en 1942 y 1954, por Pío XII.

Pero todo este marianismo remitió con sorprendente rapidez con el Concilio Vaticano II, que renunció a nuevos «dogmas» marianos, desechó la anterior mariología «cristotípica» (característica de la escuela mariológica española preconciliar), dando paso a una comprensión mariológica mucho más sobria, bíblica e histórica, en la línea «eclesiotípica» (de la escuela alemana principalmente). Aunque la veneración a María (hyper-dulía), superior a la tributada a los santos (dulía), siempre fue distinguida teóricamente de la dada a Dios (latría), lo cierto es que en la religiosidad popular muchas veces María fungió como un verdadero «correlato femenino de la divinidad», y su condición de criatura y de discípula de Jesús y miembro de la Iglesia casi fueron olvidadas (en forma paralela a lo que ocurrió con Jesús respecto de su humanidad).

Hoy, la imagen conciliar de María que la Iglesia tiene es la de «la madre de Jesús», desmitificada, despojada de tantas adherencias fantásticas como se le habían puesto encima a lo largo de la historia: María es una cristiana, muy cercana a Jesús, una discípula suya, un destacado miembro de la Iglesia: la «madre de Jesús», en un título insustituible que le da el mismo evangelio, y a cuyo uso muchos creyentes vuelven en la actualidad, prefiriéndolo al creado en el siglo V. La Constitución dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, en su capítulo octavo (nn. 52-69) ofrece todavía la mejor síntesis de la mariología para nuestros tiempos. El Concilio Vaticano II nos sigue marcando el camino, también en mariología. A la hora de predicar sobre María, debemos remitirnos, necesariamente, a ese capítulo octavo de la Lumen Gentium.

 

 

Concluimos. Seguimos estando en tiempo de Navidad, tiempo en el que la ternura, el amor, la fraternidad, el cariño familiar... se nos hacen más palpables que nunca. La ternura de Dios hacia nosotros, que se expresó en el niño de Belén, inunda nuestra vida, en las luces de colores, los adornos navideños, los villancicos y las reuniones familiares. Todo ayuda a ello en este tiempo todavía de Navidad. Dejemos recalar estos sentimientos en nuestro corazón, para que perduren a lo largo de todo el año.

Al comenzar el año, al poner el pie por primera vez en este nuevo regalo que el Señor nos hace en nuestra vida, vamos a agradecerle con todo el corazón la alegría de vivir, la oportunidad maravillosa que nos da de seguir amando y siendo amados, y la capacidad que nos ha dado para cambiar y rectificar.

 

QUE LA PAZ REINE EN NUESTROS CORAZONES

Por José María Martín OSA

1.- ¡Feliz Año Nuevo 2013! Proclamamos hoy, al comienzo del Nuevo Año, una fórmula antiquísima para bendecir al pueblo invocando sobre él el nombre del Señor. Queremos invocar de Dios sobre toda la humanidad: este deseo: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz". Hoy es la Jornada Mundial por la Paz. La paz bíblica no es un concepto negativo, ausencia de guerra o de violencia, es como la síntesis de todos los bienes necesarios y posibles, es "Shalom", un estado de bienestar espiritual y material, comunión con Dios y con los hermanos. La "paz" es para los judíos el compendio de todos los bienes mesiánicos: reposo, gloria, riqueza, salvación, vida..., y, en todo caso, únicamente es posible como fruto de la justicia. Por eso la paz es una meta hacia la que caminamos, un quehacer en que trabajamos.

2.- Bienaventurados los que buscan la paz”. Para la celebración de la 46 Jornada Mundial de la Paz Benedicto XVI ha escogido este lema: “Bienaventurados los que buscan la paz”. El mensaje del Papa desea animar a todos para que se sientan responsables respecto de la construcción de la paz. El mensaje abraza, por tanto, la plenitud y multiplicidad del concepto de paz, a partir del ser humano: la paz interior y la paz exterior. Para construir la faz es necesario defender los derechos fundamentales, en primer lugar la libertad de conciencia, la libertad de expresión y la libertad religiosa. El mensaje, además, ofrece una reflexión ética sobre algunas medidas que se están adoptando en el mundo para contener la crisis económica y financiera, la emergencia educativa, la crisis de las instituciones y de la política, que es también – en muchos casos – preocupante crisis de la democracia. El Mensaje recuerda además el 50º aniversario del Concilio Vaticano II y de la Encíclica del Papa Juan XXIII, “Pacem in Terris”, de acuerdo a la cual el primado corresponde siempre a la dignidad humana y a su libertad, para la edificación de una ciudad al servicio de cada ser humano, sin discriminación alguna, y dirigida hacia el bien común sobre el cual se fundan la justicia y la verdadera paz.

3.- Santa María, Madre de Dios, madre del Salvador. En el evangelio se subraya cómo, inmediatamente después de recibir la noticia, los pastores van Belén, y allí se les confirma el mensaje anunciado por los ángeles. Una vez en Belén, la adoran. Es curioso que sean ellos los primeros en enterarse y en reconocer al Niño-Dios, que nació entre los excluidos de este mundo. Al hablar de María se pone de relieve en el evangelio de Lucas el hecho de que todas las palabras que salían de la boca de los pastores las guardaba y conservaba en su corazón. El corazón, como un tesoro, se manifiesta en el caso de los pastores en que no cesan de alabar a Dios y proclamar su gloria. Después, aquella gente sencilla marcha de nuevo a su rebaño, pero ya, como se ha indicado, alabando a Dios por lo que han vivido y por lo que con fe se les ha permitido conocer. Y, también como en el caso de Juan, el nombre de Jesús había sido determinado por el ángel, es decir, por Dios, antes de la concepción. Desde este momento, Lucas nombrará a Jesús con su propio nombre en el relato que continúa. Con ese nombre, Dios fija también la misión de Jesús: Dios es salvador. En Jesús trae Dios la salvación: "Pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él".

 

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Por Antonio García-Moreno

1.- LA PAZ.- La primera lectura de esta fiesta dice: "El Señor se fije en ti y te conceda la paz" (Nm 6, 26). En esta antiquísima bendición bíblica, tantas veces pronunciada y escrita a lo largo de la Historia, se implora al Señor que conceda la paz a quien se bendice. Hoy, después de miles de años quizá, sigue resonando entre nosotros. La Iglesia la conserva en su liturgia y la repite. Siempre implorando la paz al Señor para su pueblo, para todo los hombres. Y así, en la celebración eucarística, hay todo un rito de la paz. Es un eco de una secular costumbre hebrea, que Jesucristo hizo suya.

Así ocurre en las apariciones, después de resucitar, cuando el Señor saluda a los apóstoles dándoles la paz. También lo vemos cuando envía a sus discípulos a predicar por vez primera, al recomendarles que den la paz como saludo inicial. Ese saludo era muy querido de san Josemaría Escrivá, lo repetía a menudo y lo recomendó a sus hijos... Es una consecuencia del mensaje cristiano. Pero no olvidemos que esa paz es distinta de la que el mundo da, pues conlleva abnegación y amor, alegre y generosa entrega.

2.- "¡ABBA, PADRE!".-San Pablo nos recuerda hoy que ya no somos esclavos, sino hijos (Ga 4,6). En otro momento de esta carta, Pablo se refiere a Sara, la esposa de Abrahán, y a su esclava Agar. El hijo de ésta nace esclavo, en cambio el de Sara nace libre. Todo aquello, enseña el Apóstol, era el anuncio en figuras de lo que ocurriría después. Entonces cuantos creyesen que Jesús era el Hijo de Dios, el Cristo o Mesías salvador, y recibieran el Bautismo, quedarían transformados en hijos de Dios, hijos libres para siempre, con la libertad que Cristo nos ganó.

Hijos de Dios y herederos suyos. Una verdad central en la enseñanza de Jesucristo, nuestro Maestro y Señor. Una verdad que también el Fundador del Opus Dei captó con profundidad, comprendió y vivió con toda su alma. Hijo de Dios, pensaba. Y se llenaba de santo orgullo y confianza absoluta, aún en las más duras pruebas y contradicciones. "¡Abba!" le gustaba repetir. Esa palabra que todavía hoy la dicen los niños a sus padres cuando le llaman, cuando le necesitan, cuando le manifiestan su tierno amor.

3.- MARÍA, LA MADRE.- Refiere San Lucas que los pastores "encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre" (Lc 2, 16). Los pastores creyeron firmemente en el asombroso anuncio de los ángeles. Y siguieron creyendo al ver el cumplimiento de ese anuncio. Otros habrían pensado que aquel niño nacido en pobreza y de una mujer casada con un sencillo carpintero, procedente además de Nazaret, no podía ser el Salvador del mundo, el Rey de Israel. De hecho así ocurriría cuando ese niño se hiciera un hombre y se presentara como el Esperado, el Anunciado por la Ley y los Profetas. ¿De Nazaret puede salir algo bueno?, dijo Natanael.

Luego se rindió ante las palabras de Jesús sobre la higuera y lo proclamó el rey de Israel. Natanael era un hombre sin dolo, sin doblez ni engaños. Pero le faltaba sencillez, humildad, la luz de la fe... Los pastores, en cambio, se quedan absortos ante ese Niño recién nacido, frágil e inerme, dormido dulcemente en brazos de María su Madre. Ella está en el centro de la escena, como hoy lo está en la liturgia del día, para que tú y yo nos acerquemos, adoremos al Niño y miremos emocionados a María y a José.

TRES FIESTAS EN UNA

Por Gabriel González del Estal

1. La maternidad de María. Para los cristianos, en la maternidad de María está la causa y el origen de todos los demás privilegios que la virgen tuvo. En este sentido, me gusta más pensar en María como madre, que en María como virgen. Porque María fue la madre de Jesús, nuestro hermano, es por lo que nosotros podemos y debemos pensar que María es también madre nuestra. Madre, en la tierra, sólo tenemos una, y madre en el cielo también siempre tendremos una: la madre María. En la tierra y en el cielo podemos tener muchos intercesores y abogados que aboguen por nosotros, pero en la tierra nunca podremos tener más de una madre, y en el cielo la madre y abogada nuestra por excelencia será siempre María. Todos, por muy viejos que seamos, necesitamos sentir cerca el aliento materno; por eso, cuando nuestros padres mueren, el aliento maternal de María, madre de Jesús y madre nuestra, es un aliento que puede consolarnos y fortalecernos. Acudamos hoy a María como madre de Jesús y madre nuestra.

2. El año nuevo. El día de Año Nuevo es una fiesta social con un arraigo grande y universal en nuestra sociedad. También los cristianos, ciudadanos de este mundo, debemos celebrar con gozo esta fiesta. El día de año nuevo lo primero que debemos hacer los cristianos es dar gracias a Dios por el año que empieza y pedir al Señor de la vida y de los tiempos que nos dé fuerza y gracia para vivir el nuevo año con intensidad y amor. Cuando empezamos un año, nunca sabemos con certeza si lo vamos a terminar, por eso debemos vivir cada día y cada momento como un regalo especial que Dios nos hace para ser testigos en este mundo de su bondad y de su amor. ¡Año nuevo, vida nueva!, pero tratando siempre de superarnos, siendo cada día un poco mejores y haciendo siempre el bien. En este primer día del año 2013 vamos a pedir a Dios que nos bendiga, con la bendición bíblica (salmo 66): “Que el Señor nos bendiga y nos proteja, ilumine su rostro sobre nosotros y nos conceda su favor. Que se fije en nosotros y nos conceda la paz”.

3. Jornada mundial de la paz. El Papa Benedicto XVI, en su carta con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, ha querido fijarse en esta Bienaventuranza evangélica, según san Mateo: Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. La paz, nos dice el Papa, implica la participación de todo el hombre. Se trata de una paz con Dios, paz con uno mismo, paz con el prójimo y paz con toda la creación. La paz es posible, no es un sueño, no es una utopía, es, sí, un don de Dios, pero también es tarea nuestra. Si los hombres queremos la paz, deberemos luchar por la paz, con las armas cristianas de la solidaridad y del amor. La paz es la realización del bien común en las diversas sociedades; sin justicia social no puede haber paz cristiana. Termino con las palabras de Benedicto XVI: pido que todos sean trabajadores y constructores de paz, de modo que la ciudad del hombre crezca en fraterna concordia, en prosperidad y paz. ¡FELIZ AÑO 2013!

 

JUNTO CON JESÚS Y MARÍA

Por José María Maruri SJ

1. - Cuando una flor nace el universo entero se hace primavera y a María le nació la primavera en sus brazos. Con un niño todo se hace maravilloso, cambia la vida entera, se hace todo nuevo. Por eso quizás al principio del año, en el año nuevo nos encontramos con María y en sus brazos su recién estrenado niño de ocho días.

Dejamos atrás un año y no sabemos si tenemos un año más o nos queda un año menos y todo depende de si hemos añadido años a nuestra vida o hemos añadido vida a nuestros años; es decir si hemos vivido este año que se nos escapa o nos lo han vivido, nos han forzado a vivirlo, llenos de tubos de “gota gota”, máquinas que han mantenido en nosotros una vida que nos es vida.

Depende de si nos hemos movido arrastrados por la corriente como cantos rodados sin vida, aunque se mueven, o si luchando con la corriente hemos subido río arriba como los salmones. Si hemos vivido para la vida o hemos despachado la vida como un aburrido asunto más administrativo.

2. - Nos enfrentamos con un nuevo año y en la bruma de este 2013 no sabemos lo que nos espera. En el 2012 hemos asistido a muchos acontecimientos variados. Parecía que la economía se hundía algo más y que las muy modestas buenas previsiones del 2012 se transformaban en otra cosa aún peor. No sabemos si el 2013 nos traerá una crisis más fuerte e, incluso, dicho a la antigua usanza, algún imperio podría caer, por todos esos imperios tienen pies de barro si se fundan en pura economía, en el poder de las armas y si, de verdad, no buscan el bien de todos y cada uno de los hombres y mujeres de este planeta.

Habrá, sin duda, futurólogos ansiosos de predecir las gracias o desgracias de este 2013, como ya lo hicieron con el tan cacareado 2012. Pero lo importante no es preguntar sobre lo que nos espera, sino preguntarnos cada uno de nosotros que pensamos hacer con este Año Nuevo. ¿Vamos a hacer de él una cada vez más desvaída fotocopia de los años anteriores?

Como al mirar por el retrovisor el año 2012 que dejamos atrás, lo importante no es lo que ha sucedido, sino lo que hemos vivido. Así al enfrentarnos con el 2013, que se nos echa encima, lo importante es constatar si estamos dispuestos a enfrentarnos con él, con sinceridad, con coherencia humana y espiritual, con vitalidad. Si estamos dispuestos a luchar por una vida plena o nos vamos a contentar de nuevo con que nos mantengan artificialmente en la UVI.

3. - Miremos cada uno nuestras recién estrenadas agendas y miremos cada día con veneración, porque cada día no está marcado por una fecha, por un número, sino por una doble esperanza. Dios quiere encontrarnos cada día, nos espera cada día, espera algo de nosotros ese día, cada fecha es la fecha del reencuentro con el Señor.

Pero también los hombres nos esperan en la encrucijada de cada día. También nos esperan y esperan de nosotros. No los decepcionemos. Como hombres y como cristianos estamos llamados a pasar por el calendario haciendo el bien, como paso haciendo el bien Jesús de Nazaret. Pues eso espera Dios de nosotros casa día y en eso confían los hombres que nos necesitan.

4.- Comenzamos el año con María, la única que jamás defraudó ni a Dios ni a los hombres, que pasó por el mundo no sólo haciendo el bien, sino comunicando a todos el Bien que lleva en sus brazos.

Como niños de andar vacilante empezamos el año de la mano de María, que lleva de la otra mano de Jesús Niño, para que nuestros pasos se acompañen con los pasos también vacilantes de Jesús.

 

CADA NUEVO AÑO TRAE CONSIGO LA ESPERANZA DE UN MUNDO MEJOR

Por Pedro Juan Díaz

1.- Siempre me gusta empezar la reflexión de este día con las palabras de bendición que la primera lectura nos ofrece todos los años en este inicio del año civil: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostros sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”. Es un deseo profundo para este nuevo año que comenzamos. Es el deseo de tener a Dios con nosotros todos los días. Es más que un deseo, porque es una realidad. Dios nos bendice todos los días. Hoy nos lo recordamos de manera especial.

2.- La bendición termina con el deseo de la Paz. Y desde hace años, el Papa viene convocando en este día la Jornada Mundial de la Paz. Y escribe un mensaje con este motivo. El Papa comienza el mensaje con estas palabras: “Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor”. (**) Precisamente este pensamiento es el que nos hace afrontar el nuevo año con esperanzas renovadas, a pesar de la crisis, las amenazas de guerra, las dificultades sociales y demás problemas que nos rodean.

3.- El Papa comienza su mensaje apoyado en la bienaventuranza de Jesús, y así lo titula: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”. Dice el Papa que “para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios”. Y también que “la realización de la paz depende en gran medida del reconocimiento de que, en Dios, somos una sola familia humana”, con derechos recíprocos y deberes mutuos. “El que trabaja por la paz, según la bienaventuranza de Jesús, es aquel que busca el bien del otro, el bien total del alma y el cuerpo, hoy y mañana”. Porque “la paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible”.

4.- El Papa continúa analizando las dificultades que hay en nuestro mundo para el desarrollo de esta paz. Habla del respeto a la vida humana, del matrimonio, de la libertad religiosa, del derecho al trabajo, de una nueva visión de la economía, del principio de gratuidad, de relaciones de lealtad y de reciprocidad, de búsqueda del bien común, de una estructuración ética de los mercado monetarios, financieros y comerciales, de atender la crisis alimentaria, y del papel decisivo de la familia en el compromiso por una educación social idónea. El Papa resume todo diciendo que “para hacer frente a esta crisis, los que trabajan por la paz están llamados a actuar juntos con espíritu de solidaridad”.

5.- Todas estas acciones son un compromiso por la paz que nace de la fe en Jesús, príncipe de la Paz. La bendición con la que hemos empezado esta reflexión es también una invitación a ser “trabajadores de la paz”. Ese niño que nace en Belén nos trae la paz. Hoy vemos en el evangelio, continuación del proclamado en Navidad, que, a los ocho días, le pusieron el nombre: Jesús, que significa “Dios salva”. También vemos como los Pastores, después de acoger con fe y alegría el mensaje del Ángel, salen corriendo y cuentan a José y María lo que les había ocurrido. Y de regreso a casa iban “dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído”. La vida de aquellos hombres ya no sería igual después de haber visitado el pesebre.

6.- Finalmente, vemos también a María, que “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. Empezamos el año recordando a Santa María, Madre de Dios. Porque María es la que ha hecho posible la Navidad. De María hemos recibido a Jesús, el autor de la vida. Así lo hemos dicho en la oración inicial. María es madre, María es nuestra madre.

7.- Comencemos el año con el firme propósito de hacer mejor la vida de los que están a nuestro alrededor. Así cada día será el día de la paz. Así cada día será Navidad porque sabremos descubrir a Dios cerca de nosotros, animándonos y alentándonos a construir un mundo mejor. Que la paz y el amor de Dios lleguen a todos los hogares, a todas las familias y a todos vosotros. Que Dios nos bendiga a todos y que Santa María nos proteja y nos enseñe a responder con fidelidad a su hijo Jesús. ¡Feliz Año Nuevo!

8.- ORACIÓN DE FIN Y PRINCIPIO DE AÑO

Señor  Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo  es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al  terminar este año quiero darte gracias por  todo aquello que he recibido de Ti  Gracias  por la vida y el amor, por  las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por  cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.  Te  ofrezco cuanto hice en este año, el  trabajo que pude realizar, las  cosas que pasaron por mis manos y  lo que con ellas pude construir.  Te  presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las  amistades nuevas y los antiguos amores..., los  más cercanos y los que están más lejos, los  que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar con  los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.  Pero  también, Señor, hoy quiero pedirte perdón, perdón  por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por  la palabra inútil y el amor desperdiciado.  Perdón  por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, por  todos mis olvidos, descuidos y silencios y  perdón por vivir sin entusiasmo.  Dentro  de unos días comienza un nuevo año, por  eso detengo mi vida ante el calendario aún sin estrenar y  te presento estos días que sólo Tú sabes si llegaré a vivirlos.  Hoy  te pido para mí y los míos, la paz y la alegría, la  fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría. Quiero  vivir cada día con optimismo y bondad llevando  a todas partes un corazón lleno de comprensión y de paz.  Cierra  Tú mis oídos a toda falsedad y  mis labios a las palabras mentirosas, egoístas,  mordaces o hirientes.  Abre  en cambio mi corazón, a todo lo que es bueno, que  mi espíritu se llene sólo de buenos sentimientos y  que a mi paso las derrame.  Dame  bondad y alegría para que cuantos conviven  conmigo o se acerquen a mí, encuentren  en mi vida un poquito de Ti. Danos  un Feliz Año y enséñanos a repartir felicidad. Amén.

 

UN AÑO DE LA FE… CON LA MADRE

Por Javier Leoz

1. No hay mejor forma de adentrarse en un nuevo año, y además en el Año de la Fe, que caminando de la mano de María y al compás del latido del corazón de la Virgen. ¡Cuántos aspectos y motivos recordamos en este día! ¡La paz; Año Nuevo; Santa María, Madre de Dios!

¡Feliz Año Nuevo! Será feliz si, en los 365 días, sabemos dar con aquellas razones que hicieron saltar de gozo y de felicidad a María: ¡Dios! ¡Sólo Dios! ¡Desde ahora me llamarán bienaventurada!

¡Feliz Año Nuevo! Será feliz si, en estos doce meses que ahora iniciamos con esperanza y con tan buenos deseos, no dejamos que se duerma en nosotros la gran noticia que estamos celebrando en estos días: Dios ha bajado... y comparte nuestra suerte. ¿Seremos capaces de hacer frente a “los nuevos Herodes” que intentan asediarle y disuadirle de estar presente en nuestras conciencias, en nuestra sociedad o en nuestras familias?

Santa María, Madre de Dios, es un pórtico que se antepone a los doce meses. Es como si, la Madre de Dios, nos estuviera diciendo: “no tengáis miedo; yo voy por delante” “iniciad este nuevo año con la cabeza bien alta; dejad atrás vuestras penas, defectos, inquietudes… yo os acompaño”

Comenzamos este nuevo período del 2013. ¿Qué nos depararán estas próximas semanas? ¡Sólo Dios lo sabe! Pongamos nuestro futuro en las manos de María. Contemplemos a Jesús como lo que es: un hermano mayor que nos ayudará cuando tropecemos; nos levantará cuando caigamos y nos sonreirá cuando el éxito nos acompañe. ¿Acaso no ha venido para compartir suerte?

Esta fiesta, Santa María Madre de Dios, sigue estando presente en el corazón de muchos creyentes. Resulta, cuando menos chocante, paradójico y hasta sorprendente, cómo se acepta con cierta facilidad el culto, las procesiones, fiestas o romerías a la Virgen y, por el contrario, se vive de espaldas a lo que en Ella fue grande: Jesús y su Reino. María, en el Año de la Fe, puede ser una gran Maestra que nos indique cómo, dónde y de qué manera conocer a Cristo.

2.- La Fiesta de Santa María Madre de Dios nos urge a estar en paz con María pero, sobre todo, la paz con María nos empeña a estarlo también con Dios. La voluntad de María no es quedarnos extasiados con y en Ella, sino preocupados y entusiasmados a la vez por dar gusto a Dios y llevar a la práctica lo que Ella meditaba tantas veces en su corazón: el plan de Dios.

¿Por qué no colocar, con seriedad, a María como antecámara de este nuevo año? ¿Nos proponemos el consagrarnos a Ella desde un acuerdo implícito, ante nosotros, ante el ambiente que nos rodea y ante los demás, de crecer –cristianamente hablando- para no perder peso espiritual?

¡Nuevo Año con la mano y de la mano de María! Nos acosarán los problemas de siempre; desaparecerán amigos nuestros; nos iremos lejos o cerca de Dios; nos traicionaremos a nosotros mismos….pero Santa María, por ser Madre de Dios y Madre Nuestra, nos aportará luz para encontrar el camino perdido; seguridad para avanzar en el camino de la fe y esperanza para no echarnos atrás en nuestra vivencia cristiana.

 Que Ella, Reina de la Paz, nos ayude no tanto a pedirla por los pueblos que quedan lejos (aunque también) sino por la paz con nosotros mismos; por la paz de los hijos de la Iglesia; por la paz de las conciencias que andan revueltas y revuelven a los demás; por la paz de las familias que viven en contienda por el “cuánto”; por los jóvenes que encuentran en la violencia una diversión y no un peligro; por la paz de los políticos, para que se serenen en sus decisiones y sientan que no son padres de la patria y sí servidores.

¡Santa María, Madre de Dios! ¡Cuánto juego y contenido da y tiene esta fiesta! Con Ella merece la pena adentrarnos sin temor ni temblor en este nuevo año en el que, además, nos hemos comprometido a reavivar, estudiar, conocer, vivir, celebrar y testimoniar mucho más nuestra fe cristiana.

3.- ORACIÓN ANTE UN NUEVO AÑO

Señor, finaliza  un año pero he de reconocer que no todo termina en mí. Comencé  el primer día del 2012 con muchos deseos e inquietudes. Ahora,  cuando llego su tramo final, me  doy cuenta que no todo lo que me propuse he llevado adelante ni  aquello que pretendí alejar de mí, lo he vencido. Señor;  se clausura un año pero, soy consciente de  que en algunas cosas, soy el mismo de ayer: Donde  dije “quiero” he puesto el “así soy” Donde  me propuse “seré” ha ganado el “no lo logré” Donde  prometí un “cambiaré”, ha dominado el “que cambien los demás” Ahora,  a punto de iniciarse un nuevo año, te confieso, mis temores:¿Merece  la pena el que alardee de aquello que no estoy dispuesto a ofrecer? ¿Tendré  que pensarme mucho más mis deseos hacia los demás y hacia mí mismo? ¿Dejaré  para otra ocasión, más consciente y serena, la  copa que rebosa de burbuja pero no de sinceridad? ¿Pensaré  detenidamente si, abrazos y llamadas telefónicas en  los primeros minutos de la primera noche del año, tendrían  que ser más espaciadas para otras tantas donde no dedico un solo instante? Ahora,  cuando me dispongo a comenzar este nuevo año, te pido, Señor: Que  pongas verdad en mis palabras Que  hagas de mis deseos un apostar con pasión por ellos Que  me hagas ser realista a la hora de valorar mis propias fuerzas y medios Que  olvide las fronteras que, la difícil convivencia, levantó el año pasado Que  anteponga el bien de los demás al mío propio Que  supere, pero que no olvide, mis errores del pasado para  que así pueda aprender de ellos. Y  que, Santa María, que como Madre, mejor me conoce me  ayude a vivir con alegría y con juventud de corazón este  año 2013 por el que te bendecimos por  el que te damos gracias en  el cual te queremos presente y  ante el cual se abren como siempre tantos temores. ¡Feliz Año 2013, Señor! ¡Feliz Año Santo de la  Fe! ¡Feliz Año Nuevo Santa  María! ¡Felices días nuevos,  hermanos!

 

LA PAZ JUNTO A MARÍA, MADRE DE TODOS

Por Ángel Gómez Escorial

1. - La misa del primer día del Año Nuevo está dedicada a Santa María, Madre de Dios. También la fecha es Jornada de la Oración por la Paz. San Pablo alude a la venida del Hijo de Dios, nacido de mujer. María en el relato de San Lucas recibe el testimonio de alegría de los pastores según el mensaje de los ángeles y los medita en su corazón. A lo largo de toda su vida la Madre de Jesús repetirá esa observancia silenciosa de la realidad del Hijo de Dios. Es difícil -por no decir imposible- separar de la Redención, del paso del Cristo por la tierra, la figura y los sentimientos de María.

2. - Tiene un especial significado dedicar la primera celebración litúrgica del año a María. Tal vez ella nos mirará con indulgencia a esa gran mayoría de personas que, sin duda, llegaremos al templo sin haber dormido mucho y tras celebrar alegre y ruidosamente la llegada del nuevo año. No será María quien esté en contra de cualquier manifestación de sana y gran alegría. Aunque cada uno es libre para organizar su vida como quiera --diríamos como cristianos que lo único, no permisible, es el pecado-- parece más que pertinente dedicar tiempo a las celebraciones de estas fiestas. El nacimiento de Jesús nos llenaba de una alegría profunda, porque Jesús se había hecho presente en nuestras vidas. Y ahora queremos reiterarla al referirnos a las celebraciones del Año Nuevo. El viejo dicho teresiano de que "un santo triste es un triste santo", podría aplicarse a nosotros -rebajando, claro, la condición de santos, que no lo somos- y decir así que un cristiano triste es triste cristiano. No es el cristianismo una religión de tristes y atormentados. Es bueno aprovechar las ocasiones adecuadas para desbordar nuestra alegría en compañía de familiares y amigos.

3. - La otra parte de la celebración está dedicada a la paz. Y hace falta. No termina de llegar la paz a la tierra que vio nacer a Jesús. Un largo conflicto entre israelíes y palestinos permanece ahí pero con insuficientes perspectivas de que algún día termine. Parecía que se iba a conseguir la paz, pero inesperadamente la violencia llegó una vez más a la tierra que viera nacer a Jesús. Es un conflicto que no cesa. La guerra civil de Siria es de una enorme crueldad y nadie parece que pueda conseguir la paz. No haz paz en Iraq y hasta nuestros soldados están en Afganistán en un conflicto muy largo, muy largo, que ya costó hace años una sonora derrota a las tropas soviéticas. A veces acontecen conatos de extraordinaria violencia como el asesinato de una veintena de personas en una guardería de Connecticut, en Estados Unidos. No hay paz, por odio o por demencia en muchos corazones…

3. - El cristiano solo puede ser pacífico. Debe construir la paz. Ese mensaje está en las bienaventuranzas. Y es importante que este primer día del año 2013, dedicado a la Santísima Virgen, le pedimos a ella por la paz. Por una paz completa y total que recuerde a las profecías de Isaías. Eso no debe ser una utopía. Y sí una realidad posible. Recemos, hoy día 1, por la paz de todos. En el mundo, en las naciones, en las ciudades, en los barrios, en las familias. Los ángeles de la Nochebuena nos lo dijeron claramente: "... y paz a los hombres que ama el Señor"

   

“YO TE SALUDO MARÍA, LLENA DE GRACIA…”

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Permitidme, mis queridos jóvenes lectores, que divague sobre conceptos, ya que comentar el evangelio de la misa de hoy ya lo he hecho uno de estos días, dentro de la celebración del ciclo de Navidad.

He visitado bastantes museos de antigüedades muy antiguas. Seguramente que a vosotros, si lo habéis hecho, no os habrán interesado tanto como a mí, las cosas que os diré, lo perteneciente a la cuenca mediterránea. Os diré los que ahora recuerdo. Cuatro en Jerusalén, el Louvre de París, el arqueológico de Madrid y el del Vaticano. Amén de salones especializados como el de esta semana, que se titulaba “de antes del diluvio”. ¿Por qué os cuento esto? Porque en todos, es común encontrar primitivas figuritas de divinidades femeninas. Se las llamará Astarte, Aserá, Artemisa, Venus etc. Se refieren, generalmente, a tiempos que el hombre adoraba a las manifestaciones de la fecundidad. En otras mitologías existían las diosas madres, como en la Grecia clásica. Algo de esto habréis estudiado. ¿Tienen algo que ver estas visiones o nociones, con nuestra afirmación de que Santa María es Madre de Dios? No, en absoluto.

2.- El origen de esta calificación que en la Iglesia se da a María, está en discusiones teológicas, posteriores a la generación de los discípulos del Maestro y Señor nuestro. La problemática se centraba en la realidad humana de Jesús. No se dudaba de su divinidad, ahora bien, ciertas tendencias, no aceptaban que fuera un hombre hecho y derecho. Reunida la Iglesia en Concilio, recapacitó y reconoció que sí que era humano, ya que lo había engendrado y dado a luz una mujer, llamada María, precisamente. Una discusión de tal tipo, hoy se centraría en la investigación de su ADN, pero en aquellos tiempos de esto no se tenía de idea. Y la afirmación de que si ha nacido de forma natural de una mujer, se tratará de un ser humano, es válida aun hoy en día. Las inquietudes y los estudios teológicos cristianos se fraguaban de aquellas épocas, en el entorno de Antioquia, Alejandría, Constantinopla, Cesarea y otros sitios del Medio Oriente. Occidente pintaba poco. Fue en el Concilio de Éfeso donde se reconoció esta prerrogativa de María y la preciosa basílica de Santa María la Mayor de Roma, es un digno testimonio del reconocimiento. Os confieso que cuando voy a Roma no dejo nunca de visitarla, por devoción y por la satisfacción estética de contemplar sus bellos mosaicos.

3.- Que quede claro, pues, que lo que afirmamos es que Jesús, hijo de Dios, nació de María de Nazaret. De aquí, en consecuencia, que se la pueda llamar y proclamar Madre de Dios. Excluyendo, vuelvo a repetir, conceptos paganos de diosas de la fecundidad, las de los vasos chorreantes, diosas-madre, o madres de semidioses.

Tal vez, si habéis llegado hasta aquí, todo lo que os he escrito, os parezca un rollo fenomenal. No os condenaré por ello. Cada uno es cada uno y tiene sus “cadaunadas”, que dijo aquel.

4.- ¿De qué sirve todo esto? ¿Qué provecho podemos sacar de ello? Permitidme que os recomiende que no seáis utilitaristas en estos terrenos. Os voy a contestar confidencialmente. María, mujer, madre, tan cercana a Dios Trinidad, humaniza nuestra Fe. Añádase, para consuelo y esperanza nuestra, que ejerce una maternidad adoptiva sobre nosotros, por querencia expresa del Señor y aceptación suya.

5.- Estoy ahora fatigado mentalmente, debo descansar para mañana ser fiel a mi vocación en diferentes actividades, pues bien, antes de irme a dormir, inmediatamente después de que haya apagado mi PC, entraré en la iglesita, rezaré acariciando el Sagrario y, de inmediato, mirando una imagen de la Virgen, junto a la que desde 1922 ha rezado mi familia, le pediré a Ella, no a la figura plástica, que interceda ante su Hijo por mí y por vosotros, entre otras intenciones. 

6.- Ahora es otro día. Mientras recorría los 6km que me separan de donde celebro misa, iba repitiendo: yo te saludo María, llena de Gracia… Y acabada la liturgia, hemos cantado la bella y más antigua oración a Ella dedicada (es del siglo IV y fue redactada en lengua griega) Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desoigas nuestras súplicas…