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4º DOMINGO DE ADVIENTO (C)

“Maria se puso en camino”        
María se sabía embarazada y acude “aprisa a la montaña…a su pariente Isabel que, a pesar de su vejez… ya está de seis meses”. Necesitará ayuda y compañía, la mayor de la joven; al llegar y saludarse, ocurren misterios que delatan la presencia del Señor en­tre nosotros los humanos, en un entorno tan humano, tan familiar y tan alegre como es la buena noticia de otra vida, que llega a la casa co­mo una bendición del cielo.

El gesto y la actitud de María es camino y modelo. Deja su casa, sale de Nazaret, viaja lejos, “a la montaña” para prestar un servicio tan hu­mano como acudir a preparar una familia para el nacimiento.

Ocurren maravillas al encontrarse las dos madres. Isabel confiesa su fe en “la madre de mi Señor” y proclama con gozo que el futuro Pre­cur­sor del Mesías “la criatura saltó de gozo en mi vientre”. Maria es el modelo perfecto del testimonio y del compromiso, pues presta un ser­vicio humilde y sencillo, pero no sólo es un “agente promotor de so­li­daridad” como decimos hoy, sino que además irradia la presencia de “Dios con nosotros” por donde pasa. Los discípulos de Jesús son como su Madre, humanizan su entorno con sencillez y además irradian a Je­sús y su mensaje causando alegría y esperanza.

Esta escena nos muestra el camino a seguir en esta Navidad. María se po­ne en camino apenas el evangelista ha descrito su encuentro con el án­gel en Nazaret. El encuentro con Dios nos lleva al encuentro con la rea­lidad de los hombres, comenzando por los que pasan una nece­sidad, como la anciana Isabel.

María acude al sitio donde la reciente noticia le reclama, aunque se en­cuentre en el otro extremo del país. Es diligente, no lo duda, no piensa en las dificultades. No piensa en si misma, ni en sus comodidades.

María está en un proceso de fe que viene de lejos y con las pala­bras del ángel descubre otro inmenso horizonte en el que Dios le pro­pone intervenir. Ella confía plenamente y se entrega a los planes de Dios.

María en su proceso de fe está muy atenta a los signos que se le pre­sen­tan en su camino de crecimiento. Las palabras con las que le salu­dó Isabel, le confirman en la singular presencia de Dios en su vida, lo cual le llena de gozo y gratitud. Su desbordante alegría interior le pone en camino para ayudar a su prima Isabel.

En estas fechas entrañables de la Navidad, celebramos la presencia fa­miliar de Jesús, “Dios con nosotros”. Nos rodean muchas personas en situaciones de necesidad que estos días se hacen más punzantes.

 La lejanía de los suyos aumenta la soledad de los emigrantes o de los an­cianos, o de los que lloran la muerte de un ser querido.

Los que siguen en paro sin esperanzas de recuperar pronto un trabajo, tal vez con deudas que van aumentando, lamentan su impotencia ante el frio o el hambre de sus hijos.

Los presos no quieren abrir la TV porque aumenta el contraste de su so­le­dad y sus añoranzas.

Maria no dudó en entregarse al servicio. Seguramente nuestra im­potencia nos parece crecer ante la información de estos días. También abundan los buenos ejemplos de solidaridad particular y organizada; au­mentan también estos días los canales fiables para canalizarla.
 

Llorenç Tous