Tornar al llistat

26º DOMINGO ORDINARIO (B)

“Se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros”

Los apóstoles ponen límites y condiciones, pero Jesús amplia las fron­teras del Reino de Dios hasta suprimir sus límites, porque el amor del Pa­dre que él nos descubre y proclama, no tiene límite.

Al mismo tiempo que extiende sus fronteras, profundiza su campo has­ta la entraña de toda pequeñez. Hasta los detalles más insig­nificantes contienen y transmiten salvación, porque están poseídos de la presencia de Dios.  Como ejemplo concreto Jesús nos habla de un va­so de agua, lo más casero y cotidiano. ”El que os dé a beber un va­so de agua”. Por eso mismo nadie ni nada es pequeño en el Reino de Dios.

 

“Uno de estos pequeñuelos”.

Según Jesús, los pequeños o los excluidos del mundo, son el referente desde el cual hay que orientar la conducta y los programas.

San Pablo señala una doble orientación de nuestra conducta en la comunidad: “Al que tiene una fe débil, hacedle una buena acogida sin discutir opiniones”. Romanos 14, 1.”Si habéis resu­citado con Cristo, buscad lo que arriba…estad centrados arri­ba, no en la tierra”. Colosenses 3, 1-2.

Es una terapia evangélica contemplar en la propia vida los pequeños de­talles, de los que nos vinieron importantes resultados. Desde la fe descubrimos cómo el Padre providente nos acompañó en el camino, pues sin Él es impensable que semillas tan diminutas escondan tanto fruto.

Esta fe con los años nos ofrece la sabiduría cristiana de la vida que hay que transmitir a los demás. Dios continúa la creación con no­so­tros y la encarnación de Dios en cierto sentido amplio se extiende y cam­bia la realidad, tal como la ve el creyente. Éste sigue el ejemplo de la ma­dre de Jesús diciendo: “Que se cumpla en mi tu palabra”. Lucas 1, 38.

Llorenç Tous
 
 
 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

NADIE TIENE LA EXCLUSIVA DE JESÚS

La escena es sorprendente. Los discípulos se acercan a Jesús con un problema. Esta vez, el portador del grupo no es Pedro, sino Juan, uno de los dos hermanos que andan buscando los primeros puestos. Ahora pretende que el grupo de discípulos tenga la exclusiva de Jesús y el monopolio de su acción liberadora.

Vienen preocupados. Un exorcista, no integrado en el grupo, está echando demonios en nombre de Jesús. Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana. Solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso, han tratado de cortar de raíz su actuación. Esta es su única razón: "no es de los nuestros".

Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo. Nadie puede apelar a Jesús y trabajar por un mundo más humano, sin formar parte de la Iglesia. ¿Es realmente así? ¿Qué piensa Jesús?

Sus primeras palabras son rotundas: "No se lo impidáis". El Nombre de Jesús y su fuerza humanizadora son más importantes que el pequeño grupo de sus discípulos. Es bueno que la salvación que trae Jesús se extienda más allá de la Iglesia establecida y ayude a las gentes a vivir de manera más humana. Nadie ha de verla como una competencia desleal.

Jesús rompe toda tentación sectaria en sus seguidores. No ha constituido su grupo para controlar su salvación mesiánica. No es rabino de una escuela cerrada sino Profeta de una salvación abierta a todos. Su Iglesia ha de apoyar su Nombre allí donde es invocado para hacer el bien.

No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. Su modo de ver las cosas es diferente: "El que no está contra nosotros está a favor nuestro".

En la sociedad moderna hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano sin pertenecer a la Iglesia. Algunos ni son creyentes, pero están abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Son de los nuestros. Hemos de alegrarnos en vez de mirarlos con resentimiento. Los hemos de apoyar en vez de descalificar.

Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu de Jesús. El no nos aprobaría. Nos invitaría a colaborar con alegría con todos los que viven de manera evangélica y se preocupan de los más pobres y necesitados.

 

 

 

 

 

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SON AMIGOS, NO ADVERSARIOS

El que no está con nosotros, está a favor nuestro.

A pesar de los esfuerzos de Jesús por enseñarles a vivir como él, al servicio del reino de Dios, haciendo la vida de las personas más humana, más digna y dichosa, los discípulos no terminan de entender el Espíritu que lo anima, su amor grande a los más necesitados y la orientación profunda de su vida.

El relato de Marcos es muy iluminador. Los discípulos informan a Jesús de un hecho que los ha molestado mucho. Han visto a un desconocido «expulsando demonios».  Está actuando «en nombre de Jesús» y en su misma línea: se dedica a liberar a las personas del mal que les impide vivir de manera humana y en paz. Sin embargo, a los discípulos no les gusta su trabajo liberador. No piensan en la alegría de los que son curados por aquel hombre. Su actuación les parece una intrusión que hay que cortar.

Le exponen a Jesús su reacción: «Se lo hemos querido impedir porque no es de los nuestros». Aquel extraño no debe seguir curando porque no es miembro del grupo. No les preocupa la salud de la gente, sino su prestigio de grupo. Pretenden monopolizar la acción salvadora de Jesús: nadie debe curar en su nombre si no se adhiere al grupo.

Jesús reprueba la actitud de sus discípulos y se coloca en una lógica radicalmente diferente. Él ve las cosas de otra manera. Lo primero y más importante no es el crecimiento de aquel pequeño grupo, sino que la salvación de Dios llegue a todo ser humano, incluso por medio de personas que no pertenecen al grupo: «el que no está contra nosotros, está a favor nuestro». El que hace presente en el mundo la fuerza curadora y liberadora de Jesús está a favor de su grupo.

Jesús rechaza la postura sectaria y excluyente de sus discípulos que solo piensan en su prestigio y crecimiento, y adopta una actitud abierta e inclusiva donde lo primero es liberar al ser humano de aquello que lo destruye y hace desdichado. Éste es el Espíritu que ha de animar siempre a sus verdaderos seguidores.

Fuera de la Iglesia católica, hay en el mundo un número incontable de hombres y mujeres que hacen el bien y viven trabajando por una humanidad más digna, más justa y más liberada. En ellos está vivo el Espíritu de Jesús. Hemos de sentirlos como amigos y aliados, nunca como adversarios. No están contra nosotros pues están a favor del ser humano, como estaba Jesús.

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

UN LENGUAJE DURO

Si tu mano te hace caer, córtatela.

Para Jesús, lo primero dentro del grupo de sus seguidores es olvidarse de los propios intereses y ambiciones y ponerse a servir, colaborando juntos en su proyecto de hacer un mundo más humano. No es fácil. A veces, en vez de ayudar a otros creyentes, les podemos hacer daño.

Es lo que preocupa a Jesús. Que, entre los suyos, haya quien «escandalice a uno de esos pequeños que creen». Que, entre los cristianos, haya personas que, con su manera de actuar, hagan daño a creyentes más débiles, y los desvíen del mensaje y el proyecto de Jesús. Sería desvirtuar su movimiento.

Jesús emplea imágenes extremadamente duras para que cada uno extirpe de su vida aquello que se opone a su estilo de entender y de vivir la vida. Está en juego «entrar en el reino de Dios» o quedar excluido, «entrar en la vida» o terminar en la destrucción total.

El lenguaje de Jesús es metafórico. La «mano» es símbolo de la actividad y el trabajo. Jesús empleaba sus manos para bendecir, curar y tocar a los excluidos. Es malo usarlas para herir, golpear, someter o humillar. «Si tu mano te hace caer, córtatela» y renuncia a actuar en contra del estilo de Jesús.

También los «pies» pueden hacer daño si nos llevan por caminos contrarios a la entrega y el servicio. Jesús caminaba para estar cerca de los más necesitados, y para buscar a los que vivían perdidos. «Si tu pie te hace caer córtatelo», y abandona caminos errados que no ayudan a nadie a seguir a Jesús.

Los «ojos» representan los deseos y aspiraciones de la persona. Pero, si no miramos a las personas con el amor y la ternura con que las miraba Jesús, terminaremos pensando sólo en nuestro propio interés. «Si tu ojo te hace caer córtatelo» y aprende a mirar la vida de manera más evangélica.

¿Cómo se le ocurrió a Jesús esa figura trágica y, al mismo tiempo, cómica de un hombre manco, cojo y tuerto entrando en la plenitud de la vida?, ¿qué sintió la gente al oírle hablar así?, ¿cómo podemos reaccionar nosotros? Por muy dolorosas que sean, si los cristianos no hacen opciones que aseguren la fidelidad a Jesús, su proyecto no se abrirá camino en el mundo.

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SON DE LOS NUESTROS

El que no está contra nosotros está a nuestro favor.

El evangelista Marcos nos describe un episodio en el que Jesús corrige de manera contundente una actitud equivocada de los Doce. ¿No habremos de escuchar también hoy la advertencia de Jesús?

Los Doce tratan de impedir la actividad de un hombre que «expulsa demonios», es decir, alguien dedicado a liberar a las personas del mal que las bloquea y esclaviza, devolviéndoles su libertad y dignidad. Es un hombre preocupado de hacer el bien a la gente. Incluso actúa «en nombre de Jesús». Pero los Doce observan algo que, a su juicio, es muy grave: «no es de los nuestros».

Los Doce no toleran la actividad liberadora de alguien que no está con ellos. Les parece inadmisible. Sólo a través de la adhesión a ellos puede llevarse a cabo la salvación que ofrece Jesús. No se fijan en el bien que realiza aquel hombre. Les preocupa que no esté con ellos.

Jesús, por el contrario, reprueba de manera rotunda la actitud de sus discípulos. Quien desarrolla una actividad humanizadora está ya, de alguna manera, vinculado a Jesús y a su proyecto de salvación. Sus seguidores no tienen que monopolizarlo.

Los Doce han querido ejercer un control sobre la actividad de quien no pertenece a su grupo, y han visto en él un rival. Jesús que sólo busca el bien del ser humano ha visto en él un aliado y un amigo: «El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

La crisis que sufre hoy la «religión cristiana» es una oportunidad para que los seguidores de Jesús recordemos que nuestra primera tarea no es organizar y desarrollar con éxito una religión, sino ser fermento de una humanidad nueva.

Por eso, lo nuestro no es vivir recelosos, condenando posiciones o iniciativas que no se ajustan a nuestros deseos o esquemas religiosos. No es muy propio de una Iglesia de Jesús estar siempre viendo enemigos por todas partes. Jesús nos invita, más bien, a alegrarnos de todo lo que gentes e instituciones ajenas a la Iglesia pueden estar haciendo por un desarrollo más humano de la vida. Son de los nuestros porque luchan por la misma causa: un hombre más digno de su condición de hijo de Dios.

 

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

¿QUÉ HAS HECHO DE TU HERMANO?

El que os dé a beber un vaso de agua...

El individualismo es, sin duda, uno de los rasgos que mejor caracterizan al hombre de hoy. Como recordaba el sociólogo americano D. Riesman en su renombrado estudio «La muchedumbre solitaria» (1950), en la época moderna lo sagrado ya no es el grupo ni la familia, sino el individuo suelto y «autodirigido».

Desgraciadamente este individualismo moderno no lleva siempre a la autoafirmación de la persona. Después del toque de alarma de Ch. Lasch en «La cultura del narcisismo» (1979) no son pocos los que nos ponen en guardia ante cierto estilo de vida individualista que conduce a la pérdida de identidad humana.

El individuo moderno defiende «instintivamente» su libertad, pero ésta queda reducida muchas veces a una defensa recelosa de la esfera privada. Es una libertad sin contenido. Lo que importa es no atarse a nada ni a nadie. No depender de otros. Exigir derechos sin asumir obligaciones. Ocuparse y preocuparse sólo de uno mismo.

Este individualismo conduce entonces a un peligroso aislamiento. La persona se desentiende de todo lo que no sea su propio interés. Rehúye el compromiso e incluso el amor. Sólo le interesa su propio yo. Los problemas personales se hipertrofian. La tranquilidad se va convirtiendo en meta suprema. Lo importante es evitar tensiones y vivir sin problemas.

Curiosamente, al encontrarse por fin solo y sin ataduras, el individuo pierde seguridad. No se siente bien. Necesita coincidir con los demás, vivir a la moda, estar informado, encender el televisor, tener la sensación de que no está tan solo en la vida. Necesita sentirse vivo pero ya no sabe lo que es desplegar la vida desde el amor.

Frente a esta «cultura del yo», el Evangelio sigue invitando a la «cultura del nosotros». La humanidad no es «una muchedumbre de individuos aislados». El mundo no termina en mi piel. Todo ser humano es mi «prójimo». De todos me he de sentir responsable, aunque sólo sea para «dar a beber un vaso de agua». El individualismo contemporáneo no será humano mientras no escuche la pregunta de Dios: «Hombre moderno y progresista, ¿qué has hecho de tu hermano?»

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

UNA ISLA GRIEGA

El que os dé a beber un vaso de agua…

Lo he escuchado esta misma semana en la televisión. En plena burla de lo que puede significar la ética en la vida práctica, alguien le preguntaba a Pepe Navarro: «Pero, ¿tú sabes lo que es ética?» Y el famoso presentador contestaba con picardía: « ¿Una isla griega?» No nos debe sorprender excesivamente la «gracia» pues se producía en uno de los programas más vulgares de la pequeña pantalla. Más desalentador resulta ver cómo autores muy celebrados hoy en Europa proponen abiertamente una ética inspirada en el propio interés o convivencia.

Según se nos dice, hay que olvidarse del altruismo o la preocupación por el otro y ocuparse sólo del propio bienestar. El interés por uno mismo sería la clave de esta ética de los nuevos tiempos democráticos. Cada uno ha de buscar inteligentemente lo que le conviene. «Good ethics make good business.»

Así afirma G. Lipovetsky en uno de sus libros de mayor éxito de crítica y de ventas: «Una persona buena en el sentido de la moral del deber no siempre produce beneficios, por eso todos preferimos un gestor que robe un poco, pero que incremente la cuenta de resultados, a una bellísima persona que con su bondad nos lleve a la ruina. Los santos pueden ser perjudiciales para el bienestar general, mientras que los astutos pueden resultar beneficiosos. Al individuo responsable le interesarían más los segundos que los primeros.»

La sociedad del futuro se ha de construir, pues, sobre este «individualismo responsable». Las cosas funcionarán bien si cada uno se preocupa razonablemente de lo suyo. No hace falta ocuparse de los otros. La solidaridad «quedaría en un segundo plano, porque no es obligatoria, es más bien un valor sagrado laicizado, que no ocupa el primer lugar. El individualismo es el código de la democracia moderna.»

Naturalmente, en esta «ética individualista» desaparece el interés por el otro, el cuidado del débil, la atención al que sufre. Si una persona sigue haciendo algo de esto, será porque le interesa o porque le apetece, ya que en última instancia, todo se enfoca desde el propio interés. No sé qué es más desmoralizador: reírse de la ética aludiendo a cierta «isla griega» o proponer una ética que nos convierte a todos en «islas».

Qué sanador y reconfortante resulta en este contexto escuchar las palabras de Jesús valorando hasta el vaso de agua que se da a beber a quien tiene sed. Nunca nacerá una sociedad digna del ser humano promoviendo el desencuentro, el desamor y la insolidaridad entre las personas y los grupos.

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

FE Y PLURALISMO

No es de los nuestros.

Poco a poco, se va tomando conciencia de que uno de los hechos más importantes de la época moderna y de consecuencias más profundas es, sin duda, el pluralismo. La cultura moderna, el desarrollo de los medios de comunicación y la facilidad para viajar hacen que cualquier persona entre hoy en contacto con otras culturas, religiones o ideologías muy diferentes a las suyas.

El hecho no es nuevo en la historia de la humanidad y se ha dado con cierta frecuencia en las grandes ciudades. Lo nuevo del pluralismo moderno es la fuerza que va adquiriendo ese fenómeno que el sociólogo norteamericano Peter L. Berger llama, en su último libro, «la contaminación cognoscitiva»: los diferentes estilos de vida, valores, creencias, posiciones religiosas y morales se mezclan cada vez más. Y no solo en el seno de la sociedad; también en el interior de cada uno.

Las personas reaccionan de diversas maneras ante esta realidad. Hay bastantes que caen en un relativismo generalizado; han descubierto que su religión o su moral no es la única posible, y, poco a poco, se ha abierto en ellas el resquicio de la duda: « ¿Dónde estará la verdad?» Hay quienes optan entonces por ahondar en su propia fe para conocerla y fundamentarla mejor. Pero hay también quienes se abandonan a un relativismo total: «Nada se puede saber con certeza»; «todo da igual»; « ¿para qué complicarse más?»

Otros, por el contrario, se atrincheran en una ortodoxia de «ghetto» y hasta en el fanatismo. Es difícil para muchos vivir sin seguridad absoluta, sobre todo en lo que afecta a las cuestiones más vitales de la existencia. Por eso, cuando el relativismo parece ya excesivo en una sociedad, es normal que el absolutismo y el integrismo doctrinal adquieran para algunos un fuerte atractivo. Hay que defender la propia ortodoxia y combatir los errores: «Fuera de nuestro grupo no hay nada bueno ni verdadero.» Naturalmente, no pienso solo en «ortodoxias» de carácter religioso; las hay también de orden político o ideológico, vinculadas a un determinado estilo de vida o de filosofía.

No es fácil vivir hoy con honestidad las propias convicciones en una sociedad que parece tolerarlo todo, pero donde los fanatismos vuelven a cobrar tanta fuerza. Los cristianos, por nuestra parte, habremos de aprender a vivir nuestra propia fe sin disolverla ligeramente en falsos relativismos y sin encerrarnos ciegamente en fanatismos que poco tienen que ver con el espíritu de Cristo.

Siempre es posible la lealtad innegociable al mensaje de Cristo y a su persona, y la apertura honesta a todo lo bueno y positivo que se encuentra fuera del cristianismo. Esta es la lección que nos llega de ese Jesús que, en cierta ocasión, corrigió a sus discípulos cuando rechazaban a un hombre que «echaba demonios», solo porque, según decían, «no es de los nuestros». El mensaje de Jesús es claro: El que hace el bien, aunque no sea de los nuestros, está a favor nuestro.

 

ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO

LA TRAMPA DEL FANATISMO

         Quiero empezar este comentario con una cita, un tanto extensa, del escritor israelí Amos Oz que, en un librito titulado Contra el fanatismo (Debolsillo, Barcelona 2005), escribe:

         “La semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo” (p.22).

“La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto” (p.28-29).

Daba en el clavo también el físico Andréi Sajarov cuando decía que “la intolerancia es la angustia de no tener razón”.

Tanto la intolerancia como el fanatismo ponen de relieve la propia inseguridad. Un yo psicológico no suficientemente integrado –debido, probablemente, a la falta de “apego seguro” en un adecuado contacto materno- se verá necesitado de “seguridades absolutas”, que sostengan su precaria e inestable sensación de identidad. Por ello mismo, se verá incapaz de tolerar la discrepancia, por lo que tenderá a descalificar, juzgar, condenar (o empeñarse en “convertir”) a quien no piense como él. Porque percibe toda diferencia como amenaza.

Esta amenaza es la que se esconde detrás de las palabras de Juan: “No es de los nuestros”. Efectivamente, son “los otros” los percibidos como amenaza: porque al pensar diferente o adoptar un comportamiento distinto al propio, nos hacen ver que el nuestro no es el valor “absoluto”, sino otro más al lado de tantos. Y esto es lo que una personalidad insegura se ve incapaz de tolerar, por la angustia que le genera la falta de seguridades “absolutas”.

 En esa necesidad de “seguridades absolutas”, podemos detectar dos factores: uno sociocultural (evolutivo) y otro psicológico.

Por lo que se refiere al primero, parece claro que, en el estadio mítico de consciencia, el etnocentrismo es un valor incuestionable: el propio grupo es visto como poseedor de la verdad y del bien, y no hay nada que justifique la crítica al grupo ni la toma de distancia con respecto a él. En ese nivel de consciencia, lo que prima es la “cohesión”, derivada del asentimiento ciego a las normas grupales, que da como resultado la concepción del propio grupo como un “rebaño”. ¡Y ya sabemos de los riesgos que corría quien se atrevía a salirse del rebaño…!

En este estadio de consciencia, la seguridad del individuo corría pareja a la pertenencia al grupo. De un modo inconsciente, en aras de aquella seguridad, se sacrificaba cualquier discrepancia, porque se había renunciado al derecho a pensar por uno mismo: ¡todo fuera por la sensación de seguridad que aportaba la “homogeneidad”!

Conclusión: a una persona que está instalada en el nivel mítico de consciencia no se le puede pedir tolerancia para quien discrepa; su “nivel de consciencia” no se lo permite, ya que en ese nivel la discrepancia (como la libertad o la autonomía) no es reconocida como valor; ni siquiera puede verse como tal.

Desde el punto de vista psicológico, la cuestión de la intolerancia y el fanatismo se halla también vinculada con la seguridad. La seguridad –y, asociado a ella, el control- constituye una necesidad básica del ser humano. Mientras la persona no ha hecho experiencia de una seguridad firme que le sostiene, la buscará fuera de sí –proyectándola en un líder, un grupo o una institución-, o la situará en sus ideas, creencias o convicciones.

Cuando eso se produce, el sujeto inseguro no podrá tolerar que tal líder, grupo o institución sean puestos en cuestión; así como tampoco podrá permitir que sus ideas, creencias o convicciones sean criticadas. Le va en ello su propia estabilidad.

Por eso, a una persona con un yo psicológico tan frágil tampoco se le puede pedir tolerancia. Su pánico a la inseguridad se lo hace imposible. Con una ironía añadida: la persona que padece eso tipo de inseguridad que le hace ser fanática presume de seguridad e incluso de “verdad”. Hasta el punto de que, para ella, quienes plantean una postura diferente son personas “a convertir”, en la línea de lo expresado por Amos Oz.

La “salida” del fanatismo parece requerir, por tanto, una doble condición: por un lado, el paso del nivel de consciencia mítico a otro racional; y, por otro, experimentar una fuente de seguridad que se encuentra más allá de la mente (de sus ideas o creencias).

Es probable que, para que esto último pueda darse, sea necesario un trabajo psicológico, que otorgue a la persona una sensación interna de consistencia y de autonomía. Quien es capaz de “hacer pie” en sí mismo, relativiza también el carácter absoluto que había atribuido a las ideas y, a la vez, permite a los otros ser diferentes, sin que la diferencia sea vista como amenaza.

En la medida en que la persona pueda ir creciendo en esa sensación de confianza interna, que le hace ser autónoma, podrá abrirse a otra experiencia más honda: ya no buscará la seguridad en “objetos” (ideas, creencias…), sino en el Fondo mismo de lo Real, experimentado de un modo directo.

Quiero decir que, cuando somos capaces de acallar la mente, no evitar nada y permanecer en silencio, se nos regalará la experiencia de una seguridad de fondo, que se percibe de un modo directo, inmediato y autoevidente. Una seguridad de fondo que no es otra cosa que la misma y única Realidad, que nos sostiene y nos constituye en todo momento. Cuando eso se experimenta, se obtiene el regalo de la Libertad sin límites y de la Plenitud. 

         Y por retomar la queja de Juan con la que iniciaba este comentario: ¿quiénes son “los nuestros”?

         Etnias, tribus, nacionalismos, religiones e ideologías de todo tipo han tendido a definir con claridad los límites que marcaban el propio “territorio”, impidiendo que “los otros” se adentraran en él.

 

         En el caso de las religiones, se ha ido incluso más lejos, al atribuir a Dios la demarcación de aquellas presuntas fronteras. Así se ha hablado de “pueblo elegido”, “única religión verdadera”, “única salvación”…

         Frente a tal arrogancia (inconsciente e ignorante), quizás venga bien terminar con el chiste que el propio Amos Oz recoge en su libro.  

“Alguien se sienta en la terraza de un café junto a un anciano, que resultó ser el mismísimo Dios. Al enterarse, se dirige a él con una pregunta que le había acompañado siempre: «Querido Dios, por favor, dime de una vez por todas: ¿qué fe es la correcta? ¿La católica romana, la protestante, tal vez la judía o acaso la musulmana? ¿Qué fe es la correcta?». Y Dios dice en esta historia: «Si te digo la verdad, hijo, no soy religioso, nunca lo he sido, ni siquiera estoy interesado en la religión»” (p.89).  

 

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO

Clave de comprensión para las lecturas de este domingo: «Nadie puede ser excluido del servicio que se realiza en nombre de Dios».

En medio de las tradiciones del pueblo israelita por el desierto, el libro de los Números nos presenta el relato del «reparto» del espíritu de Moisés, entre setenta miembros del pueblo. La intención es que Moisés no tenga que llevar la carga solo. Con esta decisión de Yavé, la responsabilidad queda repartida: cada uno de quienes han recibido parte del espíritu que estaba en Moisés debería ser profeta en el pueblo. Ahora bien, tendríamos que atenernos al contexto para intuir qué características implicaba la tarea de estos personajes.

El capítulo 11 del libro de los Números nos da cuenta de las etapas de la marcha por el desierto; la narración se centra en una dificultad que tiene el pueblo: llevan varios meses comiendo maná y ya se encuentran hastiados: «tenemos el alma seca» (v. 6), «no vemos más que maná» (v. 6b), y con esto viene la tentación de añorar el tiempo de abundancia de comida en Egipto. Por aquí podemos intuir la grave dificultad en que se halla Moisés, ¿cómo hacer para que el pueblo no siga pensando en Egipto? El desierto es el gran desafío. Detrás está Egipto, con su abundancia, pero también con su esclavitud. Hacia delante está la promesa de una tierra, una libertad, una vida digna, pero que hay que conquistar a precio de privaciones, sacrificios, esfuerzos.

El relato causa admiración porque Yavé monta en cólera... Es un recurso literario para introducir la preocupación de Moisés, que se expresa en una bella oración de intercesión por el pueblo. La solución que plantea Yavé es la adecuada: reunir setenta representantes del pueblo para repartir entre ellos el espíritu que estaba en Moisés; de esa manera la dirección, orientación y concientización del pueblo sería obligación de muchos y no sólo de Moisés.

El espíritu que se dona a todas estas personas viene a ser, entonces, profético; es decir, está en función de profetizar. Hay que asumir que esta actividad profética está orientada a ayudar al pueblo a tomar más y más conciencia del plan de Dios con ellos, a entender lo que hay realmente detrás: Egipto y su abundancia de comida pero con su esclavitud que es lo contrario al plan divino, y lo que está por delante: un desierto inevitable, desafiante, mortal, pero al fin y al cabo, un medio que es necesario asumir para poder llegar a la tierra de la libertad, tierra de promisión. A cualquier persona del pueblo que, entendiendo las cosas así, «catequizara» a sus hermanos en este sentido había que verlo como profeta «autorizado» no porque hubiera estado necesariamente en la tienda del encuentro, sino por estar en comunión con el ideal de Yavé.

Ese parece ser el caso de Eldad y Medad. Ellos no estuvieron en el momento del reparto del espíritu y sin embargo estaban profetizando. Viene la reacción de Josué, el mismo que más tarde se encargará de guiar a su pueblo en los trabajos de conquista y ocupación de la tierra prometida. Josué no entiende todavía que todo el que influya de manera positiva en la conciencia del ser hermano, debe ser considerado profeta, y por eso aconseja a Moisés que lo prohíba (v. 28). Por su parte, Moisés ha captado muy bien que en el trabajo de liberación del pueblo, todos y todas tienen una gran tarea, y responde a Josué con palabras aparentemente duras, pero que en definitiva buscan también abrir la conciencia de su ayudante: «ojalá todo el pueblo fuera profeta» (v. 29); ojalá cada uno asumiera con verdadero empeño la tarea de concientizarse y concientizar a su semejante, a su prójimo, ¿no es eso justamente lo que Dios quiere y espera? A Josué pues, no le preocupaba mucho la necesidad de que cada miembro del pueblo tuviera una conciencia bien formada para continuar hacia adelante por el desierto; le preocupaba más defender lo «oficial», lo «autorizado» por Dios en la tienda del encuentro, es decir lo «instituido», la defensa de «los derechos de Dios».

En la misma línea, nos presenta el evangelio de Marcos para este domingo, una situación semejante con los discípulos de Jesús. Apenas transmitida por Jesús la lección sobre quién es el mayor (Mc 9,33-37), se produce un incidente que tiene que ver con la exclusividad de los miembros del grupo seguidor de Jesús. Juan le cuenta a Jesús que le han impedido a un hombre expulsar demonios en su nombre porque no se trataba de uno de los miembros del grupo (v. 38). No hay una pregunta, cómo hacer en casos semejantes, qué posición asumir, etc. La respuesta de Jesús es sabia, «nadie que obre un milagro en mi nombre puede después hablar mal de mí» (v. 39), y «el que no está contra nosotros, está con nosotros». En la tarea de construcción del reino nadie tiene la exclusiva. Tal vez los discípulos no tenían claro o no recordaban que su pertenencia al grupo de Jesús fue un don de pura gratuidad; ninguno de ellos presentó ante Jesús un concurso de méritos para ser elegido; fue Jesús quien se presentó ante ellos, se les atravesó a cada uno por su camino y los llamó, aun a sabiendas de que no eran ni los mejores ni lo más representativo de su sociedad. En ese sentido también otros y otras pueden seguir siendo llamados. En cada hombre y en cada mujer Dios ha sembrado las semillas del bien; cómo y cuándo esas semillas comienzan a germinar y dar frutos, eso es decisión de cada uno. A veces nos parecemos a Juan y al resto de discípulos, nos ponemos celosos de quienes sin pertenecer a la institución hacen obras mejores que las nuestras. Y sale inevitablemente la frase: «pero ése o ésa es de tal o cual religión, o de tal o cual grupo...». Anteponemos a la vocación universal de hacer el bien y a la práctica del amor, unos intereses mezquinos y unos criterios de autoridad y de exclusividad absolutamente rechazados por Jesús (cf. Mc 9,39)

El diálogo de Jesús con sus discípulos refleja la situación de la comunidad para la cual Marcos escribe su evangelio. Una comunidad quizás muy consciente de lo que eran las exclusiones, pero al mismo tiempo en peligro de ser exclusivista, con una excusa quizás aparentemente sana: «ser o no ser de los nuestros», «ser o no ser del camino», «estar o no estar en el proceso...», y en fin otras talanqueras que pretendidamente intentan justificarse con la excusa de defender la «pureza» de la fe o del «credo» o del «orden» o, en definitiva, de «defender los derechos» de Dios.

Pues bien, cuando se cae en el extremo de «defender» a Dios, o los «derechos» de Dios, lo que se logra en definitiva es minimizar a Dios, ponerlo en ridículo ante el mundo, y la consecuencia más inmediata, la que previó Jesús y quizás la que ya se veía en la primera comunidad, era la del escándalo a los más pequeños. A Jesús le preocupan los «pequeños», no sólo los menores de edad, sino los que apenas empiezan a intuir la dinámica del reino con la subsiguiente imagen de Dios que él propone.

Con todo, a través de los siglos, los peligros de la comunidad primitiva se convierten en hechos reales: cuántos creyentes promotores del bien, de la justicia y de la paz excluidos o en entredicho sólo porque «no eran de los nuestros», cuántos Josués y Juanes empeñados todavía en «defender» una pretendida exclusividad que, por supuesto, nadie posee, con lo cual lo único que logran es escandalizar cada vez más a muchos, haciéndoles creer que Dios es tan pequeño, que puede reducirse a los estrechos límites de un grupo o de una institución, aunque sus adeptos se cuenten por millares.

Si logramos tomar conciencia de que Dios es más grande que un grupo o una institución y que en ningún momento nuestra vocación es la de defender unos supuestos derechos de Dios, sino simplemente servir, ponernos en función de construir el Reino con y desde las múltiples posibilidades que ello implica dada la insondable riqueza del mismo espíritu, entonces jamás se nos ocurrirá pensar si éste o aquél es o no es «de los nuestros», sino mejor... ¡como cooperar más y mejor con aquél o aquélla que tan bien están luchando por construir aquí el Reino!

 

EL BIEN, SIEMPRE ESTARÁ BIEN

Por Javier Leoz

Nunca son buenos los exclusivismos. El pensar que, todo lo bueno, está y nace de nosotros y que por el contrario lo malo anida sobre las cabezas de los demás.

1.- A los más cercanos de Jesús, les ocurría un poco eso. Comenzaban a ser un poco “creídos”. A creérselo demasiado. A pensar que, el depósito de la fe, era sólo patrimonio de su entorno, de sus manos, de sus labios. Todo lo que estaba fuera…era susceptible de ser rechazado.

La sorpresa, por cierto mayúscula, les viene de Jesús. “No se lo impidáis…El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Es la lógica de Jesús. Hay que buscar el bien en el corazón de las personas. Aceptar lo que, aparentemente nos puede parecer perdido, inservible. Y, sobre todo, no caer en la tentación de etiquetar. La etiqueta, entre otras cosas, produce exclusión, fanatismo. Y, el bien, haga quien lo haga siempre será eso: un bien. El mal, venga de donde venga, siempre tendrá el calificativo de mal.

2.- Nunca, la diferencia en el pensamiento, puede ser un muro que nos separe. Nunca, las diferentes sensibilidades (incluso dentro de la propia Iglesia) han de ser un motivo para apartar de nuestro camino y de sus iniciativas a aquellos que creemos no están en la mima línea que, nosotros, pensamos es la correcta, la adecuada, la incontestable. Entre otras cosas porque, eso, produce empobrecimiento, horizontes muy limitados.

Hay que buscar más lo que nos une que aquello que nos separa. Entre otras cosas porque, la suma de personas, de esfuerzos, de creatividad y de ideas contribuye que se haga realidad el sueño de Jesucristo: ¡Id y proclamad el Evangelio!

3.- Desde el momento en que somos cristianos nos hemos de emplear, y muy a fondo, con todas aquellas causas que –como las nuestras- contribuyan en la dignidad de las personas, que pretendan un mundo mejor, que busquen el bien de los más desfavorecidos. Eso sí, sin olvidar, que nuestra motivación no es otra que la fuerza recibida del Espíritu Santo. Una fuerza que, lejos de agotarse en cada acto realizado, se renueva constantemente, se acrecienta porque –sabemos- que Dios anda detrás de todas y cada una de nuestras actividades.

4.- Pidamos al Señor que, en cada detalle que hacemos, en cada acción pastoral, en cada palabra pronunciada, en cada iniciativa emprendida, lo hagamos en su nombre. Al fin y al cabo, será entonces, cuando el criterio de lo que emprendemos y llegamos a realizar será Jesús de Nazaret y nadie más. Y entonces, también nosotros, podremos decir que estamos del lado del Señor.

5.- ¿SOY DE LOS TUYOS, SEÑOR?

¿Pregono,  con la misma fuerza, tu  mensaje de salvación y de justicia? Sí;  Señor. A  veces creo que no soy de los tuyos Que  mis palabras, son sólo palabras mías Que  mis obras, son construcción exclusiva Que  mis iniciativas, de deben a mí ¿SOY DE LOS TUYOS,  SEÑOR? Y  es que, muchas veces Señor pienso  más en mí que en Ti Mi  corazón anda dividido y  volcado en muchos amores. A  veces, mi mirada, lejos de ser para Ti es  para aquellos que caminan a mi lado ¿SOY DE LOS TUYOS,  SEÑOR? Todo  lo que digo ¿habla de Ti, Señor? Todo  lo que hago, ¿es por Ti, Señor? Ayúdame,  Señor, hoy más que nunca a  sentirme...más tuyo. Siento  que estoy lejos Cada  día más lejos de ser tuyo Por  eso, en medio de tanta lucha, combate,  indecisión, debilidad, desánimo  o prueba…..me pregunto ¿Soy  de los tuyos, Señor? Amén.

 

¿NO SON DE LOS "NUESTROS"?

Por Antonio García-Moreno

1.- LIBERALIDAD DE DIOS.- Allá en el desierto, Israel fue testigo de mil prodigios. Uno de ellos fue el de la nube, que les servía de sombra durante el día y de luz durante la noche. A veces descendía hasta el mismo campamento y se posaba sobre la Tienda. A través de la nube el Señor manifestaba su presencia en medio del pueblo, le animaba y le protegía.

En este pasaje Dios está cerca de los ancianos que ostentaban la autoridad en el pueblo. Llevado del gran amor que tenía a los suyos, les confiere a quienes habían de regir a Israel parte del espíritu que Moisés poseía. Ante el asombro de la multitud, aquellos hombres comenzaron a profetizar, a cantar alabanzas a Dios con palabras inspiradas, con un lenguaje arrebatador.

Dios no se cansa de volcarse en mil detalles de amor, no ceja en su empeño de mostrar a Israel su fuerza, intentando así conquistar su confianza, ganarles el corazón... Empeño titánico que tiene poco resultado ente este pueblo de dura cerviz, de corazón de piedra. Como tantas veces tú, como tantas veces yo. Haber recibido innumerables pruebas de cariño y seguir dudando del amor divino. Seguir preocupado por el futuro, perdido en mil hipotéticas situaciones que quizá nunca lleguen a ser realidad. Que Dios sea nuestro Padre y que nosotros vivamos como si no lo fuera...

Aquellos dos hombres no habían asistido a la reunión junto a la Tienda de Dios. A pesar de eso, comenzaron a profetizar pues la fuerza de Yahvé también les había alcanzado. El Señor, dando muestras de su liberalidad, no quiso supeditar su don a un lugar determinado. Cuando le cuentan a Moisés lo ocurrido, Josué que le había ayudado desde siempre siente celos. No le parece bien que profeticen quienes no habían asistido a la asamblea, y pide a Moisés que se lo prohíba. Pero el caudillo del desierto no se deja llevar por aquella celotipia. Él sabe que Dios es el que da sus dones, sin mérito alguno por parte del que lo recibe. Por eso contesta magnánimo: Ojalá que todo el pueblo recibiera el espíritu de Yahvé y profetizara.

Así hemos de actuar, sin considerarnos dueños ni monopolizadores de los bienes divinos, ni únicos distribuidores de los mismos, sin acaparar nunca los dones del Espíritu. Dios da como quiere y a quien quiere. A nosotros sólo nos queda dar gracias por los bienes que recibimos, y alegrarnos de que también los demás sean objeto de la benevolencia infinita de Dios.

2.- AUNQUE NO SEA DE LOS NUESTROS.- El evangelio de este domingo, como el pasado, nos presenta, una vez más algunos defectos de los apóstoles. Defectos que con la ayuda divina fueron superando a lo largo de su vida. Ejemplo y aliento para nuestra vida personal, tan llena con frecuencia de pequeñas o grandes faltas. También nosotros las podremos superar si luchamos y pedimos con humildad la ayuda del Señor.

Juan fue, sin duda, un hombre apasionado. Por eso quizá era tan amigo de Pedro y tan querido por el Maestro, que tanto aprecia la entrega total, y tanto abomina las medias tintas. Llevado de su carácter apasionado, Juan quiso impedir a uno que no era de los suyos, que echase a los demonios en nombre de Jesús. Se creía tener la exclusiva, le molestaba que otro hiciera el bien sin ser de su grupo.

Jesús recrimina al discípulo amado su conducta. El que no está contra nosotros -le dice-, está a favor nuestro. Más tarde, también San Pablo se mostrará abierto y compresivo con quienes, sin tener siempre la debida rectitud de miras, predican el Evangelio. Con tal de que se predique a Cristo, que importa todo lo demás. Ojalá aprendamos la lección y no nos dejemos llevar por la celotipia. Que no estorbemos jamás el apostolado de los demás, simplemente porque no son de los "nuestros".

 

LA ZANCADILLA

Por José María Maruri, SJ

1.- Está tan de moda eso de ponerle a uno la zancadilla que casi se ha hecho regla normal de la vida de negocios y trabajo. Pues el evangelio de hoy es el evangelio de la zancadilla…Poner la zancadilla, porque escándalo significa precisamente eso: tratar de tirar a uno al suelo poniéndole algún impedimento en su camino.

Nadie se atreve a decir en voz alta lo que todos pensamos: que en España hay una velada –y no tan velada—persecución religiosa. A veces es claramente política, las más es sociológica. Pero si admitimos esto donde va nuestra flamante y querida democracia. Bueno pues no le llamemos persecución que suena a la guerra civil…vamos a llamarlo zancadillas.

--Zancadillas en la educación religiosa, dificultándola en todo lo que se pueda, porque, en realidad, no interesa que la juventud tenga principios morales firmes.

--Zancadillas con las leyes del aborto –la de antes o la que se espera ahora—por las que se pone a la libre disposición de una madre la vida de su hijo…Sin caer en la cuenta que luego de un saltito lleguemos a la ley de eutanasia, el hijo que se haya salvado de la sentencia de muerte dictada por su madre será el que dicte sentencia de muerte para la madre. Todo muy romántico, poético y sobre todo democrático

Persecución no, por Dios, zancadillas todas las que se quieran

Estas son las primeras zancadillas de las que habla Jesús y su terrible sentencia inapelable y que se cumplirá porque no es democrática sino absolutista, pues depende de un solo Dios. Y hace temblar. Pues que algunos vayan aprendiendo a nadar porque va a ser Dios mismo el que los arroje con piedra al cuello y todo.

2.- Pero el Señor habla de otras zancadillas, de las que vienen de dentro, de dentro de cada uno de nosotros y de entre nosotros hacia fuera. Aquello de cortar o sacar cosas tan queridas como una mano, un pie o un ojo, hace sin duda referencia a la radicalidad de nuestra fe, de una fe puesta en peligro, una fe a punto de caer por una zancadilla

Lo que empuja para hacer caer puede ser la tentación de una mordida, de la corrupción, del vicio de la adicción al alcohol o a la droga, un afecto fuertemente agarrado al corazón hacia un hombre o una mujer perdida.

Córtalo, arráncalo, porque no es digno del Reino de Dios el que pone la mano en el arado y vuelve la mirada atrás… Que no es fácil, que es doloroso, que habrá que hacer sufrir a alguien, sí…No se arranca la mano, el pie o el ojo sin dolor, si nos compadecemos de la gangrena y no cortamos a tiempo dispongámonos a perder la vida.

3.- Esta es la primera piedra de molino que nos ponemos cada uno al cuello. Pero hay otras muchas piedras de molino que nos servirían para engarzar un largo collar alrededor de nuestro cuello.

--Cuando alardeando de fe no somos mejores que los que no la tienen y tal vez nos miran anhelando una luz que guíe su paso y no encuentran más que tiniebla.

 

--Cuando en un mundo lleno de gravísimos problemas non enzarzamos en pequeñeces como que si comulgar en la mano o en la boca, que si los jesuitas, que si el Opus, que si los obispos, que si los curas vascos, que si los catalanes, con tanto ping-pong el que se estará frotando las manos el pobre diablo.

--Cuando marido o mujer es rémora para que el otro cumpla con sus deberes religiosos y, cuánto más, cuando no son los padres los que dan ejemplo de religiosidad a los hijos pequeños-

Señores y señoras, tomemos clases de buceo porque me veo en el mar bajo un buen montón de piedras de molino.

Se me olvidaba. Hay otro escándalo mucho mayor y es el que ya no nos escandalizamos de nada. Todo nos da igual. Nos quedamos inactivos ante los desfalcos de los bancos, la corrupción de los gobiernos, los mendigos tirados en las calles sin que los ayuntamientos hagan nada por ellos, los gamberros que rompen cristales o queman coches, los traficantes de drogas a la vista de todos, la indefensión callejera. Ya no nos conmueve nada, ¿nos habremos convertido en piedras de molino, frías, inconmovibles?

 

DEJEMOS A CRISTO SER CATÓLICO, ES DECIR, UNIVERSAL

Por Gabriel González del Estal

1.- El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Decir hoy día que sólo pueden salvarse los que han sido bautizados dentro de la Iglesia católica, me parece una afirmación literalmente inaceptable. Es decir, afirmar que se condenan todas las personas que no están bautizadas con el bautismo católico es afirmar algo hoy día contrario a la sensibilidad cristiana. La afirmación de “extra Ecclesiam nulla salus”, fuera de la Iglesia Católica no hay salvación, pudo ser verdadera en otras circunstancias religiosas y en otros contextos históricos, como ocurrió en el caso de San Agustín, pero aplicarla hoy día, sin más, a nuestra situación actual me parece inoportuno y contraproducente. Más de dos terceras partes de la humanidad no está bautizada con el bautismo católico y dentro de esas más de dos terceras partes no católicas hay personas moralmente extraordinarias y ejemplares. Ser cristiano, fundamentalmente, es vivir según el espíritu de Cristo y hay muchísimas personas que, sin culpa alguna suya, no han sido bautizadas dentro de la Iglesia católica y, sin embargo, viven piadosamente el espíritu evangélico de las bienaventuranzas cristianas. Son los que, desde hace ya mucho tiempo, han sido llamados cristianos anónimos, es decir, personas que viven según el espíritu de Cristo, aun cuando no han conocido concretamente al Cristo de los evangelios. A estos cristianos anónimos Cristo los consideraría de los nuestros, aun cuando algunos de sus discípulos se empeñaran en no dejarles formar parte de su comunidad. ¿A qué viene ahora todo esto? Pues, a eso, a darle la razón a Cristo cuando, en el evangelio de hoy, le dijo a Juan que dejara tranquilo a aquel que se atrevía a echar demonios en nombre de Cristo, sin pertenecer a la comunidad de discípulos de Cristo. Cristo quiere ser de todos, de toda persona de buena voluntad, aunque oficialmente no pertenezca a la comunidad católica. Dejemos a Cristo ser católico de verdad, es decir, universal y alegrémonos de que esto sea así.

2.- Si tu mano te hace caer, córtatela; si tu pie te hace caer, córtatelo; si tu ojo te hace caer, sácatelo. No necesitamos entender estas frases literalmente para darnos cuenta del gran significado que encierran. El evangelio de Jesús es radical, porque va directamente a la raíz de las cosas y no se anda por las ramas. La raíz de nuestros tropiezos morales y de nuestros pecados capitales está dentro de nosotros mismos y mientras no sanemos nuestra raíz interior seguiremos cometiendo los mismos deslices y los mismos pecados. Tenemos que ir directamente a la raíz y sanar nuestras concupiscencias y nuestras ambiciones inmorales, si queremos que nuestra vida cristiana sea honesta y digna. Cristo quiere que seamos radicales, es decir, que eliminemos directamente la raíz y las causas de nuestros pecados; ya decían los filósofos antiguos que “quitada la causa, desaparecen los efectos”.

3.- ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor! También aquí Moisés le dice a Josué algo muy parecido a lo que dijo Jesús a sus discípulos. Eldad y Medad tenían el espíritu del Señor, pero no pertenecían al grupo de los setenta ancianos a los que Moisés había dado algo del espíritu que poseía. Moisés no quiere sólo para sí y para los setenta ancianos el espíritu de profecía; ¡ojalá que todo el pueblo fuera profeta! También aquí, en este caso, Moisés es católico, es decir universal, en su deseo de que Dios reine en todos los corazones que tienen el espíritu del Señor, estén dentro o fuera de su comunidad. No seamos nosotros celosos, como Josué, de unos privilegios y dones que Dios da a los que poseen su espíritu, aunque sean de una religión, pueblo o raza distinta de la nuestra.

4.- El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros. ¡Qué bien nos vendría en estos tiempos de crisis un profeta como el apóstol Santiago que se atreviera a gritar contra los corruptos y especuladores! El verdadero cristiano debe luchar siempre contra la injusticia social y llamar corruptos los corruptos, sin paños calientes. Empecemos por nosotros mismos, dando ejemplo de austeridad personal y generosidad comunitaria, estando siempre a favor de los que más nos necesitan. Cristo así lo hizo y así lo predicó.

 

SUMAR SIEMPRE

Por Pedro Juan Díaz

1.- Continuamos leyendo el evangelio por donde lo dejamos la semana pasada. Jesús está en Cafarnaúm, en una casa, con sus discípulos. Les ha llamada la atención por buscar los primeros puestos y los ha instruido sobre el servicio y la humildad, poniendo a un niño en medio de ellos como ejemplo. Ahora continúa enseñándoles, diciéndoles que en su Reino no hay lugares reservados, que toda persona que, en su nombre, haga las obras que él hace, es contado entre sus discípulos. Y también que el que sea ocasión de escándalo será excluido.

2.- Todo esto viene porque Juan se ha acercado a Jesús a decirle que hay uno que no es del grupo y que está haciendo milagros, que usa el nombre de Jesús y tiene éxito. Pero como no es del grupo, se lo quieren impedir. Sin embargo, Jesús les dice que no, que todo el que haga el bien está con ellos, aunque no sean del grupo, que los que hacen el bien son amigos, aunque no sean “de los nuestros”. Jesús quiere que sean capaces de reconocer la presencia y la acción de Dios en toda persona que se entrega para hacer el bien a los demás, porque el Espíritu es libre, no es propiedad de ningún grupo, ni de ninguna estructura, y actúa más allá de nuestros esquemas, incluso más allá de la Iglesia, y siembra la semilla de Dios en los corazones de personas a las que nosotros no podemos llegar. Todo aquel que no sea adversario, es amigo, y la consigna es “sumar siempre”.

3.- Algo parecido ocurre en la primera lectura. Moisés, cansado de llevar el peso de un pueblo que sufre hambre en el desierto y se queja, recibe de Dios una respuesta. Le manda construir una asamblea de ancianos sobre la que derramará el mismo Espíritu que él posee y serán capaces de revelar lo que Dios quiere del pueblo. Pero hay dos que, cuando eso ocurre, no están. Sin embargo, reciben el Espíritu igual. Y ante las protestas de uno del pueblo, Moisés aboga por la libertad del Espíritu, que se derrama donde quiere, y por la capacidad de profetizar, como criterio que garantice la posesión de ese Espíritu. Por eso dice: “¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!”.

4.- Volviendo al evangelio, Jesús continúa enseñando a sus discípulos a valorar cualquier pequeño gesto, aunque sea un vaso de agua, que se haga en su nombre o por su causa. Esa persona es parte de la misión, es “uno más” en la tarea. Al final, Jesús termina diciendo que llevemos cuidado con escandalizar a los pequeños, con corromper a los que son débiles en la fe. Y lo hace con un lenguaje duro, con hipérboles exageradas, para que nos sean difíciles de olvidar, lo cual quiere decir que es algo muy importante que Jesús quiere remarcar.

5.- Con esa misma dureza habla el Apóstol Santiago en la segunda lectura, denunciando a los ricos que se han hecho con riquezas a costa de los pobres, y con formulaciones que no habría que cambiar mucho para que describan situaciones injustas que conocemos en la actualidad: “Vuestra riqueza está corrompida… vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados… y son un testimonio contra vosotros… El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros… condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste”. La corrupción, la avaricia, el egoísmo, el excesivo apego a lo material, el vivir por encima de las posibilidades, el querer tener más a cualquier precio… Todo esto y mucho más han generado las grandes desigualdades sociales que vemos hoy en día, desigualdades que padecen los más pobres. Pero el clamor de los que sufren las injusticias de este mundo ha llegado hasta el Señor, que va a tomar partido por ellos, frente a los ricos.

6.- A veces el evangelio usa palabras duras para sacarnos de nuestro aletargamiento y ponernos en acción. Es hora de dejarnos transformar por esta Palabra para hacer un mundo mejor para todos. Que la Eucaristía que estamos celebrando sea fuerza y aliento para ello.

 

TODOS A UNA POR UN MUNDO MEJOR

Por José María Martín OSA

1.- No hay que impedir el anuncio de la Palabra de Dios. En el Libro de los Números los celos de Josué anticipan la misma actitud de los discípulos de Jesús en el evangelio de hoy frente al exorcista que arrojaba demonios sin ser de su grupo. La respuesta de Moisés nos hace pensar de inmediato en la de Jesús a la pregunta de Juan. La gran tentación de la autoridad religiosa ha sido siempre monopolizar el espíritu, pero el espíritu se comunica a quien quiere y como quiere. Los que mandan no deberían estar celosos, de que el pueblo profetice alguna vez; más bien debiera tomar nota de lo que dice Pablo a los obispos: "No apaguéis el Espíritu”. Dios habla también a través del pueblo y de los signos de los tiempos, como decía el Vaticano II. Da la impresión de que la Iglesia debería estar más atenta al sentir del pueblo de Dios.

2.- No hay que impedir la construcción del Reino. Jesús había enviado a sus discípulos a predicar el evangelio del Reino de Dios por tierras de Galilea. Ahora, que ya han regresado, cuentan a su Maestro lo que les ha sucedido en esta primera experiencia misionera. Juan quiere hacerle una pregunta sobre el modo como se habían comportado con un exorcista, a quien le habían prohibido arrojar demonios en nombre de Jesús porque no era del grupo. Aunque Jesús no reprueba abiertamente esta conducta, pues sabe que no había en ello mala voluntad, aprovecha la ocasión para enseñarles qué deben hacer en adelante en casos parecidos. Aquí dice a sus discípulos: "El que no está contra nosotros está a favor nuestro". Sin embargo, en el evangelio de San Mateo encontramos la otra sentencia: "el que no está conmigo, está contra mí”. Parece una contradicción. Hay que tener en cuenta que esta segunda sentencia está en un contexto en el que se habla de la batalla decisiva contra Satanás, el espíritu del mal. Es claro que en este caso no cabe la neutralidad, pues se trata de dos enemigos irreconciliables y de una guerra que a todos nos concierne personalmente. También el exorcista que echa los demonios en nombre de Jesús está con Jesús y contra Satanás, aunque no sea oficialmente discípulo de Jesús. Está colaborando a la construcción del Reino.

3.- Muchas personas, aun sin tener fe, quieren construir un mundo mejor. Jesús anuncia el establecimiento del reino de Dios, basado en la justicia y la paz. Este deseo no es algo exclusivo del cristianismo. Jesús pronuncia su sentencia contra todo tipo de partidismo. Contra la intolerancia que sólo permite el reconocimiento a aquellos que se inscriben oficialmente en la Iglesia, Jesús afirma que la autoridad debe caracterizarse por una amplitud de espíritu, por un saber estar por encima de las ideologías de grupo; debe estar abierta a todos los hombres que defienden una causa justa, aunque no sean cristianos; excluye la cerrazón ortodoxa, el sectarismo, la retirada al ghetto, la mirada introvertida... También en nuestros días hay muchos hombres que exorcizan el mal y la injusticia de nuestra sociedad y, con todo, no son expresamente cristianos, éstos son de los nuestros aunque no sean "de los nuestros", pues es claro que no están contra nosotros. Son, en cierto modo, “cristianos anónimos”. Colaboremos “todos a una” en la construcción del Reino. Unamos fuerzas y el objetivo se conseguirá más pronto y mejor.

4.- No escandalicemos con nuestro mal ejemplo o nuestra intolerancia. Como en Mateo, también aquí se recoge una palabra en favor de los "pequeños" que creen en Jesús. Poco estimados, más ignorantes o débiles en la fe, jamás hay que hacerles tropezar (escandalizar). Estos pequeños pueden ser en la comunidad los que necesiten ser ayudados con cariño y paciencia para poder evolucionar sin desconcertar su fe. Pero también los que sufren la tentación de abandonar la Iglesia por la lentitud de ésta en renovarse. Todo el que se hace discípulo de Jesús y aún no ha llegado a una fe adulta es "pequeñuelo". Y el que aparta de su camino a uno de estos pequeñuelos es un homicida, ya que les impide llegar a la verdadera vida. "Escándalo" es la piedra que nos hace tropezar, el impedimento que se encuentra en el camino.

 

EL MAL –Y EL MALO—EXISTE

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Si hemos escuchado con atención las lecturas de hoy nos habremos dado cuenta que las tres son especialmente radicales. La primera lectura, del Libro de los Reyes, habla de cómo Dios se sirve de todos sus hijos para anunciar su palabra. Dos de los que no estaban en la lista previa trazada por Moisés también profetizaban. En el Evangelio Jesús de Nazaret lo va a decir claramente: “quien no está en contra está a favor”. Es un canto al ecumenismo y una descalificación de la tendencia muy humana a las listas cerradas, a establecer diferencias entre los nuestros y los otros. A su vez, el apóstol Santiago va a profetizar con la fuerza de los antiguos profetas clamando contra los ricos y los empresarios estafadores. ¿No es oportuno ese grito en unos tiempos es que muchos, al menos en España, abusan de los inmigrantes y mucho más si no tienen “papeles”, si son ilegales? La radicalidad de hoy de estas lecturas está en ofrecer lo verdadero y lo justo, lo que ocurre es que nosotros, en estos tiempos, nos hemos acostumbrado a la exclusividad del grupo propio y a la injusticia.

2.- El Apóstol Santiago nos está hablando a lo largo de su carta de no quiere la fe sin obras. Hemos estado leyendo esta carta en las últimas semanas y en los últimos párrafos de su Carta –los de este domingo-- condena toda clase de opresión. Va reclamar los salarios de los trabajadores frente a los desmanes de los ricos. Como puede verse estamos siempre en el mismo sitio. La acumulación de riquezas lleva al abuso. Es ese amor cristiano lo que tiene que impedirnos que abusemos de nuestros hermanos. Hay un impresionante mensaje de concordia social en el Evangelio. El amor al prójimo impide la injusticia, pero también el engaño, la mentira y el escándalo. La dureza de las palabras de Santiago responde a la crueldad y dureza de los delitos de quienes al tener el poder abusan de los más débiles. Como decía antes profetiza con la fuerza y la rotundidad de muchos profetas del Antiguo Testamento.

3.- San Marcos nos ha narrado este domingo el episodio del escándalo y de la piedra de molino. Es obvio, entonces, Jesús no se refiere a los "otros que hablan bien de Él". Se está refiriendo a los que producen escándalo e incitan al mal mediante engaño. Y en esto tenemos que ser radicales nosotros también. El Mal existe y uno de sus caminos es la confusión de las ideas y de los propósitos. Retirar la paz de los espíritus y producir fenómenos de intranquilidad permanente es uno de sus objetivos. El escándalo trae la didáctica del pecado y la falta de paz. Es un camino para permanecer siempre en situación pecaminosa. El escándalo –la enseñanza del Mal—es una de las cuestiones más graves a las que se enfrenta el ser humano. Y parece que en nuestros días está muy de moda. En las radios, en las televisiones, en las conversaciones corrientes se justifica y se promociona el mal: el adulterio, la falta de honradez, la explotación económica, el abuso de los más débiles. Cada día, cada hora, muchas buenas conciencias son torcidas por los malos ejemplos.

4.- Pero hemos de volver al ecumenismo, al seguimiento de la frase de Cristo de que “quien no está contra mí, está conmigo”. El enfrentamiento pertinaz entre los que se llaman discípulos de Cristo no cesa. No hay una comunicación efectiva entre las Iglesias. Por ejemplo, debe admirarse la labor admirable de la Iglesia Evangélica española realizada entre el numeroso pueblo gitano de España. No sólo les ha llevado la palabra de Cristo, si no que está luchando con ahínco en sacar a muchos miembros de dicho pueblo de la droga, de la terrible heroína. Pero, sin embargo, suele ejercitar una crítica muy dura, demasiado dura –muy disolvente—contra la Iglesia católica. A su vez, y en términos generales, la Conferencia Episcopal española “pasa” de los Evangélicos y, también, de otros grupos cristianos. Lo curioso, tremendo y trágico es que cuando los grupos radicales islamistas se manifiestan contra los cristianos, a quienes llaman cruzados, no diferencian entre católicos, evangelistas, anglicanos, metodistas, etc.

5.- Pero planteado, sin embargo, un camino de verdad y justicia, y volviendo a algunos grupos o creencias, no hay más remedio que exponer nuestra más radical repulsa a ciertas creencias que agobian a sus seguidores, con excesivas obligaciones económicas. O ejerciendo la tiranía “ideológica mediante la “predicación” de situaciones no comprobables, como el fin del mundo y otras situaciones que, de una forma u otra, están menoscabando la libertad personal. Hay un mensaje de profundo pesimismo en esa búsqueda irreal de fechas no confirmadas para una profecía escatológica. No es ese el camino. Uno puede estar escudriñando la Escritura todo el día, pero fomenta la tristeza a los hermanos no le servirá de nada. Quien tenga el espíritu tranquilo y la alcuza de aceite llena le importará muy poco la fecha final. Hay que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. La felicidad de nuestros hermanos es fundamental y, también, su paz. Y que nadie se engañe: la proximidad de Jesús produce amor, paz y sosiego. Quien no tiene ese talante marcha --seguro-- por el camino equivocado.

6.- El Espíritu Santo va por donde quiere y no es patrimonio, ni exclusiva de nadie. Hemos de estar abiertos a recibirles y, también, a escuchar a todos, pues no sabemos quien nos puede enseñar algo que nos haga falta. Pero nuestra obligación es también discernir quienes son los falsos profetas, que los hay. Solo la humildad personal y colectiva, el amor al prójimo y la total rectitud de conciencia nos puede llevar a saber quien nos trae la verdad y quien nos ofrece el engaño.

 

PROSELITISMO SECTARIO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El texto evangélico que se lee en la misa del presente domingo, mis queridos jóvenes lectores, tiene dos partes de contenido diferenciado. En primer lugar, se condena la envidia colectiva, de manera semejante a lo que se lee en el párrafo del libro de los Números. Uno corresponde a la época de Moisés, el otro a la apostólica. Mi comentario lo redactaré desde esta última.

2.- A veces tenemos la idea de que únicamente el grupito de los doce formaba la elite exclusiva de los seguidores de Jesús. En la lectura completa de los cuatro evangelistas aparecen otras personas que le aprecian y especialmente en el momento culminante de la muerte del Señor, no son precisamente discípulos los que se arriesgan a presentarse ante la autoridad para rescatar su cadáver y darle digna sepultura. Su familia, que en el momento en que se habla de que el Maestro está desequilibrado, acude para llevárselo y protegerlo, es otro ejemplo. Algunos de los discípulos del Bautista, ídem de ídem…

Los doce pretendían poseer el monopolio y denuncian que gente que no es de los suyos, obren de acuerdo con las enseñanzas y poderes que Jesús había otorgado con liberalidad. No aceptaban que quien no pertenecía al grupo pudiera hacer el bien. El Maestro no solo les recrimina su proceder, sino que concede categoría a aquellos que en su nombre, aunque sean desconocidos, siguen sus enseñanzas. El que no está contra nosotros, está a favor nuestro, dice.

3.- Que hoy en día, el mundo occidental sufra grave decadencia, cultural, espiritual y religiosa, es evidente. La vaciedad dominical de muchas de nuestras iglesias lo patentiza. De idéntica manera, ciertos conjuntos de personas dan pública prueba de su adhesión a la Iglesia. Asistencia a misa, recepción habitual de los sacramentos, preocupación por escoger con esmero el centro escolar donde recibirán los hijos formación cristiana, son buenos ejemplos. Lo malo es que con frecuencia se creen únicos poseedores de la verdad, de los métodos y de las vivencias cristianos. Y van por el mundo, no predicando los valores y esperanzas del Reino y la cariñosa paternidad de la Santa Madre Iglesia, sino las excelencias de sus encuentros, de su grupo, o las virtudes de su fundador o líder. Recuerdo que hace años, vinieron por mi casa a uno de los encuentros que nos reunía, encuentros de búsqueda y amistad de orientación cristiana los llamamos, y, en vez de interesarse por nuestras inquietudes y ensueños, solapadamente, sentenciaban que lo nuestro era diarrea mental, pura verborrea, liturgia de bella estética espiritual. Que debían irse con ellos, cuyas actividades sí que tenían categoría. Nada consiguieron. Ni pesca, ni mejoramiento de los presentes.

4.- Os escribía en singular, mis queridos jóvenes lectores, pero mientras lo hacía, he ido recordando que fueron varias las ocasiones que esto ocurrió. Pienso también en un compañero de bachillerato, que desde tierras asiáticas, me enviaba una postal comunicándome que vivía entregado a propagar y captar personas para su institución, que no niego, era buena. Me limité a decirle: pues yo me he quedado aquí, tratando de dar a conocer el mensaje de Jesús, a su Iglesia y a enriquecer con su Gracia. Lo he dicho muchas veces: más que la división de los cristianos, me preocupa la fragmentación y rivalidad entre los católicos.

5.- Segundo tema. Importante siempre, pero de gran actualidad periodística. La gravedad de la corrupción de los menores. Cuando yo era pequeño, en época de preparación a mi primera confesión, insistían aquellos buenos Hermanos Maristas, en la importancia y maldad del escándalo a los menores. Recuerdo que le daba vueltas y más vueltas a mi memoria, preocupado, sin encontrar que hubiera cometido un tal pecado. Imaginaba que se refería a enseñar a robar, a mentir o a blasfemar. Por más que pensaba no recordaba haber caído. Habría cumplido poco más de 20 años, cuando, sorprendido, descubrí que existía la tristemente llamada pederastia. Confieso que si no fuera por estudios y confidencias, nunca hubiera imaginado que existiera. Ahora lo sé y reconozco la importancia, malicia y repugnancia de este proceder.

6.- Al leer el evangelio me doy cuenta de que ya en tiempos de Jesús existía tal execrable conducta y recibimos la advertencia de que se debía de huir de este pecado, condenándolo con expresiones muy entendederas para los oyentes directos. En Cafarnaúm y en otros lugares de aquellas tierras, he visto ruedas de molino de diferente diseño, siempre muy grandes, y he entendido mejor la enorme condena que del pecado de enseñar el mal, de hacer el mal, de ensuciar malignamente, a un niño, él o ella, hace el Maestro.

7.- Pese a que el acento del texto se pone en la pederastia, no se olvida Jesús de condena el mal proceder con cualquier persona, aunque sea un adulto, empleando expresiones de tinte totalmente semítico, cortarse el brazo, arrancarse el ojo, extirparse la pierna, no es lo que desea el Señor que hagamos. Pero sí que sepamos prescindir de su radical utilización para hacer el mal.

8.- Somos cuerpo y corporalmente debemos hacer el bien y excluir el mal. San Pablo añadirá: glorificad a Dios con vuestro cuerpo (I Cor 6,20). La mano de la Hermana que en el Cottolengo cuida a una criatura, la del voluntario o voluntaria, que viste, juega o se preocupa por el discapacitado. Cualquiera que apoyado en estas maravillosas instituciones que enriquecen a la Iglesia, obra con misericordia, es su mejor adorno. Siempre menciono el Cottolengo, porque es la institución que cada año me invita a colaborar, celebrando con ellos la Eucaristía.

9.- Volviendo a San Pablo, os confieso, mis queridos jóvenes lectores, que cuando veo por TV un espectáculo de ballet bien ejecutado, me siento trasportado a realidades eternas y lloro de emoción. Aquellos artistas que desafían la rigidez y la gravedad, moviéndose elegantemente de acuerdo con la composición musical, me recuerdan que el Señor me guarda una felicidad suprema, de la que el ballet, para mí, es sólo una parábola, si ahora le soy fiel.