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25º DOMINGO ORDINARIO (B)

Comentario al evangelio: Marcos 9, 30-37

“No entendían aquello”

Nosotros tampoco entendemos el misterio del dolor de tantos inocentes, sen­tenciados a muerte por la maldad humana. Menos se entiende la con­dena a muerte en cruz de Jesús de Nazaret. Sin la ayuda del Espíritu san­to, a veces incluso con su ayuda insistentemente pedida en la oración de una madre desesperada, no tenemos respuesta ante una dolorosa rea­li­dad.

Estamos acostumbrados a ver la representación de Jesús en cruz con tan­ta frecuencia que no asociamos a los que siguen crucificados entre nosotros. El don de lágrimas ante el Crucificado y la misericordia con los que continúan en cruz, es una fecunda gracia de Dios con la que se riegan los mejores proyectos del Reinado de Dios.

Sobre el Calvario, después de las tinieblas del viernes, amanece una luz pa­ra los cristianos. Jesús, a sabiendas de Dios Padre, aceptó la muerte en cruz. Seguimos sin entenderlo, pero este hecho nos estimula en nuestros trabajos para bajar de la cruz a los crucificados actuales.

“Lo mataran y después de muerto, a los tres días resucitará”

El sol que se oscureció el viernes santo, alcanza su zenit el día de Pascua. Es­ta es nuestra fe en la que nos apoyamos y con ella subimos las muchas cues­tas de tantos calvarios.

Jesús se transfiguró durante su vida mortal para mostrar el resplandor de su gloria. También en medio de nuestras tribulaciones, aparecen anticipos del cielo que nos entrenan para el final glorioso.

Las experiencias de felicidad o de plenitud nos abren los ojos del espíritu, amplían horizontes, nos hacen críticos positivamente y refuerzan el com­promiso para ayudar y cambiar el mundo.

En vida o después de la muerte, la Resurrección de Jesús es una luz que o­fre­ce al creyente el sentido total de Dios y del hombre. También clarifica los misterios de Dios y del hombre, hasta cierto punto, aunque no del to­do. Cuando alcancemos la meta del camino, junto al Señor Resucitado, ve­re­mos la verdad sin velos.                                                                                                                                      Llorenç Tous

“Dios en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida”. Carta Apos­tólica de S.S. Benedicto XVI. Porta Fidei, nº 6.